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La consolidación de un sendero de desinflación —con el reciente índice de junio marcando un 1,9% mensual— reavivó un debate técnico crucial para la economía en genera y para el planeamiento financiero-corporativo en particular.
En un mercado que viene de registrar retornos en moneda dura por la vía del carry trade con bonos CER y duales, la gran pregunta que se hacen las tesorerías es si el tipo de cambio marcha hacia un congelamiento absoluto o hacia una administración controlada de su velocidad.
La dinámica reciente aporta una primera pista: lejos de estar estancado, el dólar mayorista acumula una suba cercana al 6,3% desde mediados de mayo. Esta corrección gradual expuso un sutil pero firme cambio en el manejo de las expectativas cambiarias.
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) parece no perseguir un tipo de cambio fijo e inamovible, sino que busca atenuar los picos de volatilidad extrema.
Para lograrlo, utiliza herramientas de mercado específicas que operan como “amortiguadores de velocidad”, evitando que los deslizamientos del peso generen un salto brusco en las expectativas inflacionarias y se trasladen de inmediato a las góndolas.
Mientras otras lecturas y visiones de especialistas sugieren que el Gobierno apunta a un plan de “dólar planchado” o congelamiento estático con un techo rígido de $1.500 para pulverizar la inflación de cara a las legislativas de 2026 y presidenciales de 2027, el análisis de la operatoria diaria indica un panorama mucho más flexible y quirúrgico.
Para algunos economistas, no se está buscan defender una cotización artificial a cualquier precio, sino evitar movimientos desordenados en el mercado de contado.
La trastienda oficial: “Manejar la velocidad” y no pisar el dólar
Los analistas de la City coinciden en que la estrategia oficial dista de ser un anclaje rígido. Diego Piccardo, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso, en diálogo con El Cronista, señaló que: “El Gobierno, naturalmente, busca que el tipo de cambio tenga la menor volatilidad posible, pero eso no implica que pretenda mantenerlo fijo o evitar cualquier depreciación del peso”.
Para Piccardo, las intervenciones mediante instrumentos de cobertura cambiaria confirman esta postura y revelan que la prioridad sigue estando en la salud del balance del BCRA.
“Si bien el BCRA intervino mediante la venta de títulos dollar linked para moderar episodios de volatilidad, no se observa una estrategia orientada a defender un nivel puntual, como podrían ser los $1.500. En este contexto, frente al fortalecimiento global del dólar, el Gobierno parece dispuesto a aceptar una depreciación del peso siempre que ocurra de manera ordenada y sin generar un traslado significativo a precios", dijo.
Al mismo tiempo, recordó que el BCRA continúa comprando divisas “aun en un contexto de mayor presión alcista sobre el tipo de cambio, lo que refuerza la idea de que la prioridad sigue siendo la acumulación de reservas dentro del régimen cambiario vigente y no el sostenimiento artificial de una cotización específica”.
“En ese sentido, más que apostar a un ‘dólar planchado’ de cara a 2027, la estrategia parece consistir en preservar la estabilidad cambiaria permitiendo acompañar la depreciación del peso en línea con el resto de las monedas emergentes”, explicó.
En la misma sintonía, Christian Buteler, presidente de la Consultora BSF, en diálogo con El Cronista, remarcó que el equipo económico parece priorizar un poco más el frente productivo y de reservas ante un escenario de bajo consumo.
“Yo creo que el gobierno no ve con malos ojos que se mueva un poco, ganar competitividad y ayudar un poco a los sectores que son los más perjudicados con un dólar tan bajo, con una actividad interna que no está traccionando”, dijo.
Buteler explicó que la clave radica en dosificar la velocidad del movimiento y alertó sobre los riesgos de forzar un atraso cambiario artificial de largo aliento: “El problema no es que se acomode más para arriba, sino que lo haga de manera tal que impacte en los precios de la economía. Sí ha salido a amortiguar esa velocidad porque en junio habías tenido una subida del 5 por ciento que después tiene ese impacto en los precios”.
“No creo que la idea sea pisarlo de acá a 2027 para mostrar que se controló. Porque el costo de un dólar tan bajo mientras los otros precios siguen subiendo puede llegar a ser mayor”, concluyó.
Radiografía de los amortiguadores: ¿Qué son y cómo funcionan los Futuros y los Dollar Linked?
Para dosificar el ritmo de la devaluación sin tener que sacrificar reservas líquidas en el mercado de contado, la autoridad monetaria apela a dos herramientas estrella que operan como reguladores de presión.
“El tipo de cambio lo intentás controlar con distintas herramientas de política monetaria. La más básica es la suba de Tasas. Luego está la venta de dólar futuro, bonos dollar-linked. El encaje es otro. El Banco Central tiene una regla para vender dólares, que el Tesoro no tiene. De hecho, el año pasado lo hizo, no creo que ahora lo haga, no me parece que sea necesario hacerlo” explicó Buteler.
Los Contratos de Futuros, por ejemplo, son compromisos bilaterales para comprar o vender dólares a un precio predeterminado en una fecha futura. El BCRA interviene principalmente vendiendo estos contratos. Cuando el mercado corporativo percibe tensiones cambiarias, la demanda de cobertura se dispara y las tasas implícitas de los futuros suben, alimentando la expectativa de una devaluación inminente.
Al vender futuros de forma selectiva, el BCRA presiona esas tasas a la baja y modera las expectativas de depreciación. Como estos contratos se compensan diariamente en pesos por diferencia de cotización, la intervención le permite al Central calmar la plaza de derivados sin gastar un solo dólar de sus reservas de caja de forma inmediata.
En cambio, los “Dolar-linked” son bonos del Tesoro emitidos y pagaderos en pesos, pero cuyo capital se reajusta de acuerdo con la evolución del tipo de cambio oficial. Al subastar estos instrumentos, el Gobierno ofrece a los importadores, empresas y grandes inversores corporativos un “seguro de cambio” formal y de alta liquidez.
Esto desarticula la necesidad de que estos grandes jugadores salgan a comprar divisas físicas en el mercado paralelo (MEP o CCL) para proteger sus balances. Así, el instrumento absorbe la liquidez excedente en pesos de las tesorerías y quita presión directa sobre el mercado de contado.
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