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Durante las últimas semanas, los mercados agrícolas apostaban a que Estados Unidos tendría una cosecha mucho peor de la prevista y los fondos especulativos compraron posiciones en soja y maíz, pero el viernes llegó la respuesta distinta del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA).
Impulsados por el deterioro de los cultivos y por las estimaciones del tradicional Pro Farmer Crop Tour, que anticipaban una fuerte caída de la producción, muchos hicieron apuestas y, por ahora, el resultado es de negtivo.
El organismo confirmó un recorte en la producción de maíz, el ajuste fue mucho menor al descontado por los operadores. En soja, incluso, elevó su estimación de cosecha.
El resultado fue inmediato y la oleaginosa perdió parte del impulso alcista acumulado durante las semanas previas, mientras que el maíz logró sostener una perspectiva más firme gracias a un balance mundial todavía ajustado.
Para Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, el mercado simplemente había incorporado un escenario demasiado optimista.
“El mercado había incorporado en los precios una caída de la oferta norteamericana mucho más fuerte de la que finalmente confirmó el USDA. En maíz, de todas formas, la producción queda muy por debajo del año pasado y eso implica que, para evitar una caída importante de stocks, vamos a necesitar precios más altos”, explicó.
El maíz sigue encontrando fundamentos
El USDA redujo la producción de maíz estadounidense en 5,4 millones de toneladas, hasta 401,3 millones, muy lejos del recorte cercano a 16 millones de toneladas que había proyectado el Pro Farmer Crop Tour.
Además, los stocks finales quedaron en 39,8 millones de toneladas, por encima de lo que esperaba el mercado.
Sin embargo, la comparación con el ciclo anterior sigue mostrando un mercado mucho más ajustado: la producción cae alrededor de 30 millones de toneladas y los stocks finales disminuyen en 12,5 millones.
A nivel global, el USDA también redujo los stocks finales de maíz para la campaña 2026/27 hasta 272,1 millones de toneladas, casi 30 millones menos que un año atrás. Ese escenario explica por qué, pese a la decepción inicial del mercado, el cereal mantiene fundamentos relativamente sólidos.
“El dato del USDA es bajista en el corto plazo porque la reducción de producción fue menor a la que el mercado tenía incorporada, pero el balance mundial sigue siendo más ajustado que el año pasado. Por eso, el mercado necesita precios que permitan administrar la demanda”, señaló Romano.
Los productores argentinos aprovecharon el momento
Ese contexto internacional encontró una rápida respuesta en Argentina.
Según el informe de la Universidad Austral, el ritmo de negocios de maíz con precio alcanzó 1,4 millones de toneladas al 10 de septiembre, prácticamente el doble del promedio habitual para esta época del año. En total, ya se comercializó con precio el 57% de la producción, frente al 42% registrado en igual momento del ciclo anterior y por encima del promedio histórico.
Además, la demanda externa sigue siendo muy dinámica. Las exportaciones argentinas de maíz podrían alcanzar un récord de 10 millones de toneladas entre agosto y septiembre, muy por encima de las tres millones habituales, impulsadas por la demanda del norte de África ante los problemas logísticos derivados de la guerra en Ucrania y la menor producción europea.
“Los buenos precios están haciendo que el productor argentino sea mucho más activo con el maíz que con la soja a la hora de fijar precio. Hay una oportunidad concreta que se está aprovechando y eso se refleja en el ritmo de ventas”, sostuvo Romano.
La soja perdió parte del impulso

El mercado llegaba al informe del USDA con una fuerte expectativa alcista. Los fondos especulativos habían incrementado significativamente sus posiciones compradas y China continuaba adquiriendo soja estadounidense a un ritmo muy elevado.
Pero el organismo sorprendió al elevar la estimación de producción estadounidense hasta 123,4 millones de toneladas, un millón por encima de lo esperado por el mercado, y también incrementó la proyección de stocks finales hasta 8,4 millones de toneladas.
Eso fue suficiente para enfriar el entusiasmo. Aun así, la demanda china continúa siendo uno de los principales factores de sostén. El país asiático ya habría comprado alrededor de 9 millones de toneladas de soja estadounidense y existirían negocios adicionales que podrían elevar ese volumen por encima de las 12 millones.
Sin embargo, Romano advierte que ese ritmo podría moderarse después de la reunión prevista entre Xi Jinping y Donald Trump.
“China sigue comprando soja norteamericana a un ritmo muy fuerte, pero una parte importante de esas compras responde al compromiso asumido y no necesariamente implica que este ritmo vaya a sostenerse. Después de la visita de Xi Jinping a Estados Unidos podemos ver una moderación y un intento por conseguir mejores condiciones de negociación”, explicó.
¿Por qué el productor vende maíz y sigue reteniendo soja?
Pese a que la relación entre precios y costos continúa siendo favorable, la soja no muestra el mismo dinamismo comercial que el maíz.
La fijación semanal de precios alcanzó 1,1 millones de toneladas, casi el doble del promedio para la época. Sin embargo, el total vendido con precio representa apenas el 42% de la producción, todavía por debajo del promedio histórico y del ciclo anterior.
“Llama la atención que, con precios atractivos en relación con los costos de producción, la soja no tenga un flujo de negocios mayor. El productor está aprovechando mucho más claramente las oportunidades de precio en maíz”, concluyó Romano.
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