Proyecto en el Senado

El cristinismo trabaja en su propio Salario Básico Universal

La senadora ultrakirchnerista Juliana Di Tullio está trabajando en el proyecto que, en rigor, propone un ingreso complementario. Pese a las diferencias con el texto que impulsa Juan Grabois, hay conversaciones para encontrar puntos en común

"Y si no te gusta el salario (básico) universal, salí e inventá otra cosa", dijo el dirigente social Juan Grabois, en un acalorado discurso que pronunció esta semana. Se dirigía de forma áspera al presidente Alberto Fernández. Pero la propuesta que impulsa el jefe del Frente Patria Grande tampoco convence del todo al cristinismo. Senadores cercanos a la vicepresidenta Cristina Kirchner están trabajando en su propio proyecto.

En las últimas horas, la senadora ultrakirchnerista Juliana Di Tullio expresó sus diferencias con el proyecto que tiene como autor al diputado del Frente Patria Grande Itai Hagman. Vale recordar que el proyecto cobró protagonismo cuando CFK criticó la "tercerización" de la ayuda social en manos de las agrupaciones sociales.  

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"Lo que nosotros venimos pensando es un ingreso complementario, que tiene un objetivo que es corto, no es eterno. Un objetivo concreto: eliminar la indigencia", dijo la senadora al ser consultada sobre el Salario Básico Universal en C5N.

Dejó en claro que la iniciativa que vienen pergeñando "no tiene nada que ver con un salario". Y que la diferencia con el proyecto de Hagman no es semántica, sino conceptual.

La diputada camporista Marisa Uceda fue otra de las referentes del núcleo kirchnerista que salió a diferenciarse del Salario Básico Universal. En un reportaje con FM La Patriada, la mendocina dijo que no creía que esa propuesta "tenga la legitimidad para salir por decreto, porque es un debate que debe darse socialmente".

El proyecto de Grabois apunta a un universo de más de 7 millones de personas, que cobrarían el equivalente a la Canasta Básica Alimentaria de un adulto (hoy no supera los $ 15.000). 

Según el autor, la implementación de la medida tendría un costo fiscal anual bruto de 2,1% del PIB. En tanto, el costo neto representaría el 0,9% del PIB, al descontarle los gastos actuales además del retorno fiscal por impacto en la actividad.

El proyecto de Hagman tendría un costo fiscal bruto de 2,1% del PIB.

Por su elevado costo fiscal, el proyecto no solo era resistido por el exministro de Economía Martín Guzmán, sino por su sucesora en el cargo. Apenas asumió, Silvina Batakis dejó en claro que "no vamos a gastar más de lo que tenemos". Además recordó que es un debate que no está saldado en países "más desarrollados". 

En medio de los pases de factura de Grabois al Ejecutivo, lo cierto es que referentes económicos del Frente Patria Grande le anticiparon a El Cronista que "van a asesorar" a los equipos de Di Tullio en la redacción de su proyecto.

¿Una cuestión semántica?

A propósito del debate "conceptual", Hagman aseguró a este medio días atrás que no tienen problema en cambiarle el nombre a la iniciativa. Lo bautizaron así porque fue el nombre que le dió el Papa cuando aludió a esa medida.

"También podría llamarse 'Refuerzo de ingresos', como la política que se lanzó en mayo de este año; una especie de IFE 4 para los sectores más vulnerables. 

De todas formas, a diferencia de Di Tullio, para Hagman, el "refuerzo", "ingreso" o "salario", como finalmente decidan llamarlo, debería ser estructural, no excepcional. Mientras que para Di Tullio no debería ser "eterno"

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La duda es si al elaborar la iniciativa, el cristinismo consultará al Palacio de Hacienda o hará lo mismo que con la moratoria previsional impulsada por los camporistas Anabel Fernández Sagasti y Mariano Recalde, que fue impulsada sin la venia de Guzmán. Y que, además, va a contramano con uno de los postulados del programa con el FMI. El Fondo rechaza nuevas moratorias, ya sean previsionales o impositivas.

Ese proyecto, que fue aprobado en el Senado y que ahora está en manos de Diputados, implicaría un costo fiscal del 0,02% para este año y del 0,3% para el año que viene

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