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La decisión del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva de retirar a su embajador en Buenos Aires profundizó la crisis diplomática con la administración de Javier Milei y abrió interrogantes sobre el impacto económico de la relación bilateral.

Brasil resolvió que su embajador en la Argentina, Julio Bitelli, no regresará al país y comunicó al representante argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, que, de ahora en adelante, las relaciones entre ambos gobiernos quedarán temporalmente a cargo de los encargados de negocios de ambas embajadas.

Esto supone una rebaja en el nivel de representación diplomática: las sedes continúan funcionando con normalidad, pero sin embajadores al frente.

La medida constituye una fuerte señal política de descontento, aunque no implica una ruptura de relaciones diplomáticas ni la expulsión del embajador argentino.

En el diagnóstico, el sector privado coincide en que el impacto sobre el comercio será limitado en el corto plazo.

Cámaras empresarias y especialistas consultados señalan que los contratos vigentes, la integración productiva y el marco institucional del Mercosur seguirán sosteniendo el intercambio bilateral.

No obstante, advierten que una relación política deteriorada puede complicar negociaciones futuras, retrasar proyectos de integración y aumentar la incertidumbre para las empresas.

La escalada diplomática entre Argentina y Brasil, en respuesta a los reiterados agravios del presidente Javier Milei, encendió una señal de alerta en el sector empresario.

Distintas fuentes consultadas coinciden en que el comercio bilateral seguirá funcionando con normalidad en el corto plazo, pero alertan que la profundización del conflicto puede tener costos sobre la previsibilidad de la relación económica entre los dos principales socios del Mercosur.

El intercambio de bienes va a seguir normal porque el comercio exterior se basa en reglas estables y contratos ya firmados”, explicó Adriano de Fina, gerente de la Asociación de Importadores yExportadores de la Argentina (AIERA).. Sin embargo, advirtió que el verdadero riesgo aparece hacia adelante.

“Cuando las relaciones diplomáticas bajan a este nivel generan intranquilidad entre las empresas. Hay muchos proyectos y negociaciones en curso que exceden una operación de exportación o importación”, dijo a El Cronista.

Brasil continúa siendo el principal destino de las exportaciones industriales argentinas y uno de los principales proveedores de insumos para la producción local. Según un informe de AIERA, durante el primer semestre del año fue el principal mercado para las Manufacturas de Origen Industrial (MOI), con exportaciones por u$s 4004 millones, cerca del 30% de todas las ventas industriales del país. Además, recibió exportaciones totales por u$s 6254 millones, equivalentes al 12,6% del total argentino.

De Fina remarcó que la magnitud de la relación vuelve especialmente inconveniente la crisis. “Estamos hablando de un comercio bilateral cercano a los u$s 30.000 millones anuales y de un socio estratégico con el que no existía ningún conflicto comercial concreto. Este problema diplomático fue totalmente innecesario”, opinó.

El corto plazo, sin cambios

Ricardo Diab, presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), relativizó un impacto inmediato sobre el comercio. “No vemos ningún motivo para que los hechos acontecidos afecten hoy la relación comercial. El Mercosur sigue funcionando”, sostuvo.

Aun así, reconoció que la crisis política puede ralentizar futuras instancias de negociación y validó el rol de la diplomacia: “es necesario”.

“Si tenemos alguna negociación hacia adelante, puede hacerse más lenta”, afirmó.

Diab explicó que iniciativas impulsadas por el sector privado, como el showroom permanente que CAME mantiene en Curitiba para facilitar el ingreso de pymes argentinas al mercado brasileño, continuarán operando normalmente porque dependen de acuerdos empresariales y no de la relación entre los gobiernos.

Actualmente ese espacio reúne a unas 90 empresas de distintas provincias que comercializan directamente con cadenas de supermercados brasileñas y participan en rondas de negocios organizadas por la entidad.

Integración que trasciende la política

Para Delia Flores, especialista en comercio bilateral, la relación económica tiene una inercia que dificulta que una crisis política produzca efectos inmediatos.

“Tenemos más de 200 años de cooperación, acuerdos del Mercosur, contratos entre privados y cadenas logísticas que no se cortan de un día para otro. Brasil sigue siendo nuestro principal socio comercial”, señaló.

Además, destacó que desde ambos gobiernos se buscó separar el conflicto diplomático del plano comercial. “Los dos gobiernos ya dijeron que no van a trasladar esta disputa al comercio. El propio canciller brasileño descartó medidas económicas adicionales”, explicó.

No obstante, coincidió en que el desafío pasa por preservar la previsibilidad. “Una tensión diplomática de este nivel siempre genera ruido. Mientras no aparezcan trabas aduaneras o paraarancelarias, el comercio seguirá funcionando. Pero el sector necesita certidumbre”, enfatizó la empresaria.

Preocupación de largo plazo

Más allá del intercambio de mercaderías, los especialistas coinciden en que el deterioro institucional puede afectar espacios de coordinación política y económica fundamentales para el funcionamiento del Mercosur.

De Fina recordó que entre ambos países existen múltiples negociaciones técnicas, proyectos de integración y mecanismos de coordinación que requieren diálogo permanente.

La propia AIERA advirtió esta semana que Argentina y Brasil representan cerca del 65% del PBI sudamericano y que preservar esa relación resulta estratégico para la región.

La entidad destacó que Brasil es el principal destino de las exportaciones industriales argentinas y el principal proveedor de insumos y vehículos para la producción local, por lo que llamó a “desescalar las tensiones” y recomponer los vínculos diplomáticos.

Los empresarios tampoco esperan una rápida recomposición del vínculo político. Con las elecciones presidenciales de Brasil previstas para octubre, consideran que la tensión diplomática probablemente se extienda durante la campaña, aunque sin trasladarse al plano comercial.

“En cuanto al sector privado no creo que vaya a afectar. Estoy hablando con las empresas y todos saben que la relación se va a mantener. Es mucho más importante que las elecciones de ahora”, señaló a El Cronista Welber Barral, ex secretario de Comercio Exterior de Brasil durante el segundo gobierno de Lula (2007-2011).

Para el exfuncionario, la respuesta del presidente brasileño buscó mantener el conflicto en el plano institucional. “La reacción de Lula fue institucional: llamar al embajador y adoptar las medidas diplomáticas, sin ingresar en un debate personal. Así se posiciona como un estadista y el respaldo de Milei a Flávio Bolsonaro queda como algo negativo”, analizó.

Según Barral, el impacto político de esa estrategia se medirá en la campaña presidencial. “Todos están mirando cuál será el reflejo de esto en las elecciones y, en ese sentido, creo que Lula ganó”, concluyó.