Diego Santilli ya es, formalmente, Jefe de Gabinete. Su jura, ayer, fue un crisol de las muchas razas que componen la política argentina.

Hubo libertarios, por supuesto; desde la lógica presencia de Javier Milei, al inesperado -e incómodo- lugar de Manuel Adorni, abrazo triple incluido. También se vio a amarillos del PRO, como Christian Ritondo, entrañable compañero del Colo. Y a más de una decena de gobernadores, de tribus varias. Hasta peronistas (no K, obviamente). A fin de cuentas, la cuna política del flamante premier.

Abrazo triple y rosca política en la jura de Santilli como Jefe de Gabinete.
Abrazo triple y rosca política en la jura de Santilli como Jefe de Gabinete.

Si algo es Santilli, es eso: un profesional de la política. Y tendrá que poner gestión en ese plano para evitar que los costos de los 111 días de agonía de su antecesor tengan efecto cascada sobre los logros que, con mucho esfuerzo, obtiene el equipo económico. Hasta ahora, los empañaron. El riesgo real, concreto, era que empezaran a afectarlos.

Sobre todo, porque ya corre tiempo de descuento. Este semestre, explica un lobbysta que camina con sigilo y eficiencia las zonas mixtas de la política y los negocios, es clave para sacar todo aquello que el 2027 electoral entorpecerá. Mucho en muy poco tiempo; fuerte contraste con el horizonte de los empresarios en el verano, cuando el Gobierno aprobó la modernización laboral en extraordinarias y prometía ir por mucho más.

Esa sensación se desvaneció con la espiralizada caída en desgracia de Adorni. Hubo, en los últimos días, empresarios (importantes) que ya habían pasado de la inquietud a la preocupación. “Que corten de una vez con la internita”, se le oyó a uno al que, si no lo une con Milei el amor, sí el espanto por lo que un fracaso de este gobierno podría invocar.

Santilli está llamado a arreglar eso. Tiene un activo: buen diálogo con todos los vértices del Triángulo de Hierro. Deberá convertirlo en capital. Más, cuando lo obligarán a invertirlo. Ayer, los celulares captaron a Karina Milei saludando a todos los presentes: gobernadores, Patricia Bullrich, el gabinete... Salvo a una persona: Santiago Caputo.