Reformas estructurales del próximo gobierno y sus probabilidades: un equipo de fútbol 11

La próxima administración heredará unas condiciones peores todavía que las de los últimos gobiernos: dólar alto, más cepo, desequilibrios crecientes, más inflación y más pobreza. Y encima estará cercado por un mal frente externo.

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Los desequilibrios fiscales y monetarios van en aumento y no serán gratis. Sólo en el último mes de junio 2022 el BCRA ha emitido $ 1.027.618 millones para financiar al Tesoro y sostener el precio de los bonos soberanos, lo cual equivale al 26% de la base monetaria.

En términos reales y ajustado por una inflación que subió 37% pasando de 3,8% (1er semestre 2021) a 5,2% (1er semestre 2022) promedio mensual, en la primera mitad de este año, el BCRA aumentó la emisión monetaria 229% con respecto al mismo período de 2021.

En este contexto y en la película de la tendencia de acá a hacia adelante, hay que esperar que el dólar paralelo suba mucho más, que la brecha se ensanche y en consecuencia que la presión devaluatoria sobre la política cambiaria oficial crezca exponencialmente.

Con más emisión (que habrá), mayor convalidación monetaria, más cepo que obligue a importar al dólar paralelo y luego devaluación oficial, primero es muy probable que la inflación mayorista salte a los dos dígitos mensuales y más tarde, que la inflación minorista mensual salte a un nuevo "piso" y "techo" más elevados.

Sólo en el último mes de junio 2022 el BCRA ha emitido $ 1.027.618,

El sector público pavimenta la autopista triple mano hacia los 3 dígitos de inflación. El ahorro en el mercado doméstico y la inversión caerán, los salarios en términos reales se reducirán y consecuentemente, el consumo y el nivel de actividad se resentirán. En este escenario, el déficit fiscal aumentará.

La respuesta de la casta política será la de siempre, más emisión monetaria y aumento de la presión tributaria para "los que más tienen" procurando redistribuir ingresos dentro de un marco de deterioro y (tal vez) conflictividad social. En pocas palabras, se estarán agrandando exponencialmente los desequilibrios y la pesadísima herencia para 2024/2027, que son el objeto de esta nota.

Las reformas del próximo gobierno

A partir del 2024, y al igual que un sediento hombre que busca un oasis en el desierto, el sector privado argentino, que ahorra e invierte, produce bienes y servicios, crea empleo genuino, espera que el próximo gobierno ponga en práctica profundas reformas estructurales que faciliten hacer negocios reduciendo restricciones y obstáculos.

En este sentido, está más que claro que los empresarios argentinos necesitan y quieren una reforma tributaria con baja de impuestos, que se desregule la economía, que se elimine el cepo, que haya una reforma laboral que reduzca cargas sociales y costos laborales, así como necesitan que, de una buena vez y por todas, se destierre la inflación.

los empresarios argentinos necesitan y quieren una reforma tributaria con baja de impuestos

Ahora bien, todas estas reformas estructurales, que el sector privado productivo espera con ansias, ya sea multinacional o nacional, grande, mediano o pequeño, cuentapropista, emprendedor y/o asalariado, no se pueden hacer sin previamente reformar estructuralmente el sector público, quien es la contraparte que lo asfixia y empobrece cada vez más.

Tomando los datos del PBI del INDEC, en 2012/2021 el sector público creció 42,8% mientras que el sector privado se redujo -5,9%. El primero extrae crecientemente riqueza del segundo, que cada vez se empobrece más y en consecuencia ahorra, invierte, produce, trabaja, gana y consume menos.

En este contexto, hay que comprender que directa y/o indirectamente, todas las reformas estructurales que el sector privado espera reducen las fuentes de financiamiento del Estado. Ergo, para poder llevar a cabo todas estas reformas estructurales, primero y antes que nada hay que achicar al Estado, lo cual no es otra cosa que minimizar al máximo todas sus políticas públicas intervencionistas. De hecho, mucho de las políticas públicas actuales deben ser eliminadas por completo.

El equipo de fútbol 11 del próximo gobierno

En este marco, y con el propósito de establecer una hoja de ruta, planteamos un equipo de fútbol 11 con una reforma estructural por puesto.

El próximo gobierno debería pensar, negociar, implementar, ejecutar y poner este equipo en la cancha durante su próximo mandato; sin tiempo para precalentar, ni para especular con otras alternativas.

El próximop Gobierno precisa un equipo de fútbol 11, con una reforma estructural por puesto.

De acuerdo con nuestro análisis se debería:

  1. cambiar radicalmente la política exterior alineándose con EEUU y Europa;
  2. reestructurar la deuda con el FMI que es impagable cohabitando con la deuda con los bonistas bajo ley NY; 
  3. reestructurar los bonos bajo ley NY con una fuerte quita en términos de valor presente, descomprimiendo los pagos que se aglutinan en un 80% antes de 2036;
  4. hacer una profunda reforma del Estado de ultra shock, con un Presupuesto Nacional plurianual de cuatro años que baje el gasto público por lo menos -12 p.p. en términos del PBI; 
  5. una reforma impositiva que baje los impuestos pero con equilibrio fiscal financiero; 
  6. levantar el CEPO
  7. solucionar el problema monetario de las LELIQs, Notaliq y Pases;
  8. hacer una reforma monetaria
  9. dependiendo de la reforma monetaria, encarar una reforma bancaria
  10. hacer una reforma estructural de los servicios públicos con revisión Tarifaria Integral (RTI) para incentivar la inversión energética y 
  11. llevar a cabo una reforma laboral.

De acuerdo con la teoría económica avalada por la evidencia empírica, tanto la viabilidad como la sostenibilidad y probabilidad de éxito (fracaso) de las reformas estructurales crecen cuando se aplican en épocas de bonanza (crisis).

En este sentido, para un país emergente como Argentina, que necesita influjo de ahorro externo (internacional o doméstico fuera del sistema) para financiar las transformaciones económicas de fondo, las probabilidades de que dichas reformas estructurales obtengan buenos resultados en el corto, mediano y largo plazo crecen (se reducen) cuanto mayor (menor) sea tanto la bonanza internacional como doméstica.

Y acá se observa el primer gran problema a futuro. Tanto desde el plano doméstico como desde el escenario internacional todo parecería jugar en contra de un éxito permanente de las potenciales reformas estructurales.

Los enemigos de las 11 reformas que necesita la Argentina

El primer enemigo que las 11 reformas estructurales enfrentarán no será otro que la mismísima problemática social, política y económica interna, que constituyen un enorme obstáculo para la diagramación, negociación, implementación, ejecución y sostenimiento en el tiempo de las reformas estructurales.

La Argentina recibida por Macri en 2016 era "Suiza" en comparación con la que la próxima administración deberá comandar.

En este sentido, podríamos afirmar que la Argentina recibida por el gobierno de Macri en 2016 era "Suiza" en comparación con la que la próxima administración deberá comandar a principios de 2024:

En el plano doméstico y en el mejor de los casos, el PBI per cápita en 2023 se ubicaría alrededor de 4% por debajo de 2019.

La pobreza EDSA/ODSA de la UCA podría ser 50% más elevada que a fines de 2015.

La inflación podría ser entre 3 o 4 veces más alta que a fines de 2015 cuando se ubicaba en 27,7% interanual.

Paralelamente, a nadie le podría sorprender que el peso de la deuda pública total en términos del PBI fuera entre 70%/80% superior que lo que era en 2015. Es más, el próximo gobierno debería pretender ser reelecto para asegurar la sostenibilidad y la permanencia de las reformas estructurales en el largo plazo, con lo cual debería gobernar 2024/2021 y 2028/2031. En esos dos mandatos presidenciales enfrentará vencimientos de deuda de largo plazo por  USD 11.400 millones y USD 19.000 millones promedio anual en cada uno de los dos mandatos. A estos números hay que agregarle la deuda de corto y en pesos. O sea, el horizonte de vencimientos que enfrentaba Mauricio de Macri en 2016 era un juego de niños al lado del que enfrentará el próximo gobierno que supuestamente deberá hacer reformas estructurales.

Las trabas políticas a las reformas

A todas estas trabas económicas hay que sumar las trabas políticas, que juegan tan o más en contra que las trabas económicas frente a la probabilidad de reformas estructurales exitosas.

A las trabas económicas que enfrentarán las reformas hay que sumar las trabas políticas

Primero y, ante todo, hay que tener en cuenta la incapacidad gubernamental ya demostrada por Juntos por el Cambio, que no hizo ninguna reforma estructural cuando tenía a su favor un escenario doméstico e internacional mucho más favorable. Si no hizo las reformas cuando todo el contexto era mucho más favorable, es realmente ilógico pensar que serán hechas cuando todo el entorno juega más infinitamente mucho más en contra.

Además, la propia coalición de Juntos por el Cambio no comulga con todas estas reformas, lo cual tiende a asegurar que los más probable es que el set de reformas será incompleto y no permanente. De hecho, el ARI y la UCR están ideológicamente muy lejos de la mayoría de las reformas que hay que hacer. Es más, algunos sectores del PRO tampoco están de acuerdo con la totalidad de ellas. 

En pocas palabras, con un escenario doméstico infinitamente más difícil y hostil, suponer que en 2024 se van a hacer todas las cosas que no se hicieron en 2016 suena bastante temerario. Está claro que pensar que habría más chances de que las reformas se hicieran hoy en día que hace 6 años atrás sólo porque la situación actual es más difícil que en el pasado y entonces dichas reformas se necesitan hoy más que ayer, no sólo sería un error intelectual, sino implicaría un desconocimiento del rol de las instituciones y, sobre todo, de los esquemas de incentivos que emanan de ellas y hacen actuar a los políticos que deciden.

Y el mundo juega en contra

Segundo y muy importante, todas las reformas estructurales que Argentina debe encarar no sólo necesitan el apoyo político, sino también el soporte financiero y económico del contexto internacional. Sin embargo, el problema es que lo más probable es que el contexto internacional futuro será el más complicado que de las últimas décadas y, por ende, el mundo sea el menos propicio y receptivo a todo este tipo de problemáticas en países emergentes, ya que estará muy probablemente ocupándose y enfrentando importantes problemas propios que afectarán negativamente el bienestar económico y financiero de sus propios mercados.

El contexto internacional tampoco juega a favor de las reformas.

En este sentido, el próximo gobierno convivirá muy probablemente con un mundo con las siguientes características:

  1. el más bajo nivel de actividad de los últimos 40 años;
  2. con el menor dinamismo de comercio internacional de las últimas cuatro décadas; 
  3. con el costo de los fletes más elevados de la historia;
  4. con la inflación más alta de los últimos 40 años;
  5. con el costo de capital más caro de las últimas décadas;
  6. con menos crédito y "flight to quality"; 
  7. con más aversión al riesgo y pérdida de interés por el riesgo emergente en relación a las últimas décadas;
  8. con toma de riesgo emergente mucho más selectivo, lo cual juega en contra de Argentina;
  9. con cierto stress sobre el mercado de deuda soberano para emergentes; etc.

Además, como si todo lo anterior o fuera mucho, el próximo gobierno debería hacer reformas estructurales muy superiores a las que hizo Carlos Menem en los 90, pero con un mundo diametralmente opuesto al de aquel entonces. Las reformas de Menem contaron con un mundo en el cual acababa de caer el muro de Berlín y parecía que el socialismo había caído derrotado de una buena vez y para siempre. 

Emergía victorioso el Consenso de Washington y se armaba el plan Brady para todas las economías emergentes en default. Por el contrario, en esta tercera década del siglo XXI todo el mundo se dirige al socialismo, incluido EEUU y Europa. Tampoco hay un solo polo de poder como en 1989, sino que está la OTAN de un lado, y Rusia y China del otro. Y, además, hay una guerra que no se sabe ni cómo, ni cuánto va a seguir. Mucho menos, podemos visualizar la magnitud de su impacto negativo, ni la duración de dicho impacto a lo largo del tiempo.

Las reformas que necesita la Argentina serían un milagro

En definitiva, todo juega en contra de profundas y sostenibles reformas estructurales en Argentina.

Ergo, lo más sensato es no ser optimistas y no creerles a los políticos cuando procuran vendernos que las harán todas juntas y de shock en 2024. A lo sumo, harán algunas pocas, muy parciales y poco sostenibles en el tiempo.

Por el contrario, las reformas estructurales "en serio" y bien hechas, serían un milagro.

En este marco, es sensato prepararse económica y financieramente para un mundo privado de los negocios con los pies en la tierra y sin milagros.

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