Zoom Editorial

La pelea por el timón aún no dañó el barco, pero su avance es más lento

Sin duda, mayo va a ser un mes largo y tenso. Pero después de la escalada que tuvo la pelea interna del Gobierno en la semana que pasó, no hay rastros de sangre a la vista. Es difícil anticipar conclusiones, pero la actitud que muestran los protagonistas no es igual a lo que se vivió tras la dura derrota sufrida en las PASO de 2021. Esta vez no se ven golpes mortales (como lo fue en ese momento la amenaza de renuncia de varios ministros que encabezó Eduardo Wado de Pedro), aunque el hostigamiento verbal que diariamente encadena el kirchnerismo promete ser permanente. "Pelea no hay, sino un debate de ideas", señaló Cristina Kirchner desde el Chaco el viernes. "Por favor, miremos al futuro, que nadie nos desuna", había dicho Alberto Fernández horas antes.

La discusión no está saldada, ni mucho menos. Pero las posturas de cada sector aparecen más definidas: está claro lo que quiere el kirchnerismo y está claro lo que defienden en público el Presidente y el ministro de Economía. ¿Hay una distensión? No, pero tampoco se percibe un clima de "guerra" que provoque una destrucción de la gestión. ¿Alcanza para evitar un escenario de crisis a mediano plazo? Depende de qué esté dispuesto a hacer el Presidente para defender el uso de la lapicera.

Alberto Fernández no estará en Buenos Aires en una de las semanas más complejas de su gestión. Dejó ordenado el guion bajo el que se desarrollarán las tres audiencias en las que se definirá el rumbo de los aumentos de luz y gas, y confía en que la revisión del FMI (que será virtual) no arroje ninguna sorpresa. Los funcionarios del área de Energía más cercanos a la Vicepresidenta adelantaron que no participaran de esos encuentros. La gran pregunta es si convalidarán con su firma las decisiones que impulsa Guzmán o si Fernández tendrá que imponer su autoridad.

Cristina Kirchner aspira a una modificación del rumbo económico que el jefe de Estado no está dispuesto a realizar. Aunque el clima de disputas internas no es bueno para la economía, tampoco tiene muy claro que puede ganar con una tregua. La distancia con sus socios hoy parece irrecuperable, y por eso Alberto no muestra interés en ceder a ninguno de los ministros cuestionados. No hay plan alternativo por afuera de lo acordado con el FMI.

Al decir de un analista político, el Presidente hoy se protege con una fuerte dosis "sciolismo explícito". Eso implica no contestar las agresiones y hacer de cuenta que nada va a alterar el camino elegido. Por eso le bajan el precio a cualquier gesto de acercamiento o a la posibilidad de que los compañeros de fórmula vuelvan a dialogar.

El Gobierno busca tiempo. Espera que mayo ayude con una menor inflación. Y que traiga más dólares para que no se frene el nivel de actividad.

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