La Reserva Federal enfrentará un desafío mayor para controlar la inflación si no eleva pronto las tasas de interés, según los tres funcionarios que esta semana votaron a favor de aumentar el costo del crédito.
Beth Hammack, presidenta de la Reserva Federal de Cleveland, y Neel Kashkari, titular de la Fed de Minneapolis, explicaron hoy que se apartaron de la decisión mayoritaria de mantener las tasas sin cambios porque consideran que la inflación se ha mantenido demasiado alta durante demasiado tiempo.
“Cuanto más tiempo persista una inflación elevada, más difícil y costoso será devolverla al objetivo”, afirmó Hammack.
Por su parte, Kashkari sostuvo que cada vez cree más que la política monetaria “tiene un papel importante para enfrentar una serie de shocks de oferta que podrían derivar en una inflación persistentemente más alta”.
“Si la inflación sigue elevada, considero que una serie de pequeños ajustes en la política monetaria sería preferible a esperar y terminar concluyendo que serán necesarias medidas mucho más drásticas”, agregó.
Más tarde, una tercera integrante del grupo disidente, la presidenta de la Fed de Dallas, Lorie Logan, respaldó esa postura.
“Una acción moderada en el corto plazo reduciría la probabilidad de tener que adoptar medidas más severas más adelante”, señaló.
Logan añadió que “cada mes con una inflación por encima del objetivo aumenta la presión sobre los presupuestos de las familias y las empresas estadounidenses”.
Los tres funcionarios, que apoyaron un incremento de 0,25 puntos porcentuales frente a los nueve miembros que votaron por mantener las tasas, no lograron disipar la preocupación de los mercados de que la Fed tenga dificultades para contener el impacto inflacionario derivado de la guerra de Donald Trump con Irán.
La Reserva Federal mantiene su tasa de referencia en un rango de entre 3,5% y 3,75% desde diciembre, pese a que la inflación continúa muy por encima de su meta del 2%.
El índice de gasto en consumo personal (PCE), la medida de inflación preferida por la Fed, aumentó 3,7% interanual en junio, según los datos oficiales publicados el jueves. El indicador lleva cinco años por encima del objetivo del banco central y, además del fuerte aumento del precio del petróleo, la economía estadounidense enfrenta nuevas presiones inflacionarias por los últimos aranceles impuestos por Trump a las importaciones y por el auge de la inteligencia artificial.

El rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a 30 años, considerado una medida de la credibilidad de la Reserva Federal en su lucha contra la inflación, alcanzó el miércoles su nivel más alto desde 2007. La reacción se produjo después de que el nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, evitara dar señales de que el banco central estuviera considerando seriamente subir las tasas de interés en su próxima reunión de septiembre.
Aunque Warsh prometió que no “vacilará” en la lucha por desacelerar el crecimiento de los precios en Estados Unidos, su reticencia a respaldar ese discurso con medidas concretas alimentó la preocupación de los mercados. Los inversores temen que las autoridades monetarias no estén dispuestas a hacer lo necesario para devolver la inflación a los niveles previos a la pandemia.
Tras sus declaraciones, las expectativas de una suba de tasas en la reunión de política monetaria prevista para mediados de septiembre retrocedieron, ya que Warsh ofreció pocas pistas sobre el rumbo de la política monetaria. Aun así, los mercados siguen asignando una probabilidad cercana a dos tercios de que la Fed apruebe un aumento de 0,25 puntos porcentuales.














