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Hubo una época en la que era casi imposible caminar por las principales avenidas de Buenos Aires sin cruzarse con una empanada gigante bailando en una esquina. Cuando el semáforo se ponía en rojo, los personajes de Solo Empanadas aprovechaban los segundos de espera para saludar a los automovilistas, repartir volantes y atraer clientes a los locales.

Eran los primeros años posteriores a la crisis de 2001 y esa campaña de marketing callejero terminó convirtiéndose en una de las imágenes más recordadas de la marca.

Mientras esas empanadas bailaban en los cruces más transitados de la ciudad, la empresa hacía algo mucho más importante: crecía.

Lo hacía a través de un modelo de producción centralizada y una red de franquicias que, con el paso de los años, fue expandiéndose primero en el Área Metropolitana, luego hacia otras localidades bonaerenses e, incluso, llegó al exterior.

Después se sumarían nuevas marcas —Morita, Kiosco de Empanadas y Fábrica de Pizzas—, una planta industrial cada vez más grande y una estructura capaz de abastecer a más de 160 franquicias.

Esa es la primera sorpresa que deja el expediente con el que Divaflo SRL, dueña de esas cuatro cadenas gastronómicas, pidió su concurso preventivo.

Lejos de comenzar con una empresa en retirada, la historia que reconstruye la propia compañía empieza exactamente al revés: con una empresa que durante más de dos décadas no dejó de expandirse.

La marca Solo Empanadas tiene en la actualidad 35 sucursales
La marca Solo Empanadas tiene en la actualidad 35 sucursales

Y fue justamente ese crecimiento el que terminó sembrando el origen de la crisis.

Cuando crecer obliga a cambiar

Para muchas empresas llega a un punto en el que aquello que durante años fue una ventaja, deja de alcanzar. En el caso de Divaflo, ese límite fue su planta industrial de Villa Lynch.

Según describe la presentación judicial, el establecimiento había sido diseñado para abastecer una operación mucho más pequeña. Con el aumento de la demanda, la incorporación de nuevas líneas de productos y el crecimiento sostenido de la red de franquicias, la capacidad instalada comenzó a convertirse en una restricción para seguir expandiéndose.

La decisión, vista desde ese momento, parecía lógica.

En 2023 la empresa resolvió trasladar toda su operación industrial a un nuevo inmueble dentro del mismo partido de General San Martín. El objetivo era aumentar la capacidad productiva, incorporar tecnología, mejorar la logística y preparar la estructura para abastecer una red comercial que seguía creciendo.

Sin embargo, el traslado estaba lejos de ser una simple mudanza.

El edificio elegido necesitaba una transformación integral para convertirse en una planta apta para la elaboración de alimentos. Hubo que construir nuevas áreas de producción, instalar cámaras frigoríficas, depósitos, sectores de empaque, redes sanitarias, sistemas eléctricos de alta potencia, ventilación industrial y trasladar maquinaria especializada. A eso se sumaron las habilitaciones, la reorganización logística y los costos derivados de mantener la operación funcionando mientras la planta cambiaba de sede.

Era, probablemente, la inversión más importante de la historia de la compañía.

Y, según sostiene el expediente, también la más exigente desde el punto de vista financiero.

Con el aumento de la demanda, la incorporación de nuevas líneas de productos y el crecimiento sostenido de la red de franquicias, la capacidad instalada comenzó a convertirse en una restricción para seguir expandiéndose.

La empresa explica que primero destinó recursos generados por el propio negocio para afrontar buena parte de las obras. Cuando esos fondos dejaron de alcanzar, recurrió al crédito bancario para completar el proyecto. Durante un tiempo, asegura, esa combinación funcionó. Los compromisos financieros podían atenderse y la apuesta seguía teniendo sentido económico.

Finalmente, la nueva planta se inauguró en 2024. Hasta ese momento, el plan parecía cerrar.

Cuando cambió la economía, cambió el negocio

La nueva planta permitiría aumentar la producción, abastecer una red de franquicias cada vez más extensa y sostener el crecimiento que la empresa había construido durante más de dos décadas.

Pero el escenario que había justificado esa inversión empezó a modificarse.

En la demanda presentada ante la Justicia, Divaflo sostiene que la expansión de su capacidad productiva coincidió con uno de los cambios de contexto más abruptos que enfrentó la compañía. Mientras todavía terminaba de absorber el costo de la mudanza y de la puesta en marcha de la nueva planta, el consumo comenzó a desacelerarse, el crédito se volvió más caro, las tarifas aumentaron y los proveedores empezaron a reducir los plazos de financiación.

La compañía se expandió con el modelo low cost de Kiosco de Empanadas
La compañía se expandió con el modelo low cost de Kiosco de Empanadas

El caldo de cultivo estaba preparado a fuego lento, listo para incubar la crisis.

En la presentación judicial Divaflo dice que fueron varias las causas que la llevaron a la situación actual. Entre ellas, destaca que la inversión realizada quedó desfasada respecto del nuevo contexto macroeconómico.

La planta había sido pensada para acompañar una etapa de expansión, pero terminó inaugurándose en un escenario de retracción del consumo, tasas de interés elevadas y márgenes cada vez más estrechos.

Ese cambio alteró la ecuación financiera.

Según explica la compañía, buena parte de la inversión había sido afrontada inicialmente con recursos propios, lo que redujo la liquidez disponible para sostener la operación diaria. El resto fue financiado con crédito bancario. Cuando el costo del financiamiento comenzó a subir y las ventas dejaron de crecer al ritmo previsto, ese esquema empezó a mostrar sus límites.

Los ingresos ya no alcanzaban para cubrir simultáneamente el funcionamiento cotidiano del negocio, las cuotas de los préstamos, los impuestos, los salarios y el pago a proveedores.

Fue entonces cuando el endeudamiento empezó a cumplir un rol diferente.

Dejó de utilizarse para financiar una inversión y comenzó a destinarse, cada vez más, a cubrir obligaciones corrientes. La empresa reconoce que recurrió a nuevas financiaciones para cancelar pasivos preexistentes y sostener el capital de trabajo, un mecanismo que terminó profundizando el desequilibrio financiero.

En otras palabras, el crédito dejó de impulsar el crecimiento y pasó a financiar la supervivencia.

En su regreso al "baile", Solo Empanadas volvió a apostar por los disfraces.
En su regreso al "baile", Solo Empanadas volvió a apostar por los disfraces.

El efecto dominó

Según la empresa, la cesación de pagos puede ubicarse tentativamente el 5 de febrero de 2026, cuando Banco Santander cerró una de sus cuentas corrientes e intimó el pago de la deuda. A partir de ese momento, sostiene la presentación, comenzaron a sucederse los incumplimientos “en una especie de efecto dominó”.

Primero aparecieron los cheques rechazados por falta de fondos. Después llegaron las deudas financieras con Banco Galicia, Banco Santander, Banco Provincia y Garantizar SGR. Más tarde se acumularon obligaciones con ARCA, ARBA y el Convenio Multilateral, además de intimaciones de proveedores, cierres de cuentas bancarias y ejecuciones judiciales.

La caída del consumo encontró a la compañía en una delicada situación financiera. En medio de ese contexto, la empresa empezó a endeudarse para cubrir gastos corrientes

En el momento de presentarse en concurso, Divaflo declaró un activo corriente de $2382 millones frente a un pasivo de $5334 millones, una diferencia cercana a los $2952 millones que, según sostiene, ya no podía revertirse mediante los mecanismos habituales del negocio.

En el expediente, la empresa informó 183 cheques rechazados por falta de fondos, por un total de $763 millones. Los registros actuales del Banco Central reflejan un escenario todavía más complejo: 231 cheques rechazados, por más de $1032 millones, todos por falta de fondos.

Aunque la empresa sitúa el inicio de la cesación de pagos en febrero de 2026, los registros del Banco Central muestran rechazos de cheques desde noviembre de 2025 y una continuidad durante diciembre y enero. Esa diferencia no modifica necesariamente la fecha jurídica que eventualmente determine el proceso concursal, pero sí muestra que las tensiones financieras habían empezado a manifestarse varios meses antes.