Trump necesita que la guerra en Oriente Medio termine ya. No a cualquier costo. No está dispuesto a aceptar un resultado que lo muestre en retirada, con Irán ufanándose de una victoria. Todavía apuesta a conseguir un acuerdo decoroso. Pero necesita encontrar una salida.
Porque mientras el conflicto sigue, ahora con un cese del fuego indefinido que trasladó la pelea del terreno de los misiles al de los bloqueos navales, Trump ve cómo se erosiona el capital político que necesita para enfrentar una cantidad inédita de frentes internos y externos.
Nunca un presidente estadounidense libró tantas batallas en simultáneo. Y la guerra con Irán le está chupando energía, tiempo y margen de maniobra. El Pentágono les dijo esta semana a los congresistas que Irán dejó 20 minas en Ormuz y que retirarlas podría demorar hasta seis meses. Es decir: aun si todo saliera bien, el impacto llegaría hasta las midterms del 3 de noviembre, la madre de todas las batallas.
1. Cuenta regresiva. La Ley de Poderes de Guerra de 1973 obliga al presidente a consultar al Congreso antes de introducir fuerzas en hostilidades. Desde ahí corre un reloj de 60 días, que en este caso se cumple el 1 de mayo. Después, salvo declaración de guerra, autorización específica o prórroga legal, debe terminar el uso de las Fuerzas Armadas. Sólo hay una válvula extra de 30 días, pero pensada para retirarse con seguridad, no para escalar.
2. El Congreso. La pelea de fondo es por el control del Legislativo, que hasta acá ha sido casi total para Trump. Salvo un milagro, eso se va a terminar tras las elecciones de medio término. Desde 1932, el partido del presidente sólo sumó bancas en la Cámara tres veces: 1934, 1998 y 2002. Y sólo en dos ocasiones ganó en ambas cámaras. El punto de partida en la baja es una mayoría de apenas 217 a 213. En el Senado está más holgado: 53 a 47. Por eso, el objetivo de mínima es mantener el control ahí para frenar las iniciativas de un Partido Demócrata empoderado.
3. Reforma electoral. Para blindar el frente anterior, Trump impulsa la SAVE America Act. El proyecto, que cuenta con media sanción desde febrero, exige prueba de ciudadanía para registrarse para votar en elecciones federales y agrega un documento con foto como requisito. Es una ley central para la narrativa de Trump sobre el fraude electoral.
Una narrativa que sigue viva: una encuesta de Reuters/Ipsos muestra que 63% de los republicanos todavía cree que la elección de 2020 le fue robada. Trump acaba de denunciar fraude en el referéndum celebrado este martes en Virginia para redefinir los distritos electorales. Un anticipo de lo que se viene en noviembre.

4. La Justicia. Un frente que toca inmigración, comercio, aparato estatal y elecciones. El caso más simbólico es el de la ciudadanía por nacimiento. La Corte Suprema escuchó el 1 de abril el caso sobre la orden ejecutiva que busca negar la ciudadanía automática a chicos nacidos en Estados Unidos si sus padres no son ciudadanos ni residentes permanentes legales. Trump estuvo en la audiencia, algo inédito para un presidente en funciones. Si la Corte lo frena,sería un golpe jurídico y político muy visible.
5. La inflación. Los precios se convirtieron en un gran dolor de cabeza. En marzo subieron 0,9% mensual y 3,3% interanual, contra 2,4% en febrero. Fue el mayor salto mensual desde junio de 2022. La nafta subió 21,2% en un mes, el mayor aumento desde que empezó esa serie en 1967, y el diésel 30,8%. Reuters dice que la gasolina explicó casi tres cuartos del aumento mensual del índice. El promedio nacional volvió a superar los u$s 4 por galón, un umbral políticamente venenoso.
6. La Fed. Son números que vuelven más delicada su pelea con la Reserva Federal. Una encuesta de Reuters entre economistas mostró que la guerra postergó la expectativa de recortes de tasas. Ya no se esperan recortes al menos hasta septiembre y muchos creen que no habrá ninguno en todo 2026. Inaceptable para Trump, que convirtió a Jerome Powell en un enemigo por su cautela monetaria.
7. El crecimiento. No hay recesión, pero sí desaceleración. El PBI creció apenas 0,5% el cuarto trimestre de 2025, contra una expectativa de 0,7%. Muy lejos del 1,4% que se había estimado inicialmente. Con esos números deberá afrontar el impacto de la suba de costos que está provocando una ralentización de todas las economías del mundo.

8. El empleo. En marzo se crearon 178.000 puestos y la desocupación bajó de 4,4% a 4,3%. Pero esa mejora es engañosa: 396.000 personas salieron de la fuerza laboral y la participación cayó por debajo de 62% por primera vez desde la pandemia. Además, el crecimiento salarial anual fue el menor en casi cinco años.
9. La opinión pública. Todo eso se refleja en las encuestas. El promedio de RealClearPolitics ubica a Trump en 40,5% de aprobación y 57,7% de desaprobación, un saldo de -17,2 puntos. En enero estaba en 42,5%. Con esos índices, la Cámara aparece casi fuera de alcance para los republicanos y el Senado entra en zona de riesgo.
La contracara es que el presidente sigue siendo muy fuerte entre los republicanos: 86% aprueba su gobierno. Es superior a cualquiera de los últimos presidentes a esa altura de su segundo mandato. Es el mayor activo de Trump.
10. Los frentes externos. A todo esto se suma una agenda exterior extenuante. Cuba es la prioridad. El Comando Sur creó un Mando de Guerra Autónoma esta semana. El anuncio fue replicado por la Embajada de EE.UU. en Cuba, justo luego de que se vieran drones sobrevolando la costa.
El mismo guión que terminó con la captura de Maduro en Venezuela. Ése es sin dudas el mayor logro de política exterior de Trump, pero la transición sigue abierta y la demanda de democracia es algo a resolver. Pero, por encima de todo, está China. La cumbre Trump-Xi quedó fijada para el 14 y el 15 de mayo en China, con comercio, Taiwán e Irán sobre la mesa. Pero ninguno de estos desafíos podrá ser afrontado si Washington no logra salir del atolladero iraní.
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