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Los mundiales suelen ser el mayor evento del planeta por todo lo que mueven. La edición 2026 no solo será la más grande. También la más cargada a nivel geopolítico. Por primera vez jugarán 48 selecciones. Eso implica 104 partidos, 39 días de conversación global y una plataforma descomunal para empresas y gobiernos.

La FIFA proyecta 6,5 millones de asistentes en los estadios de Estados Unidos, México y Canadá, pero sobre todo calcula 6.000 millones de personas interactuando con el torneo a nivel global. Es decir: tres cuartos de la población mundial. Los ingresos podrían llegar a US$10.900 millones, 56% más que en Qatar 2022.

Los cataríes entendieron mejor que nadie que el fútbol es una vía privilegiada para ganar influencia, hacer negocios y acumular poder real. Compraron el PSG en 2011, convirtieron a Doha en sede de grandes eventos, potenciaron Qatar Airways usando al fútbol como carta de presentación.

Trump, íntimo del emir Tamim bin Hamad Al Thani, comprendió que Estados Unidos no podía quedar afuera. Como hombre de poder, negocios y espectáculo, sabe que no existe hoy un evento que reúna mejor esas tres dimensiones. Por eso hizo en 2018 las gestiones para que Estados Unidos fuera hoy el gran anfitrión.

El torneo llegaba en un momento perfecto para Washington. Se juega en 2026, año del 250° aniversario de la independencia estadounidense, que se cumple el 4 de julio, en plena competencia. Y encaja en una secuencia que la Casa Blanca presenta como un trienio de exhibición imperial: Mundial de Clubes 2025, Copa del Mundo 2026 y Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.

En su obsesión por contener a China, que ni siquiera clasificó al Mundial, Trump se dio cuenta de que el fútbol podía darle otra ventaja. El Stimson Center calcula que Estados Unidos representa hoy cerca del 40% de la industria deportiva global, unos US$1,06 billones sobre un mercado mundial de US$2,65 billones. Cifra a la que llega teniendo un lugar marginal en el deporte más popular del planeta. ¿A cuánto podría llegar si coloniza también el fútbol?

Estos son algunos de los jugadores mejor pagados del Mundial Qatar 2022.
Estos son algunos de los jugadores mejor pagados del Mundial Qatar 2022.

Límites

El Mundial es también escenario de batallas político-culturales. Lo estamos viendo muy claramente con todo lo que rodea a uno de los temas más álgidos de este tiempo: la inmigración. Estados Unidos quiere demostrar que la apertura global tiene un límite y que el control de frontera sigue siendo atribución del Estado anfitrión. La FIFA, que tiene una impronta globalista, se ve ahora forzada a reconocer las atribuciones de los estados nacionales.

El caso más emblemático es el del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan. Designado por la FIFA para dirigir en el Mundial, fue detenido al llegar a Miami desde Estambul y declarado inadmisible. Lo interrogaron durante once horas por supuestos vínculos con la política somalí y con la organización terrorista Al Shabab. Terminó devuelto a Turquía, recibido como héroe en su país y luego premiado por la UEFA: arbitrará la Supercopa Europea. La cuestión migratoria es uno de los puntos de mayor conflicto entre Washington y Bruselas.

Es cierto que Estados Unidos restringe total o parcialmente el ingreso de ciudadanos de países como Afganistán, Haití, Irán, Libia, Somalia, Sudán o Yemen, bajo un argumento de seguridad nacional atendible: son naciones donde los estados nacionales apenas controlan el territorio y son mucho más débiles que organizaciones criminales. ¿Qué valor puede tener un pasaporte emitido por una entidad así?

Pero el costo potencial es que la fortaleza que Trump quiere exhibir se convierta ante el mundo en arbitrariedad, exclusión o discriminación. Por lo pronto, esta Copa ya es vista como la más cara del mundo por los precios exorbitantes de entradas, alojamiento y traslados. Es sólo una de las amenazas que enfrenta el relato que quiere construir Trump.

REUTERS/Kevin Mohatt/File Photo

Invitado incómodo

Esta es la primera vez que el anfitrión del Mundial está en guerra mientras se desarrolla la competencia. Con el morbo adicional de que el enemigo está entre los participantes. Trump hizo todo lo posible por zanjar el conflicto antes del 11 de junio, pero no lo logró.

Tras dos noches consecutivas de ataques que buscaron sacudir las paralizadas negociaciones, el Presidente suspendió una nueva ola de bombardeos a minutos de la ceremonia inaugural, argumentando avances de último momento. Pero hasta ahora no hay ningún entendimiento firmado.

Irán tuvo que mudar su base de Tucson a Tijuana. La selección llegó a México el 7 de junio, en medio de semanas de incertidumbre por visas y seguridad. La elección no fue casual: le permite permanecer fuera de Estados Unidos y cruzar solo para jugar sus partidos, dos en Los Ángeles y uno en Seattle. Varios miembros del staff no recibieron visas, la asignación de entradas para hinchas iraníes fue revocada y Marco Rubio dejó claro que nadie vinculado a la Guardia Revolucionaria iba a colarse en la delegación.

Ese periplo muestra hasta qué punto la FIFA tuvo que ceder ante Estados Unidos y hasta qué punto la guerra se metió en el corazón del espectáculo. El caso Irán prueba que la FIFA puede presentarse como poder global autónomo, pero en última instancia depende de los gobiernos. Sobre todo, ante un gigante como Estados Unidos.

La FIFA planificó un Mundial que le dejaba todo servido en bandeja a Trump para cumplir sus objetivos: 11 de las 16 sedes, 78 de los 104 partidos, la final en Nueva Jersey y el aparato comercial, mediático y de seguridad más potente. Pero la realidad se está entrometiendo en los planes y hoy hay relatos fuertes que van en contra del que Trump pretendía imponer.

Esto recién empieza y la Copa puede ser un éxito, que se convertiría en una victoria para el presidente. Pero si el torneo queda marcado por restricciones, deportaciones, tribunas vacías, protestas o una nueva escalada militar, la lectura puede invertirse. Irán podría perder todos sus partidos y aun así quedarse con una pequeña victoria geopolítica: lograr que el Mundial que debía hablar del poder estadounidense termine hablando de sus limitaciones.