A siete meses de la oficialización de las candidaturas para las elecciones primarias, el camino hacia las urnas aparece marcado por un gran interrogante. Si bien en las filas del PRO confían en la continuidad del tridente que gobierna la Nación, la Ciudad de Buenos Aires y el territorio bonaerense, las dificultades que presenta el escenario económico eliminaron las "certezas" que los analistas políticos tenían, al menos hasta hace seis meses atrás, sobre una segura reelección presidencial y alimentaron un debate político que derivó en un creciente malestar entre los socios de la fuerza gobernante, reflejado en las críticas expresadas en su momento por Elisa Carrió y, más recientemente, por el radicalismo.

La inflación comienza a ceder en noviembre por efecto de la política monetaria contractiva del Banco Central, pero su feroz paso por el último bimestre dejó su huella en el crecimiento de la pobreza, un indicador que el oficialismo hoy ve más preocupante para sus aspiraciones electorales que el avance del riesgo país. Esto pese a que esa luz roja que se enciende sobre la deuda argentina, revela también una mirada que más allá de un contexto internacional menos favorable, focaliza en las dudas sobre el futuro que genera la caída de la imagen presidencial y las invocaciones antimercado de aspirantes opositores al sillón de Rivadavia.

Sin embargo la atomización del peronismo, con un bloque de gobernadores que rechaza la posibilidad de una interna con Cristina Kirchner, deja un escenario abierto en el que una mejora de la economía permitirá fortalecer las chances de Cambiemos. La pregunta hoy es si ese repunte llegará a tiempo e influirá en electorado o si, como prevén algunos analistas, se impondrá el rechazo a Cristina o Macri por sobre las propuestas a la hora de definir el voto.