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Hay trayectorias profesionales que se construyen en línea recta y otras que avanzan trazando una diagonal perfecta entre sectores en contraste, impulsadas por un mismo hilo conductor: la curiosidad estratégica y la agilidad para decodificar entornos complejos. Federico Balige, el nuevo hombre fuerte al frente de Getnet y de las operaciones emergentes de la compañía en la región (Uruguay y Colombia), pertenece sin duda a esta segunda estirpe. Su historia no comenzó entre pantallas de Bloomberg ni en los mostradores de acreditación bancaria, sino en los pasillos de los medios de comunicación masiva, gestionando los complejos derechos de exhibición cinematográfica de Telefe mientras avanzaba a paso firme en la Licenciatura en Economía en la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Aquel joven estudiante que con apenas 20 años ya lidiaba con la depreciación contable de los contratos de distribución de “Los Simpson” y los activos fílmicos del Grupo Telefónica, consolidó allí una templanza ejecutiva que más tarde resultaría determinante. Tras seis años de inmersión intensa en el ecosistema mediático (pasando previamente por Radio Continental), en 2006 tomó una decisión pivotal: dar el salto hacia una industria incipiente, técnica y de altísima escala que resonaba de manera directa con su vocación por la ciencia económica. Así fue como desembarcó en Argencard, adentrándose para siempre en las tripas del negocio adquirente, aquel engranaje invisible pero vital que conecta a los comercios con las redes globales de procesamiento de pagos.
Dos décadas más tarde, habiendo liderado operaciones complejas en toda Latinoamérica, atravesado transacciones internacionales de M&A bajo tensión geopolítica y acumulado un kilometraje ejecutivo respetable, asume el mando de Getnet en la Argentina. La meta trazada es ambiciosa: transformar a la compañía —un actor de tan solo seis años en el mercado local pero respaldado por el músculo global del Grupo Santander— en un jugador indiscutido del país, apuntando a triplicar su cuota de mercado en los próximos 24 meses.
En un mano a mano exclusivo para el especial CEO Profile de APERTURA, el directivo desglosa su bitácora de vuelo, analiza el híper competido escenario de la adquirencia argentina, reflexiona sobre la gestión del talento en momentos de incertidumbre extrema y explica cómo la pasión por la música le otorga el balance perfecto para liderar en tiempos de cambio permanente.
Con ADN regional
“Estudié Economía en la UBA y trabajé durante seis de los siete años que me llevó hacer la carrera”, rememora Balige sobre sus cimientos profesionales. La disciplina para balancear las aulas universitarias con el rigor corporativo forjó temprano un perfil ejecutivo todoterreno. En 2006, la entrada al universo de los medios de pago marcó el inicio de un idilio profesional que ya suma 20 años. “Siempre trabajé dentro de la parte adquirente, esa porción de la industria que se encarga de dar servicio al comercio y no al tarjetahabiente. Cada transacción con tarjeta de crédito, débito o código QR requiere de un comercio y de un cliente; mi foco siempre estuvo en facilitarle la vida a la primera mitad de esa ecuación”, explica.
Con la convicción de profundizar su background analítico, en 2007 decidió financiar por su propia cuenta un posgrado en el exterior. Hizo las valijas hacia Madrid para cursar una maestría en Finanzas, combinando nuevamente la excelencia académica con la práctica en el Banco Santander. Aquella experiencia internacional no solo refinó su solvencia técnica, sino que reforzó un vínculo cultural con el grupo bancario que años más tarde terminaría reencontrando.

A su regreso a la Argentina en 2008, reingresó a First Data (actualmente Fiserv), iniciando un ciclo de casi una década donde profundizó su dominio sobre la dinámica del mercado adquirente local. Sin embargo, su inquietud por expandir fronteras lo empujó en 2016 hacia Ingenico ePayments (hoy Worldline), la firma europea especializada en soluciones de comercio electrónico. Allí asumió la responsabilidad de comandar las alianzas estratégicas para toda América latina.
“Ingenico me dio la primera exposición real a la adquirencia regional. Me permitió vincularme con actores de Brasil, Chile, México, Perú y Colombia, comprendiendo que cada geografía posee una regulación, una madurez financiera y un comportamiento del consumidor absolutamente singular”, detalla. Aquel aprendizaje situacional fue la rampa de lanzamiento para su posterior salto a PayU en 2020, desembarcando como Country Manager para la Argentina y Chile, para luego escalar de forma acelerada hasta ocupar el sillón de CEO para Latinoamérica.
Pilotear la incertidumbre
El paso del ejecutivo por PayU no sólo consolidó su reputación como un gestor regional de alta eficiencia, sino que lo puso al frente de un verdadero “bautismo de fuego” en el terreno de las fusiones y adquisiciones internacionales. Durante su gestión como máximo responsable de Latam —liderando un equipo de más de 450 personas distribuidas entre Bogotá, Ciudad de México, San Pablo, Lima y Buenos Aires—, la compañía inició un proceso global de desinversión que derivó en la venta de sus operaciones en África, Europa del Este y Latinoamérica al gigante Rappi.
“Fue una experiencia profesional de M&A verdaderamente espectacular, trabajando codo a codo con bancos de inversión y superando etapas intensísimas de due diligence que parecían salidas de un episodio de Shark Tank”, repasa. Sin embargo, la operación sumó un componente impredecible cuando el estallido del conflicto armado en Medio Oriente en octubre de 2023 impactó de lleno en la cúpula corporativa de la firma compradora, de origen israelí.
“Getnet tiene dos características distintivas: es un adquirente respaldado por la solidez y el alcance de un grupo bancario global, pero a la vez opera como una compañía independiente y tecnológicamente agnóstica”
Liderar a un equipo multidisciplinario disperso por todo un continente durante casi año y medio de proceso en medio de semejante grado de incertidumbre internacional exigió un estilo de conducción basado en la empatía, la transparencia y el temple. “Vendimos la compañía en agosto de 2023 y el takeover definitivo recién se concretó en febrero/marzo de 2025. Durante todo ese lapso, nuestro mayor orgullo fue mantener al equipo enfocado, estoico y comprometido, logrando incluso que la casa que entregamos fuera operativamente mejor que la que habíamos comprometido en los papeles. Garantizamos que el negocio no perdiera tracción pese al ruido externo”, afirma.
Con el traspaso concluido con éxito y la satisfacción del deber cumplido, Balige sintió que un ciclo de altísima exigencia se cerraba. A ello se sumaba un factor personal decisivo: la necesidad de afianzar raíces familiares tras años de un ritmo itinerante agotador que lo llevaba a pasar más de dos semanas al mes embarcado en aviones hacia Tel Aviv, Varsovia, Bogotá, San Pablo o Santiago de Chile. “Tengo dos hijas chiquitas y la posibilidad de volver a hacer base firme en Buenos Aires fue un detonante de peso”, confiesa.
El desafío Getnet
El reencuentro con el Grupo Santander se dio de forma natural a fines de 2025, cuando aceptó la propuesta de ponerse al frente de Getnet Argentina, Uruguay y Colombia. La oferta no solo representaba el regreso al país, sino un proyecto de transformación con una escala impactante: Getnet procesa globalmente más de 1.000 millones de transacciones mensuales a través de una red que supera los 1,2 millones de comercios adheridos, ostentando posiciones de liderazgo consolidado en plazas estratégicas como Brasil, México y España.
“Getnet tiene dos características distintivas muy potentes: es un adquirente respaldado por la solidez y el alcance de un grupo bancario global, pero a la vez opera como una compañía independiente y tecnológicamente agnóstica. Nuestros dispositivos POS y nuestras soluciones de cobro no exigen que el comerciante opere de manera exclusiva con Santander; acreditamos las ventas en cualquier entidad financiera del sistema”, subraya el ejecutivo.
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