
Aunque los trasplantes crecen en la Argentina (un 13,6% interanual en el período de entre enero y mayo de 2026, según el Ministerio de Salud), la demanda de órganos que hay en el país sigue sin cubrirse. Desde ese lugar, investigadores, hospitales, sistemas de salud, empresas y compañías de biotecnología se preguntan qué más se puede hacer para achicar la brecha.
El desafío no pasa únicamente por conseguir una mayor cantidad de órganos. Una parte significativa del problema se presenta incluso antes de que los pacientes ingresen a la lista de espera: muchas personas que se encuentran en diálisis ni siquiera llegan a iniciar el circuito de evaluación e inscripción necesario para acceder a un trasplante.
Desde el Instituto de Alta Complejidad (ITAC), que realiza alrededor de 200 trasplantes renales por año en Argentina, advierten que las dificultades atraviesan toda la cadena del proceso. Esto incluye desde la detección y derivación temprana de los pacientes hasta la procuración, la donación y, finalmente, el trasplante. “El quirófano es apenas la última etapa de un proceso mucho más amplio”, explica Lionel Barrabino, gerente general de ITAC.
Pero incluso si ese circuito continuara mejorando hay un problema estructural: “La disponibilidad de órganos depende de circunstancias biológicas y clínicas que no pueden crecer indefinidamente al mismo ritmo que la necesidad”, comienza el Dr. Gustavo Werber, director Médico del Instituto de Alta Complejidad. A partir de ahí surge otro interrogante: ¿cómo generar más órganos disponibles sin depender exclusivamente de la donación humana?
La respuesta de la ciencia
Hay una carrera científica global y las propuestas están impulsadas por la tecnología. Como en muchos ámbitos, Estados Unidos y China concentran buena parte de los desarrollos más avanzados, con investigaciones que van desde órganos de animales modificados genéticamente hasta máquinas capaces de mantenerlos funcionales fuera del cuerpo durante horas y herramientas de inteligencia artificial aplicadas a la selección, preservación y asignación de órganos.
Uno de los campos que más expectativas genera es el de los xenotrasplantes: la utilización de órganos de animales, principalmente cerdos, modificados genéticamente para intentar reducir las barreras que hasta ahora impiden su utilización en seres humanos.

Se trata de un tema que genera debate y miradas contrapuestas. “Para quienes trabajamos todos los días con pacientes que necesitan un trasplante, la escasez de órganos es un problema que se impone más allá de cualquier discusión teórica”, afirma Werber.
En Estados Unidos uno de los casos más icónicos es el de eGenesis, una empresa biotecnológica surgida de investigaciones del Wyss Institute de Harvard y Harvard Medical School. En marzo de 2024, el Massachusetts General Hospital realizó el primer trasplante de un riñón de cerdo genéticamente modificado a un ser humano: el paciente fue Richard Slayman, de 62 años, que padecía una enfermedad renal terminal y ya había recibido previamente un riñón humano que había dejado de funcionar.
En 2025, China concretó otro avance clave: médicos del Hospital Xijing realizaron el primer trasplante de un riñón de cerdo genéticamente modificado a un paciente vivo en Asia. El órgano, desarrollado por Clonorgan Biotechnology, comenzó a producir orina inmediatamente y continuaba funcionando seis días después, con los niveles de creatinina del paciente normalizados.
Ahora, Argentina empieza a aparecer en el escenario.
Los avances de Crofa Biotech
El caso local tiene como protagonista a Crofabiotech, una startup argentina que logró el nacimiento del primer cerdo clonado con triple edición genética de América Latina. El desafío científico es particularmente complejo. No alcanza con conseguir que un órgano animal sea funcional: el organismo humano puede reconocerlo como extraño y generar una respuesta inmunológica capaz de provocar su rechazo. Por eso, buena parte de la investigación busca modificar genéticamente al animal para reducir esas incompatibilidades y aumentar las posibilidades de que sus órganos puedan ser utilizados en humanos.
“Este tipo de cerdos con tres genes modificados genéticamente busca resolver el rechazo hiperagudo al ser trasplantados a humanos, evento que ocurre en los primeros 30 minutos post trasplante”, detalla Adrián Mutto, investigador del CONICET y especialista en clonación y edición genética animal, además de CEO de CrofaBiotech.

El proceso llegó a producir unos 300 embriones por semana. En conjunto con la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA, Crofa estandarizó la transferencia de embriones a cerdas receptoras y, después de un año de trabajo, logró las primeras preñeces. Tras una gestación de tres meses, tres semanas y tres días, nacieron los primeros animales clonados y genéticamente modificados.
De cara a mayores avances, Crofabiotech trabaja en una nueva generación de cerdos con cuatro genes inactivados y seis genes humanos incorporados a su genoma, que la compañía prevé obtener a comienzos de 2027.
Aún resta para comenzar a realizar los estudios clínicos, pero preparándose para esa instancia, la startup ya trabaja en conjunto con INCUCAI, CONABIA (Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria de Argentina) y, próximamente, estiman hacerlo con ANMAT en lo que respecta a regulaciones, habilitaciones y diseños de ensayos. El objetivo es avanzar progresivamente hacia animales cuyos órganos presentan una mayor compatibilidad con el organismo humano.
El objetivo, sin embargo, todavía no es una alternativa disponible para los pacientes. En un campo como el de los xenotrasplantes, cada avance debe atravesar nuevas etapas de investigación, validación, evaluación de seguridad y aprobación dentro de los marcos regulatorios y éticos correspondientes. El valor de estas investigaciones está, por ahora, en abrir una vía que podría ampliar las alternativas disponibles en el futuro.
Ingeniería financiera para la innovación
Independientemente de los tiempos prolongados de investigación y testeos, Adrián Abalovich, médico cirujano y CSO de Crofabiotech, asegura que este tipo de soluciones para la salud humana requieren de una “ingeniería financiera” que combine financiamiento privado y público, tanto de nivel nacional e internacional.
Avalian, una empresa de cobertura de salud, fue la primera compañía privada en invertir en Crofabiotech. A ese impulso económico se sumó el rol de ITAC, que forma parte de su ecosistema de salud y aporta experiencia clínica y de investigación en trasplantes. “La decisión tiene que ver con una visión sobre el futuro de la salud: creemos que una empresa del sector también puede participar en el desarrollo de conocimiento y acompañar a quienes están trabajando para convertir ese conocimiento en nuevas alternativas para los pacientes”, recalca Guillermo Bulleri, gerente general de Avalian.
Bulleri entiende que la participación del sector privado no debería limitarse a incorporar soluciones tecnológicas ya disponibles, sino también a contribuir a desarrollar aquellas que todavía están en etapa de investigación. “Cuidar la salud no consiste únicamente en financiar prestaciones o mejorar la experiencia de los asociados; también implica contribuir al desarrollo de las soluciones que la medicina y las personas van a necesitar en el futuro”, afirma.
La investigación científica requiere recursos, continuidad, articulación entre empresas, universidades, hospitales e investigadores y reglas claras que permitan sostener proyectos cuyo resultado no necesariamente aparece en el corto plazo.
Desde Crofabiotech sostienen: “Estructuralmente, Argentina cuenta con un sólido ecosistema biotecnológico integrado por instituciones científicas y tecnológicas de prestigio internacional; reconocido talento emprendedor y organismos regulatorios de referencia. Esto nos posiciona en un lugar de privilegio que requiere, para continuar expandiéndose, de políticas que promuevan el desarrollo científico-tecnológico, un marco legal estable que permitan previsibilidad a largo plazo, estabilidad económica y un mercado de capitales que confíe en las oportunidades que la biotecnología genera”.
La donación humana seguirá siendo una pieza central del sistema, pero la carrera tecnológica apunta a complementar ese modelo con nuevas herramientas: mejores sistemas de preservación, inteligencia artificial y, en un horizonte todavía experimental, órganos de animales modificados genéticamente. La promesa del xenotrasplante no es reemplazar la donación, sino ampliar el universo de órganos disponibles.













