COSTO DE SER VERDE

Este problema afecta a todas las empresas, pocas lo quieren ver y a los argentinos les importa cada vez máses: el costo de no ser verde

Crece la cantidad de pymes que ponen eje en el cuidado del medio ambiente. Sea por conciencia social, por oportunidad de negocio, por tendencia del mercado, por no perder consumidores o por imposición de las regulaciones, todos los espicalistas coinciden de que no hay espacio para desatender el tema

La pospandemia puso en primer plano la necesidad de tomar conciencia y preservar el medio ambiente y las pymes han hecho su replanteo. Ante consumidores que exigen transparencia, acción y compromiso genuino, el rol de las empresas se vuelve crucial para materializar el cambio.

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"Según una investigación que realizamos en Trendsity, el 76% de las personas considera que las empresas son las primeras que deberían cambiar su forma de hacer negocios en pos del medio ambiente. En este marco, su capacidad para marcar tendencia e inspirar cambios en la sociedad, de influenciar positivamente en nuestros vínculos como sociedad y con el entorno construyendo comunidad, requiere de compañías comprometidas, con conciencia de su responsabilidad como actores sociales y agentes de cambio", reflexiona Mariela Mociulsky, CEO de Trendsity y presidenta de Saimo.

En este sentido, el sector privado ha logrado hacer avances pero aún tiene desafíos significativos por delante. Existen organizaciones donde está totalmente internalizada la generación de impacto positivo en el modelo de negocio, pero hay muchas otras donde aún se conciben las estrategias ambientales como algo adicional e inconexo con la propuesta de valor y, en consecuencia, sus actividades implican un deterioro del planeta.

SER VERDE O NO SER

"Estoy convencido de que no lo harán y hay dos motivos que lo respaldan. Tenemos un solo mundo y estamos a una velocidad que necesitaríamos contar con dos de ellos y sus recursos. Y el segundo motivo tiene que ver con que los consumidores estamos aumentando nuestra exigencia en la calidad e integridad ecosistémica de lo que queremos. Hay una enorme tendencia a la aparición de empresas pymes que son 'nativas sustentables', donde el corazón de su negocio es la sustentabilidad, y eso es una gran diferencia para las que aún no se transformaron", sentencia Gustavo Rodríguez, director de la carrera de Ingeniería industrial del ITBA.

Otra mirada es la que tienen Leonardo Valente, director de ASEA. "Es posible que en el corto y mediano plazo sí persistan, pero a medida que las sociedades evolucionan empiezan a ser más críticas y demandantes de acciones responsables, y lo traducen en sus decisiones de consumo y también en la manera en la que se expresan en sus redes, influenciando al resto de las personas, por lo que no debería haber organización que no tenga en cuenta una contabilidad no solo ambiental sino de triple impacto al plantear su sostenibilidad".

Lo cierto es que el tiempo de actuar es ahora. "Estamos ante una oportunidad histórica para las marcas como agentes de cambio y guía para la sociedad que espera mayor involucramiento por parte de las organizaciones. Se demanda más compromiso y articulación del sector público y el privado, y también ayuda para canalizar los esfuerzos, para facilitar el cambio de hábitos. De acuerdo a la investigación mencionada, el 58% no sabe dónde o cómo colaborar con el cambio y que esperan espacios, información y formación al respecto. En este sentido, las compañías que no acompañen e impulsen iniciativas responsables con el medio ambiente perderán la lealtad de sus consumidores independientemente del tamaño de la empresa o de a qué industria pertenecen", dice Mociulsky.

En este camino, la integración de aspectos ambientales (y sociales) a sus modelos de negocio es clave. "No existe una receta establecida para incluir de manera efectiva el eje ambiental, sino que cada organización tiene la oportunidad de sumarlo hoy al centro de su propuesta de valor en pos de contar con un diferencial tanto en el presente como de cara al futuro", amplía Federico Gomez Guisoli, director ejecutivo en Kolibri.

"Desde el punto de vista de los consumidores, las empresas son productoras de bienes y servicios que extraen del medio ambiente distintos recursos renovables y no renovables. Si bien no son las únicas responsables del estado del medioambiente, sí son una parte involucrada y como tendencia, se mide cada vez más la huella de carbono o impacto de la producción y comercialización de los productos o servicios en el ambiente. Las pymes deberán y deben, como toda empresa, involucrarse en estas temáticas porque son una preocupación creciente de los consumidores y si quieren seguir siendo relevantes para ellos, deben contemplar sus preocupaciones o corren el riesgo de afectar sus ventas o su reputación", sentencia Ximena Díaz Alarco n, cofundadora y directora de Contenidos de la consultora regional especializada en investigación y tendencias Youniversal.

El cambio también involucra otros aspectos. "Me gustaría pensar que el "deber moral" de las empresas sea suficiente para revertir su impacto pero ya vemos que no alcanza, se necesita de políticas públicas y condiciones contextuales que ayuden en esa materia. Porque es el Estado quien, además, accede a mayor información, la cual muchas veces es inalcanzable para empresarios o emprendedores. Por ejemplo, desde los años setentas la comunidad científica viene anunciando que los recursos se vienen consumiendo más rápido de lo que pueden regenerarse. Con las alarmas prendidas desde esa época,

¿Cómo es que llegamos al 2022 con tan escasas e insuficientes acciones? Quiero pensar que todo fue la construcción de un sistema económico que hoy vemos que es insostenible", reflexiona Fedra Mauricci, creadora de Back in Fashion, especialista en Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en la industria de la Moda y Textil. Asimismo, la especialista sentencia que sin cuestión ambiental no sólo las pymes, sino tampoco la humanidad sobrevivirá.

"Las empresas y los emprendedores son quienes deben sumar esfuerzos colaborativos para encontrar soluciones innovadoras a los desafíos ambientales actuales, a partir del fortalecimiento de un nuevo paradigma que pone el foco en el bien común. Junto a los Gobiernos, deben hallar nuevas opciones para alcanzar patrones de producción y consumo sustentable, tomando como hoja de ruta a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El camino es ese, pero sólo se puede dar en una economía sana", dice a propósito la especialista en ODS.

La sostenibilidad no es un producto, es un modelo de negocio, son los valores de la empresa y cada una de sus decisiones. Por eso, en cuanto al papel que deben jugar en la puesta en práctica de soluciones eficaces ante la crisis medioambiental, Maurici aporta ideas: "Una manera de empezar es clasificando todos los desperdicios que se generan, tomar contacto de ellos, o evaluar con las facturas de los servicios en mano (Luz, Agua y Gas) si se hace un uso eficiente de los recursos, sólo para empezar a pensar en pequeñas acciones. La educación es fundamental, así como conocer nuevos modelos de negocios y economías de impacto, como la economía azul, verde, feminista, del bien común o circular para alinear los objetivos de la empresa a los mismos".

Ahora bien, muchas veces las empresas suelen ser verdes de boca para afuera (greenwashing). "Las que recaigan en eso estarán perdiendo el tiempo ya que no están haciendo las transformaciones para que su negocio sea perdurable a futuro. Están dejando pasar la oportunidad de poner toda su creatividad, innovación, energía e inteligencia para convertirse en una empresa perdurable. Los profesionales que estamos formando en las universidades, particularmente los ingenieros industriales, cada vez tienen más instalado en el centro de su propósito la conciencia ambiental y la obligación de ser gestores del cambio", advierte Rodríguez.

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