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En la Argentina, la moda circular no nació de la mano de las marcas; sino que fueron emprendedores independientes quienes tomaron la posta y armaron propuestas para que los usuarios vendieran sus prendas usadas.
Esta radiografía es que la hicieron los fundadores de Pacto Collective una iniciativa que idearon Ignacio Del Campo (CEO); Nick Teperman (CCO); Octavio Muñoz (CTO) y Tomás Albano (COO) y que busca darle una solución tecnológica a las propias etiquetas para que sean ellas parte del proceso de economía circular, aún más en momentos como el actual donde la indumentaria pasa por un momento crítico en el que tienen que competir con Shein y Temu, además de con las firmas del mundo que llegan a la Argentina, en medio de consumo retraído.
El emprendimiento que nació a principio de 2025, ayuda a las etiquetas de forma fácil a armar un programa para que puedan vender prendas usadas. Así, los clientes que lleven sus prendas a los locales reciben créditos para otra compra.
Hoy ya tiene en el país ocho marcas reconocidas usándolo y una en Brasil; ya opera en 30 locales físicos y recirculó más de 80.000 prendas. A la vez que están hablando con más firmas en la Argentina y también en Chile. Entre las que ya trabajan con Pacto se encuentran: Wanama -la primera en subirse a Pacto-, 47 Street, Jazmín Chebar -que ya tenía su propio programa y ahora busca mejorarlo y replicarlo-, Lázaro, Wrangler, Martha, Elisa Bsas, Usina Rhodia y My Basic en Brasil.
“Vimos todo el valor que había hundido en los placares de la gente, ropa que no se mueve. Y, si bien había otras opciones como los marketplaces de segunda mano, los agentes más importantes de este ecosistema que son los que crean esa ropa no estaban jugando. Las marcas se estaban quedando afuera”, define a El Cronista Nick Teperman, que al igual que otros dos de sus socios viene de la consultoría. Y suma: “Para nosotros es una oportunidad muy grande. Shein y Temu no tienen historia en el placard de la gente”.

En el mundo circular hay dos tipos de usuarios muy interesantes para las marcas: el comprador de la ropa usada y el vendedor. En ambos casos, las etiquetas se pierden ese contacto.
“Hoy por hoy hay muchos clientes que compran ropa usada y lo hacen en otro lugar; ya sea por una cuestión de principios o porque no pueden acceder a prendas de marcas nuevas”, explica el emprendedor.
Por otro lado, el vendedor, que en algún momento de su vida interactuó con la marca, ahora en vez de volver a hacerlo se mueve por fuera del entorno de esa etiqueta.
En el mundo, la venta de prendas usadas es una tendencia a la que se subieron muchas etiquetas. “En los Estados Unidos y en Europa las marcas tienen sus propios programas de economía circular y firmas de todo tipo como Patagonia, que fue pionera; hasta Levy, Zara, New Balance; o una etiqueta más del mundo del lujo como Sandro que acaba de llegar a la Argentina”, detalla.
Cómo funciona Pacto Collective
La solución da a las marcas toda la tecnología para poder poner en práctica un programa de economía circular: desde emitir los créditos para los clientes que traen sus prendas usadas hasta dar de alta las prendas en stock. “Ayudamos a las etiquetas a digitalizar las prendas y ponerles un precio de una manera muy fácil: le sacas una foto y el sistema te encuentra el precio original y te calcula a qué precio la deberías vender”, detalla el emprendedor.

Incluso, en el caso que no se encuentre un producto, el sistema te recrear la imagen y te hace una foto profesional de la prenda para que se pueda publicar.
“A algunos clientes, además, también le damos soporte físico, con lugar en depósitos para guardar prendas”, suma.
De esta forma, Pacto Collective apunta a tres patas muy importantes para la marca:
“Buscamos que tenga foco en el negocio. Las marcas hoy están necesitando otras avenidas de venta y formas de generar interacción con la gente, no solo lealtad con los compradores, sino generando nuevo clientes”, asegura Teperman.
Por otro lado, te permite recomercializar la prenda en un sistema circular a un precio muy competitivo, “uno de los problemas más grandes que tienen las marcas con la competencia que viene de afuera”. Y a la vez, permite cuidar mucho los precios sin necesidad de tener que bajarlos con promociones y descuentos.
Según Teperman, esto abre toda una nueva unidad de negocios que hoy las marcas no estaban viendo. Y de hecho da número:
• El 50% de los que compran por el canal circular son clientes nuevos de la marca.
• El consumidor que entrega una prenda y recibe crédito termina gastando 3 veces más que lo que recibió.
• Hay locales donde el 5% de la facturación ya viene de estas transacciones circulares
• El programa crece 25% trimestre a trimestre
El caso de 47 Street
47 Street es una de las marcas que se sumó a la iniciativa. La etiqueta, que va dirigida especialmente a adolescentes, reconoce que sus clientes crecen rápido y de año a año deben renovar su vestidor.
“Queremos acompañar a nuestros clientes en toda la etapa de crecimiento y con esta propuesta hacemos foco en la accesibilidad. Les damos las herramientas para que puedan comprarse una nueva prenda”, señala Julieta Ludin, responsable de Administración y Finanzas de la marca local.

La firma, que tiene 21 locales propios y 70 franquicias, se sumó a Pacto en septiembre de 2025 con dos locales que recibían las prendas usadas; hoy ya son siete en CABA y GBA. “La idea es extender la propuesta a otros puntos de venta”, reconoce Ludin, quien detalla que, hoy por hoy, que para comprar prendas usadas la propuesta es digital a través de su plataforma web aunque en un futuro podrían poner percheros en los locales o alguna opción física.
En cuanto a los resultados, la responsable del programa señala que es una gran oportunidad para fidelizar a las clientas y confirma que cada vez que se hace un “canje” de puntos, las clientas gastan un poco más.
“La posibilidad de cambiar las prendas usadas por puntos es una excelente excusa para volver”, afirma Ludin, quien suma que de esa forma “nosotros controlamos la narrativa desde el lado de la mara en esta era de economía circular”.
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