Fidulac S.A., la sociedad presidida por el empresario Gustavo Scaglione y acreedora de la láctea, pidió a la Justicia que deje sin efecto el pliego licitatorio y que suspenda el proceso de venta de SanCor.
La presentación apunta directamente contra la resolución firmada por el juez Marcelo Gelcich el 11 de junio, que aprobó las bases y condiciones para la liquidación de las plantas industriales, las marcas y otros activos de SanCor. Para la sociedad, el esquema diseñado no sólo presenta irregularidades procesales sino que, además, podría terminar reduciendo el valor de los bienes que integran la quiebra y perjudicando a los acreedores.
Para ello presentó un recurso de revocatoria con nulidad. Según argumenta, avanzar con el proceso podría generar “consecuencias de imposible o extremadamente difícil reparación ulterior”, ya que una eventual adjudicación de los activos haría muy difícil revertir posteriormente las decisiones adoptadas.
La firma no es un actor ajeno a la historia reciente de SanCor. Se constituyó en 2021 y fue una de las impulsoras del fideicomiso SanCor Capital, una iniciativa empresarial diseñada para el salvataje y reestructuración financiera de la cooperativa láctea.
En esa oportunidad, con una inyección de u$s 60 millones, Marcelo Figueiras, presidente de Laboratorios Richmond; José Urtubey, hermano del exgobernador de Salta y exaccionista de Celulosa Argentina; Jorge Estévez, Scaglione y Leandro Salvatierra pretendían hacerse cargo de la administración de SanCor, pero finalmente dieron un paso al costado.

Ahora, la sociedad argumenta que nunca se realizó una valuación de la cooperativa como negocio integral y que tampoco se comparó cuánto podría obtenerse mediante una venta unificada respecto de una liquidación por partes.

Fuentes con conocimiento del caso explicaron a El Cronista que allí radica el núcleo de la discusión económica. “La Ley Concursos y Quiebras dice que hay que tratar de maximizar el valor de los activos para poder pagar la mayor cantidad posible de pasivo. Esta licitación va en sentido contrario”, señalaron.
Según esas fuentes, en el contexto actual de la cooperativa, el principal activo no son las plantas industriales sino las marcas. “Los ‘fierros’ valen poco y nada. Lo que vale es la marca SanCor. Produciendo exactamente lo mismo, pero con esa marca, una empresa puede capturar entre un 10% y un 15% más de valor por producto”, afirmaron.
La presentación agrega que una planta industrial vinculada a marcas reconocidas tiene un valor económico sustancialmente superior al de una planta aislada y sin continuidad comercial asociada. Por eso sostiene que la metodología aprobada “compromete uno de los principios rectores de todo procedimiento liquidatorio: la maximización del valor de realización de los activos en beneficio de la masa de acreedores”.
En ese sentido, de acuerdo a lo que comentaron las fuentes, si cada planta estuviera asociada al uso de una marca de SanCor podrían aparecer más interesados y una mayor competencia. “Van a haber muchos más jugadores dispuestos a pujar por quedarse con esos activos”, explicaron.
Además de los cuestionamientos de fondo, Fidulac también planteó objeciones sobre el procedimiento. Entre otras cuestiones, denunció que no intervino el Comité de Acreedores, cuestionó el funcionamiento de la sindicatura plural y sostuvo que los acreedores no tuvieron acceso efectivo a las tasaciones que sirvieron para fijar los valores base de la licitación.
La carrera por SanCor
A fines de mayo se dieron a conocer seis interesados en quedarse con activos de la firma, luego de que participaran de la primera reunión formal en Sunchales, Santa Fe, encabezada por Gelcich. Se trata de Adecoagro, Savencia, Punta del Agua, Elcor, La Tarantela, y el grupo de Scaglione que no pudo asistir presencialmente.
Hace apenas unos días, se determinó un precio para la histórica cooperativa. A dos meses de su quiebra, la Justicia presentó el pliego licitatorio que ahora se busca revocar y fijó una base de u$s 52,1 millones para la venta de sus 6 plantas industriales y su cartera de marcas.
Mientras que u$s 27,4 millones corresponden al conjunto de las plantas industriales, los restantes u$s 24,7 millones son para la marca principal SanCor -u$s 18,7 millones- y sus submarcas asociadas (Mendicrim, Quesabores, Tolem y Santa Brígida, entre otras).
Entre las unidades productivas, la de mayor valor es la planta cordobesa de Devoto, tasada en u$s 7 millones. Le siguen Gálvez, con una base de u$s 5,5 millones, y las plantas de La Carlota y Balnearia, ambas valuadas en u$s 5 millones. Por su parte, la planta de San Guillermo se fijó en u$s 2,5 millones, y Sunchales, la histórica sede de la cooperativa, con un valor de referencia de u$s 2,4 millones, un 20% menor de su valor original luego que se viera afectada por un incendio.

















