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La histórica láctea argentina ya tiene precio. A dos meses de la quiebra de SanCor, la Justicia fijó una base de u$s 52,1 millones para la venta de sus 6 plantas industriales y su cartera de marcas.

Según dispuso Marcelo Gelcich, el juez que lleva adelante la causa, la venta de los activos se hará a través de una licitación pública estructurada en 7 lotes: 6 corresponden a las plantas productivas ubicadas en Santa Fe y Córdoba, mientras que el séptimo agrupa las marcas y otros activos intangibles de la cooperativa.

La valuación aprobada por el tribunal asigna u$s 27,4 millones al conjunto de las plantas industriales y otros u$s 24,7 millones a la marca principal SanCor -u$s 18,7 millones- y sus submarcas asociadas entre las que se encuentran Mendicrim, Quesabores, Tolem y Santa Brígida, entre otras.

Entre las unidades productivas, la de mayor valor es la planta cordobesa de Devoto, tasada en u$s 7 millones. Le siguen Gálvez, con una base de u$s 5,5 millones, y las plantas de La Carlota y Balnearia, ambas valuadas en u$s 5 millones. Por su parte, la planta de San Guillermo se fijó en u$s 2,5 millones, y Sunchales, la histórica sede de la cooperativa, con un valor de referencia de u$s 2,4 millones, un 20% menor de su valor original luego que se viera afectada por un incendio.

De tal modo, los interesados podrán competir por unidades productivas por separado o presentar una oferta por la totalidad de los activos de la cooperativa. La resolución también estableció las condiciones que deberán cumplir. El pliego tendrá un costo de u$s 10.000 y quienes participen deberán constituir una garantía equivalente al 10% de la oferta presentada.

La adjudicación no dependerá exclusivamente del monto ofrecido. La Justicia evaluará otros factores, entre ellos la continuidad de la actividad productiva, la preservación de puestos de trabajo, la capacidad financiera de los oferentes y la viabilidad de los proyectos presentados.

SanCor: quiénes son los interesados en quedarse con la láctea

Tras la quiebra de SanCor, algunos de los principales jugadores de la industria alimenticia ya habían iniciado movimientos, incluso antes de que se presentara formalmente el pliego licitatorio.

A fines de mayo se dieron a conocer seis interesados en quedarse con activos de la firma, luego de que participaran de la primera reunión formal en Sunchales, Santa Fe, encabezada por Gelcich. Se trata de Adecoagro, Savencia, Punta del Agua, Elcor y La Tarantela. También resonó el nombre de un empresario rosarino que analiza presentar una oferta junto a socios del exterior.

El interés de las firmas por SanCor no es nuevo. Entre 2018 y 2019, Adecoagro se quedó con marcas de la cooperativa como Las Tres Niñas, Angelita y Apóstoles, además de plantas industriales en Chivilcoy y Morteros. Algo similar sucedió con la francesa Savencia, dueña de marcas como Milkaut, Santa Rosa y Adler que, en 2019, le compró a SanCor la marca Tholem por u$s 6 millones.

Por su parte Elcor, la dueña de la marca Tonadita, ya mantenía acuerdos de producción y distribución con la cooperativa y desde 2025 participa de la operación de la planta de Devoto, una de las unidades incluidas en la licitación judicial. En lo que respecta a La Tarantela, la productora de quesos frescos se hizo con la planta que SanCor tenía en la localidad de Centeno, en 2017.

Las claves de la caída de la cooperativa

La Justicia declaró la quiebra de SanCor tras arrastrar una deuda de u$s 120 millones y luego de que la propia láctea lo solicitara en medio de su concurso preventivo.

Según la sentencia judicial, al 31 de enero de 2026, la láctea contaba con 914 trabajadores en relación de dependencia y acumulaba una deuda posconcursal impositiva y previsional superior a los $ 6349 millones, a lo que se suman deudas laborales por $ 12.788 millones en salarios adeudados desde mayo del año pasado, con atrasos de al menos cinco meses.

Otros $ 3380 millones corresponden a aportes a obras sociales, ART y entidades sindicales, mientras que la deuda comercial supera los $ 13.313 millones, principalmente por compra de materia prima y energía. En tanto, el pasivo del concurso suma deudas por más de u$s 86 millones.

Detrás de la quiebra de la láctea hay un deterioro que se arrastra desde hace más de una década. En 2017 presentó un plan de reestructuración, conocido como Plan SanCor, que incluía una serie de ventas de marcas y fábricas para afrontar los pagos de deuda comercial, financiera e impositiva que superaba los $ 10.000 millones.

Una de las primeras medidas de la láctea fue vender su línea de flanes, postres y yogures al Grupo Vicentin (luego pasó a manos de la venezolana Maralac, una de las principales lácteas de su país). La cooperativa marcó como punto de inflexión la caída del fideicomiso financiero público-privado que en 2021 sonaba fuerte e incluía la participación de reconocidos empresarios argentinos para impulsar su recuperación. Sin embargo, luego de dos años, esa iniciativa no prosperó, lo que marcó un punto crítico en el camino de la láctea.

En 2019, los problemas de la láctea se profundizaron y SanCor empezó a procesar menos materia prima, enfrentó una fuerte caída de ventas y un deterioro financiero que se profundizó año tras año. Entró en un ciclo de retracción productiva que la obligó a desarmar parte de su estructura.

De hecho, la firma, que llegó a procesar más de 4 millones de litros de leche diarios en sus tiempos de mayor expansión, hoy lo hace por menos de 500.000 litros.