La quiebra de SanCor empezó a mover a algunos de los principales jugadores de la industria alimenticia. Este jueves, la láctea realizó en su sede de Sunchales la primera reunión formal con empresas interesadas en adquirir parte de sus activos, en el marco del proceso judicial que busca avanzar con la liquidación de la cooperativa.
Adecoagro, Savencia, Punta del Agua, Elcor y La Tarantela fueron algunos de los grupos que participaron del encuentro. También resonó el nombre de un empresario rosarino que analiza presentar una oferta junto a socios del exterior.
Así lo adelantó el gremio Atilra en un comunicado, quien sostuvo que “interesados de fuste concurrieron mostrándose satisfechos por la información brindada a los fines del armado de sus respectivas propuestas”, dijo.
La reunión estuvo encabezada por Marcelo Germán Gelcich, el juez que lleva adelante la causa de Sancor en Santa Fe, junto con la sindicatura. Allí, las empresas interesadas recibieron los primeros detalles técnicos y legales sobre el estado de los activos y el esquema que se implementará en el proceso de venta de la cooperativa.
El próximo paso será la publicación del pliego licitatorio, que, según señaló el sindicato, estaría disponible en los próximos días y definirá las condiciones para la presentación de ofertas. La discusión central pasa por cómo se venderá la compañía: si habrá una operación integral o un proceso de liquidación por partes, con plantas, marcas y unidades de negocio vendidas a más de un comprador.
El interés de las firmas por SanCor no es nuevo. Entre 2018 y 2019, Adecoagro se quedó con marcas de la cooperativa como Las Tres Niñas, Angelita y Apóstoles, además de plantas industriales en Chivilcoy y Morteros. Algo similar sucedió con la francesa Savencia, dueña de marcas como Milkaut, Santa Rosa y Adler que, en 2019, le compró a SanCor la marca Tholem por u$s 6 millones.
Actualmente, Sancor opera con seis plantas industriales de las 14 que supo tener. Estas se encuentran en Sunchales, Gálvez y San Guillermo (Santa Fe), y Devoto, Balnearia y La Carlota (Córdoba).
Hoy, la planta de Sunchales -la de mayor capacidad instalada- funciona a niveles de utilización inferiores al 10% en sus líneas de leche. A su vez, la planta de San Guillermo se encuentra paralizada desde diciembre de 2025, y las restantes plantas operan muy por debajo de su capacidad instalada, a excepción de Devoto y La Carlota.
Durante 2025 la cooperativa pasó de ser una procesadora de leche propia, a procesadora casi exclusivamente de leche de terceros. La firma, que llegó a procesar más de 4 millones de litros de leche diarios en sus tiempos de mayor expansión, hoy lo hace por menos de 500.000 litros.
Las claves de la caída de SanCor
La Justicia declaró la quiebra de la cooperativa tras arrastrar una deuda de u$s 120 millones y luego de que la propia láctea lo solicitara en medio de su concurso preventivo.
Según la sentencia judicial, al 31 de enero de 2026, la láctea contaba con 914 trabajadores en relación de dependencia y acumulaba una deuda posconcursal impositiva y previsional superior a los $ 6349 millones, a lo que se suman deudas laborales por $ 12.788 millones en salarios adeudados desde mayo del año pasado, con atrasos de al menos cinco meses.
Otros $ 3380 millones corresponden a aportes a obras sociales, ART y entidades sindicales, mientras que la deuda comercial supera los $ 13.313 millones, principalmente por compra de materia prima y energía. En tanto, el pasivo del concurso suma deudas por más de u$s 86 millones.
Detrás de la quiebra de SanCor hay un deterioro que se arrastra desde hace más de una década. En 2006 la cooperativa firmó un contrato con el gobierno de Venezuela para proveerle productos lácteos a cambio de una inyección de u$s 80 millones. Pero se trató de acuerdo que terminó siendo perjudicial para la compañía. Es que, cuando Venezuela entró en default en 2017, dejó de pagar, acumulando una deuda de alrededor de u$s 30 millones, a lo que se le sumó la caída de los precios internacionales.
Una de las primeras medidas de la láctea fue vender su línea de flanes, postres y yogures al Grupo Vicentin (luego pasó a manos de la venezolana Maralac, una de las principales lácteas de su país). Así, en 2017 presentó un plan de reestructuración, conocido como Plan SanCor, que incluía una serie de ventas de marcas y fábricas para afrontar los pagos de deuda comercial, financiera e impositiva que superaba los $ 10.000 millones.
La cooperativa marcó como punto de inflexión la caída del fideicomiso financiero público-privado que en 2021 sonaba fuerte e incluía la participación de reconocidos empresarios argentinos para impulsar su recuperación. Sin embargo, luego de dos años, esa iniciativa no prosperó, lo que marcó un punto crítico en el camino de la láctea.
En esa oportunidad, con una inyección de u$s 60 millones, Marcelo Figueiras, presidente de Laboratorios Richmond; y José Urtubey, hermano del exgobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, y exaccionista de Celulosa Argentina, pretendían hacerse cargo de la administración de SanCor, con el apoyo del Gobierno y Atilra, pero finalmente dieron un paso al costado.
En 2019, los problemas de la láctea se profundizaron y SanCor empezó a procesar menos materia prima, enfrentó una fuerte caída de ventas y un deterioro financiero que se profundizó año tras año. Entró en un ciclo de retracción productiva que la obligó a desarmar parte de su estructura.
















