Hace poco más de dos años que la Argentina se enfrenta a un nuevo modelo económico y productivo que ya obliga a muchas empresas, de diferentes sectores, a adaptar sus negocios. Parte de esta reestructuración llevó a grandes compañía a transformar su matriz productiva y abandonar la producción local, principalmente debido a la apertura importadora.
Tal es el caso de Lumilagro, la única empresa que hoy cuenta con una fábrica de termos de vidrio y de acero en América latina. Hace cuatro años, su actual dueño, Martín Nadler, se hizo cargo de la compañía y comenzó a diseñar un termo de acero que se adaptara a los requerimientos de los nuevos consumidores, un nicho que la estadounidense Stanley había logrado capturar.
Según explicó Nadler, cuando se abrieron las importaciones, lo primero que hizo la marca fue comenzar a desarrollar un termo de acero con una empresa china. Se trataba de un nuevo modelo de Lumilagro, ya que el core de su negocio siempre fue el termo de vidrio.
De tal modo, la empresa frenó su producción en la fábrica que tiene en Tortuguitas en donde se fabrican tanto los termos de vidrio como los de acero -ahora importados-.
“Los termos de vidro que tenían el 50% del market share, ahora tienen el 35 por ciento. El otro 40%, son los de acero. Este producto hecho en China cuesta un 30% en costos marginales. Hacer una matriz en la Argentina es cuatro veces más caro que en China”, explicó Nadler en una entrevista que le hizo El Cronista.
“El horno está apagado en este momento como lo hemos apagado muchas veces. En este caso es porque durante la pandemia nos stockeamos de termos de vidrio. Sin embargo, en esa planta también se produce la carcasa de los termos de vidrio que luego se ensamblan”, dijo y agregó que de ahora en más, la perspectiva del negocio es “volver a crecer” pero no a través de la fabricación local.

“Como mínimo, vamos a duplicar las exportaciones”, señaló. Esta reestructuración llevó a la empresa a reducir su plantel de 300 empleados directos e indirectos a 100.
De hecho, según un informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), en 2025 Lumilagro importó 65.490 termos terminados, mientras que en apenas los dos primeros meses de este año, lo hizo por 40.626.
Otro de los casos es la marca argentina de zapatillas John Foos que, luego de meses de revisión de su modelo productivo, dejará de fabricar zapatillas en su planta de Beccar, partido de San Isidro, para comenzar a importar productos terminados de Asia.
La marca, creada por Miguel Ángel Fosati en la década del 80, supo fabricar casi un millón de zapatillas y venderlas a precios accesibles en un mercado argentino donde marcas similares importadas -como las converse All Star- costaban el doble.
“La empresa se encuentra llevando adelante un proceso de reestructuración interna, orientado a adecuar su operación y garantizar la sustentabilidad del negocio en el largo plazo. Este proceso tiene como objetivo consolidar una estructura sólida que permita a la marca continuar activa y proyectarse hacia el futuro”, dijo la compañía que, a fines de este mes, estima frenar toda su producción.
Después de un fuerte aporte de capital familiar, pasaron de fabricar 1700 pares de zapatillas en 2021 a unos 4000 pares de producción por día en 2023. Sin embargo, luego de esta decisión, la compañía desvinculará a casi la totalidad de los empleados. De hecho, redujo su personal de casi 400 trabajadores en 2023 a alrededor de 50 a inicios de este año.
A fines del año pasado, Whirlpool también anunció que abandonaría la producción local de lavarropas en el parque industrial de Fátima, en el municipio de Pilar, apenas tres años de su inauguración. La decisión, argumentó la compañía, obedeció a una revisión de su modelo productivo en el país. En términos concretos, significa que la compañía comenzó a abastecer esa línea mediante importaciones.
Whirlpool montó la fábrica de lavarropas en octubre de 2022, tras una inversión de u$s 52 millones y bajo lo que describía como su planta más moderna del mundo y que fue inaugurada para exportar el 70% de su producción.
La compañía producía 300.000 unidades anuales en el predio de 30.000 metros cuadrados, donde empleaba a más de 200 trabajadores de manera directa.
¿Y el resto?
En paralelo, hay compañías que, si bien no abandonaron la producción local en su totalidad, redujeron sus niveles de actividad históricos.
Grupo Dass, la fábrica que ensambla zapatillas en la Argentina para Nike y Adidas, volvió a reducir su plantel apenas comenzado el año. En tal sentido, la empresa despidió a 43 trabajadores en su planta de Eldorado, Misiones, donde hoy concentra toda su operación local.
Con ese recorte, la dotación quedó en torno a los 220 empleados. La decisión se da en un contexto de menor producción y caída de las ventas, y se suma a los ajustes que la compañía viene realizando desde el año pasado. A mediados de 2025, la empresa ya había reducido un 40% su personal en la planta misionera, cuando pasó de 470 a 300 trabajadores en medio de lo que llamó “un plan de reestructuración”.
“En 2025, la empresa [Adidas] importó aproximadamente 9 millones de pares de calzado, frente a menos de 2 millones en 2023. En términos de montos importados por parte de la firma, estos pasaron de u$s 33 millones en 2023 a u$s 140 millones en 2025″, establece el informe del IPyPP.

Un caso particular es el de la fabricante de Peabody, Goldmund. La empresa argentina fundada en 2003 entró en concurso preventivo en marzo de este año. Peabody operaba con una planta en La Tablada, partido de La Matanza. Sin embargo, trasladó parte de su operación a Paraguay para reducir costos laborales y tributarios y, desde allí, pasó a abastecer a la región -incluida la Argentina- con producción radicada fuera del país.
Su fundador, Dante Choi, ya había advertido sobre el impacto del nuevo escenario competitivo. “Estamos viendo una avalancha de importaciones de lo que nosotros estamos fabricando”, dijo en 2024, cuando también cuestionó la falta de controles sobre calidad y origen de algunos productos que ingresan al país.














