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La esquina de Helguera y Bogotá, en Flores, se convirtió este lunes en el escenario de un conflicto que combina una disputa por una sinagoga, acusaciones de documentación adulterada y un millonario interés inmobiliario. Un operativo de la Policía Federal y un oficial de Justicia llegó al lugar para ejecutar una orden de desalojo, pero encontró a unas 30 personas dentro de la propiedad junto a un rabino.

La medida había sido ordenada por el juez Camilo Jorge Almeida Pons, del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil N° 99, para entregar la posesión del inmueble a Kal Nidre S.A. La compañía sostiene que adquirió el edificio en junio de 2025, mientras que los miembros de la comunidad cuestionan la validez de esa operación.

Por qué comenzó el conflicto por la sinagoga de Flores

La versión sostenida por los religiosos es que el templo pertenece a las familias que dieron origen a la comunidad y que la venta fue realizada sin autorización de todos sus integrantes. Uno de sus referentes afirmó durante el operativo: “Mis abuelitos y mis padres fueron los compradores. Es un templo que fue comprado, está escrito en los libros que un templo nunca se puede vender ni demoler”.

El mismo hombre aseguró que un grupo reducido habría utilizado un título de propiedad adulterado para transferir el inmueble a una empresa inmobiliaria. Según su denuncia, el objetivo posterior habría sido derribar la construcción para desarrollar una galería comercial, aprovechando su ubicación dentro de una zona de fuerte actividad textil.

Del otro lado, el expediente judicial presenta una situación diferente. El abogado de la asociación civil sostuvo que la venta del inmueble fue legítima y que la comunidad tenía previsto trasladarse a una sede de mayores dimensiones situada en la calle Luis Viale.

La organización había acordado permanecer temporalmente en Helguera mientras retiraba libros religiosos y otros elementos del templo. Según la presentación judicial, el acuerdo vencía el 31 de agosto de 2026, pero a finales de julio personas desconocidas habrían ingresado, cambiado las cerraduras e impedido el acceso.

Cómo terminó el operativo de desalojo

La ejecución de la orden se extendió durante más de tres horas y generó cortes y tensión en las inmediaciones. Las negociaciones terminaron con la suspensión temporal del procedimiento, ante el riesgo de que la situación derivara en un enfrentamiento y después de que los ocupantes plantearan formalmente dudas sobre la documentación utilizada para acreditar la propiedad.

Dentro de la sinagoga, los fieles recibieron la suspensión como una victoria. Uno de los manifestantes sostuvo: “Es una alegría, no se cayó la venta formal todavía, pero sí el desalojo. Vamos a permanecer aquí porque es nuestra casa y no se puede tirar abajo”.

Ahora la disputa continuará en los tribunales. Los integrantes de la comunidad buscan que se declare la nulidad de la escritura al sostener que existió una falsificación, mientras que la empresa compradora y la asociación civil procurarán revertir la suspensión y obtener la posesión del edificio.