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Roberto, conocido por todos como “Beto”, nació y creció en el porteño barrio de Caballito, pero su camino terminó alejándose de forma definitiva del cemento urbano.

Tras atravesar una separación y un grave accidente de tránsito a finales de los noventa, tomó la decisión de dar un vuelco drástico a su rutina.

Hoy, a sus 70 años, habita una casa en la Quebrada de los Pozos, en las sierras de Córdoba, edificada con sus propias manos mediante herramientas manuales y bajo un modelo de vida autosustentable en plena armonía con el entorno.

A través de una entrevista audiovisual con el canal de YouTube Crónicas del Cambio, Beto explicó su historia, qué lo motivo a dar un giro de 180° en su vida y cómo fue el paso a paso para construir su vida lejos de la ciudad.

Una infancia ligada a los animales y las señales que cambiaron su destino

El vínculo de Beto con la naturaleza se gestó desde muy temprano; de chico solía acompañar a su padre, quien atendía un kiosco en el Jardín Zoológico de Buenos Aires, lo que le permitió criarse rodeado de plantas y animales.

Sin embargo, su vida en la ciudad continuó con la rutina laboral tradicional y la crianza de sus tres hijos.

Dos hechos marcaron su perspectiva existencial: una experiencia cercana a la muerte a los 11 años tras ahogarse en una pileta y un grave accidente de tránsito donde fue atropellado, evento que funcionó como el detonante final para abandonar la Capital Federal.

La llegada a las sierras y la autoconstrucción con herramientas manuales

En 2006, Beto encontró su lugar en el mundo al adquirir un terreno en la Quebrada de los Pozos y al año siguiente comenzó la edificación de su vivienda.

Sin recurrir a maquinaria pesada ni a constructores profesionales, levantó la estructura completa utilizando únicamente herramientas manuales y aprovechando recursos del entorno, como madera rescatada de un incendio forestal que afectó la zona.

El espacio fue diseñado sin conexión a la red eléctrica convencional, priorizando la sencillez y el trabajo artesanal en cada rincón.

Soluciones autosustentables para el abastecimiento diario

Para cubrir sus necesidades cotidianas, Beto desarrolló un esquema de recursos independientes que le permite sostener su rutina sin depender de servicios públicos.

Desde el año 2012 se abastece casi en su totalidad con agua de lluvia recolectada mediante un sistema propio, mientras que un pequeño equipo de energía solar le provee la electricidad básica necesaria.

Además, cuenta con una huerta vertical armada con materiales reciclados para la producción de alimentos orgánicos.

La filosofía de la abundancia y el valor de vivir con lo mínimo

Aceptarse como una persona plenamente feliz es el pilar de su cotidianeidad, guiada por la máxima de realizar únicamente aquellas actividades que le generan placer.

Beto sostiene su economía con el cobro de una jubilación mínima, un ingreso que le resulta más que suficiente debido a su bajo nivel de consumo y a su hábito de compartir lo que tiene organizando comidas para amigos.

Bajo la convicción de que la entrega desinteresada regresa multiplicada, su vida en el monte cordobés se convirtió en un testimonio de autonomía y serenidad.