

Luego de que Argentina cancelara el swap con Estados Unidos antes de tiempo, el viceministro de Economía, José Luis Daza, dio detalles sobre la operatoria y se refirió al rol de Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE.UU., en la negociación.
Entrevistado en Pulso Financiero, de El Cronista Stream, la mano derecha de Luis Caputo fue claro sobre la relevancia del acuerdo cerrado el pasado mes de octubre que le dio aire al Gobierno en la corrida cambiaria previa a las elecciones de medio término.
“Nosotros sabíamos que teníamos una situación muy débil de reservas y que se venía un shock”, asumió el funcionario, quien calificó al 2025 como el año “más duro” en materia cambiaria.
En este sentido, destacó la aparición de Estados Unidos como prestamista de última instancia en un momento en el que la credibilidad del Gobierno y su programa económico flaqueó tras la incertidumbre generada por la victoria de Fuerza Patria en las elecciones bonaerenses, lo que llevó a una corrida masiva de los argentinos hacia el dólar.
“Para nosotros era sumamente importante romper con la historia y que, frente a un shock político de la magnitud del que tuvimos —que fue un shock político muy fuerte—, pudiéramos mantener nuestra palabra de que no íbamos a abandonar las bandas cambiarias“, asumió.
El swap de monedas entre ambas naciones, que ascendió a u$s 2.500 millones, supuso así un apoyo fundamental para Javier Milei frente a la turbulencia política.
Cabe señalar que, en enero de este año, Argentina canceló de forma anticipada el acuerdo. Según el balance publicado recientemente por el Banco Central (BCRA), el pago de intereses por esta operatoria ascendió a u$s 17,74 millones, lo que equivale a alrededor del 0,7% del total.
Los detalles del swap con Estados Unidos, según José Luis Daza
Por otro lado, el viceministro compartió detalles de cómo fue el acercamiento a Washington, dentro de una estrategia diseñada con mucha anticipación.
“Antes, incluso antes de cerrar el acuerdo con el Fondo —que lo veníamos trabajando prácticamente nueve meses antes—, nosotros fuimos a Washington y nos reunimos con el secretario del Tesoro, con Scott Bessent. Eso fue en febrero [de 2025]”, precisó.
En esa etapa temprana, el equipo económico ya había identificado el talón de Aquiles del programa: la falta de un prestamista de última instancia. “No teníamos un prestamista y lo sabíamos desde el día uno; o sea, no era una novedad, era cosa de mirar la historia”, señaló Daza, quien explicó que esa lección surgía del análisis de crisis anteriores, incluyendo la convertibilidad.
Tras esto, reveló que la coordinación con el Tesoro de EE.UU. por el canje de monedas fue discreta, pero sostenida. Según el funcionario, Bessent insinuó públicamente la posibilidad del swap en más de una oportunidad antes de que se concretara.
“Si ustedes ven esa noche, Scott hace una entrevista y él ahí habla sobre la posibilidad de un swap. Después él, en abril, durante una conferencia en los Spring Meetings, nombra nuevamente la posibilidad de un swap”, recordó. “O sea, nosotros sabíamos que teníamos una debilidad, que necesitábamos una línea de liquidez de última instancia, y ya lo estábamos hablando”.
De esta forma, en el momento de mayor tensión —la corrida posterior a las elecciones bonaerenses— el esquema ya estaba coordinado. “Ya teníamos coordinado con el Fondo Monetario todo el programa, ya habíamos hecho todo el ajuste fiscal, ya estábamos muy avanzados, y en coordinación con el Fondo Monetario y con el Tesoro, vino el swap”, afirmó.
Daza también subrayó que el dispositivo funcionó porque la sociedad respondió de manera distinta a crisis anteriores. “Pasó un fenómeno muy interesante, bastante único: a diferencia de las décadas anteriores, lo que vimos fue que los depósitos en dólares se mantuvieron. No se fueron y se mantuvieron en la Argentina porque confiaban en que acá no iba a haber un cambio de capitales”, destacó.
De todos modos, el costo de sostener las bandas cambiarias no fue menor. El Banco Central debió subir las tasas de interés hasta el 150% y aplicar una política de encajes que el propio viceministro calificó como “sumamente dura, sumamente violenta”. Esto enfrió la economía con un impacto duradero hasta la fecha.
Sin embargo, Daza destacó que no generó una recesión, sino un enfriamiento: “Mi expectativa frente a cualquier shock monetario de esa naturaleza era que posiblemente ibas a tener una recesión, en cualquier otro país hubiese sido del 3, 4, 5%. Esa recesión no se dio”, reconoció para cerrar, aunque admitió que sí hubo “un freno muy importante en la actividad”.

















