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Muchos inversores, especialmente aquellos que se acercan por primera vez a los bonos después de operar acciones o Cedears, asumen que un instrumento de renta fija es una inversión segura simplemente por pertenecer a esa categoría, pero esa simplificación puede resultar peligrosa al momento de construir una cartera y evaluar riesgos.

Esa intuición se alimenta del propio contrato. Un bono promete pagos periódicos de cupones y la devolución del principal al vencimiento, lo que transmite una idea de certeza que las acciones no ofrecen. El problema surge cuando ese contrato se confunde con el comportamiento del precio en el mercado secundario, donde los bonos cotizan y se negocian como cualquier otro activo financiero.

Un inversor compra un bono convencido de que está adquiriendo un activo prácticamente libre de riesgo. Un año después descubre que su posición perdió más que la de un amigo que mantuvo una cartera de acciones durante el mismo período.

El bono sigue pagando intereses tal como se comprometió el emisor, pero el valor de mercado de la inversión cayó de forma pronunciada y la pérdida en el portafolio es real. ¿Cómo puede pasar algo así si el contrato es de renta fija y el emisor no ha entrado en default?

El nombre “renta fija” describe el contrato, no describe el comportamiento del precio, y un bono puede ser mucho más volátil de lo que imagina un inversor principiante, pero veámoslo en detalle.

Por qué muchos creen que la renta fija es segura

“Renta fija” suena a pago cierto y a ausencia de volatilidad, una intuición que se alimenta de la imagen del Estado como emisor sólido y de la experiencia histórica de bonos de gobiernos grandes que rara vez suspendieron pagos.

Para muchos inversores, recibir cupones periódicos y la promesa de recuperar el principal al vencimiento equivale a seguridad.

Esa visión omite que el contrato y el mercado son dos cosas distintas. El emisor puede mantener su obligación de pago y aun así el precio del bono en el mercado secundario puede moverse mucho. Esa separación es la raíz de la sorpresa para muchos inversores que suponen que la etiqueta “renta fija” garantiza un precio estable.

Qué significa realmente “renta fija”

Renta fija describe el derecho a recibir flujos pactados, no el precio al que se negocia ese derecho. Conviene distinguir cuatro conceptos que a menudo se confunden.

El primero es el flujo contractual. Son los cupones y la devolución del principal que el emisor se comprometió a pagar.

El segundo es el precio de mercado. Es el dinero que alguien estaría dispuesto a pagar hoy por recibir esos flujos en el futuro.

El tercero es el rendimiento o yield. Es la relación entre el precio pagado y los pagos futuros. Cuando el precio baja, el rendimiento sube y viceversa.

El cuarto es el retorno total. Es lo que efectivamente gana o pierde el inversor, combinando cupones, variaciones de precio y el resultado de vender o mantener hasta el vencimiento.

El precio de un bono también tiene oferta y demanda

Los bonos se compran y venden en mercados donde imperan la oferta y la demanda. Si hay muchos vendedores y pocos compradores, el precio baja. Si la mayoría de los inversores exige una tasa mayor para prestar dinero, los bonos existentes deben bajar de precio para ofrecer ese mayor rendimiento a quien los compre ahora.

Por ejemplo expectativas de inflación más alta, subas de tasas por parte de bancos centrales, mayores preocupaciones fiscales en un país o una crisis que haga a los inversores preferir liquidez. Todas son razones por las que la valoración de flujos futuros se modifica y con ello el precio.

La duración

Imaginá a dos personas que tienen derecho a cobrar exactamente la misma suma. Una la cobrará mañana y la otra dentro de veinte o treinta años. Si el costo del dinero sube, el valor del cobro de mañana cambia poco. El del cobro lejano pierde mucho valor. Esa diferencia de sensibilidad es la idea central que después recibe el nombre técnico de duración.

Foto: Shutterstock.
Foto: Shutterstock.

La duración mide cuán volátil puede ser el precio de un bono frente a cambios en las tasas. Bonos con flujos concentrados lejos en el tiempo reaccionan más que bonos con flujos próximos. Esa sensibilidad convierte a ciertos bonos en activos que pueden comportarse de forma parecida a las acciones cuando el entorno de tasas cambia de forma marcada.

Un ejemplo para ver la duración

Compará una Lecap corta con una Boncap larga. Ambas son instrumentos del Tesoro en pesos y pagan según un contrato. La diferencia de plazo cambia todo. La Lecap corta tiene flujos muy próximos en el tiempo, su precio reacciona poco a cambios en la tasa esperada. La Boncap larga tiene flujos muy lejanos, su precio reacciona mucho.

En ese caso asistimos al mismo tipo de instrumento, pero a un comportamiento de precio muy distinto según el plazo.

Cuándo un bono puede parecer una acción

Con la idea de duración en mente, veamos situaciones concretas en las que un bono puede moverse como una acción.

Bonos soberanos de largo plazo en mercados desarrollados

Si las tasas suben de forma rápida, los bonos de vencimiento lejano pueden sufrir caídas pronunciadas en precio aun cuando el emisor siga cumpliendo.

Bonos soberanos en mercados emergentes

Acá entra además el factor riesgo país y la posibilidad de movimientos cambiarios. Cambios en la percepción sobre la sostenibilidad fiscal o en las expectativas de tipo de cambio afectan fuertemente los precios.

Bonos corporativos investment grade

Generalmente ofrecen mayor seguridad crediticia que el high yield, pero pueden sufrir cuando la economía empeora y las empresas ven reducirse su capacidad de generar caja.

Bonos corporativos high yield

Tienen mayor probabilidad de sufrir incumplimientos y suelen mostrar variaciones de precio más grandes en periodos de estrés económico.

En estos casos las caídas pueden ser de dos dígitos y no implican que el emisor haya dejado de pagar sino que el mercado ha revaluado cuánto vale hoy recibir esos pagos en el futuro.

Pero no todo bono es igual

Comparar bonos exige mirar dos dimensiones básicas: el horizonte temporal y la calidad crediticia. Un bono corto emitido por un gobierno con solvencia alta tenderá a mostrar muy baja volatilidad. Un bono largo emitido por una empresa de baja calificación crediticia puede exhibir gran volatilidad.

La liquidez del instrumento también importa ya que algunos bonos se negocian con mucha frecuencia y permiten entrar y salir con facilidad mientras que otros son menos líquidos y su precio puede sufrir saltos cuando unos pocos actores intentan vender.

Cuándo importa esto y cuándo no

Si el plan es esperar al vencimiento, la volatilidad de precio en el medio es irrelevante. Cobrás el valor pactado igual. Si hay chance de necesitar vender antes, ahí sí el bono se comporta como una acción en cuanto a incertidumbre de precio. La duración deja de ser un dato técnico y se vuelve un factor central de tu riesgo real.

Otros factores que le suman comportamiento de acción a un bono

El riesgo del emisor importa. Una obligación negociable de una empresa con problemas puede caer fuerte en precio, como una acción ante una mala noticia.

La liquidez del papel también influye ya que algunos bonos son difíciles de vender sin mover el precio. En esos casos la caída puede ser más pronunciada y la recuperación más lenta.

Cómo debería pensar un inversor minorista

Si llegaste hasta acá, te proponemos una serie de principios que ayudan a evaluar y construir una cartera.

Vincular horizonte y duración

Si no tenés la certeza de mantener hasta vencimiento, preguntate cómo reaccionaría tu bono ante subas de tasas. La duración debe casar con tu horizonte.

Separar riesgo de tasa y riesgo de crédito

Identificá cuál de los dos está moviendo el precio. La respuesta guía la acción a tomar.

Diversificar dentro de la renta fija

Alternar vencimientos, emisores y monedas reduce la probabilidad de que un solo evento deteriore la cartera.

Evaluar la liquidez

Un bono teóricamente bueno puede ser un problema si necesitás vender en un mercado con pocos compradores.

Pensar en escenarios

Imaginar qué pasaría si las tasas suben, si la economía entra en recesión o si se produce una devaluación local, ayuda a entender la exposición real.

Usar la duración como brújula

Es la herramienta que indica el grado de sensibilidad ante cambios en las tasas. No es el único criterio, pero sin ella se corre el riesgo de subestimar la volatilidad.

La confusión inicial se disuelve cuando se comprende que lo “fijo” está en los pagos, no en el precio. Un bono puede caer mucho aunque siga pagando intereses. Eso no es un error del sistema, es la lógica de valorar flujos futuros en un presente cambiante.

Tené en cuenta que, cuanto más largo el plazo y más incierto el emisor, más se parece tu renta fija a una inversión de renta variable en términos de volatilidad de precio.