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El cobre, el oro y el petróleo ofrecen oportunidades muy diferentes para los inversores. Mientras la electrificación y la expansión de la inteligencia artificial sostienen las perspectivas de demanda del cobre, el oro enfrenta una tensión entre las tasas reales elevadas y la búsqueda de protección frente al deterioro fiscal. El petróleo, en tanto, combina las presiones inmediatas de la guerra con el riesgo de una corrección si se normaliza la oferta.

En su informe semanal, los analistas de CIMA Agustín Soliani y Franco La Rocca encuentran mayor potencial en los metales, después de años de baja inversión y una reducida asignación de capital al desarrollo de nuevos yacimientos para el oro negro. La preferencia responde a una diferencia central entre las materias primas: cuánto tiempo necesita cada mercado para aumentar su producción cuando crece el consumo.

Esa dificultad resulta especialmente relevante para el cobre. En el petróleo, en cambio, CIMA contempla un escenario en el que la recuperación de los flujos comerciales y el crecimiento de la producción lleven al Brent a una franja de u$s 55 a u$s 65 hacia 2028.

Se trata de una posibilidad condicionada a la normalización de las rutas de exportación y de la actividad productiva, no de una caída que el informe dé por asegurada.

Cobre: una demanda que crece frente a una oferta difícil de ampliar

La tesis favorable al cobre reúne varios motores de consumo: vehículos eléctricos, redes de transmisión, industria, energías renovables y centros de datos vinculados con la inteligencia artificial. Todos requieren infraestructura eléctrica y, con ella, mayores cantidades del metal.

El informe recoge una estimación de la Agencia Internacional de Energía según la cual en 2035 podría existir una brecha cercana al 25% entre las necesidades de cobre y la producción minera existente y anunciada. La proyección muestra el desafío de abastecimiento si los proyectos disponibles no alcanzan para acompañar el aumento del consumo.

CIMA también anticipa un faltante cercano a 6 millones de toneladas hacia ese año bajo el supuesto de que no se desarrollen nuevas minas.

El problema es que esa respuesta exige capital y tiempo. Según el documento, apenas el 21% del presupuesto mundial destinado a la exploración de metales no ferrosos se asignó a exploración inicial. Una inversión limitada en la búsqueda de nuevos recursos puede restringir las alternativas para abastecer la demanda futura.

A ello se suman las dificultades de los grandes productores. CIMA señala que BHP, Freeport y Codelco, que en conjunto representan alrededor del 20% de la producción mundial de cobre, enfrentan obstáculos operativos o vinculados con la calidad del mineral.

El informe menciona que BHP busca sostener una producción de 2 millones de toneladas hacia 2030 en un contexto de deterioro de la calidad del mineral en Chile. También destaca problemas productivos en Codelco y las consecuencias de un accidente en las operaciones de Freeport en Papúa.

Para el inversor, esa combinación exige distinguir entre el metal y las empresas que lo producen. Una oferta restringida puede favorecer la cotización del cobre, pero los incidentes que reducen la extracción también pueden afectar los ingresos y los costos de una minera. La perspectiva de escasez, por sí sola, no permite concluir que todas las compañías se beneficiarán de la misma manera.

Oro: las tasas frenan, pero la deuda sostiene la tesis de mediano plazo

La posición sobre el oro es más cautelosa en el corto plazo. CIMA advierte que las economías desarrolladas podrían mantener tasas reales y rendimientos de largo plazo elevados, una combinación que limita el atractivo de un activo que no paga intereses.

El mecanismo es directo: cuanto mayor es el rendimiento de los bonos después de descontar la inflación, mayor es el costo de oportunidad de mantener oro. Pero los analistas subrayan que esa relación no es estable ni suficiente para explicar todos los movimientos del precio.

El informe identifica un cambio relevante a partir de 2022. Tras la invasión rusa a Ucrania y el congelamiento de reservas internacionales, los bancos centrales de economías emergentes aceleraron la diversificación hacia el oro para reducir su dependencia del sistema financiero occidental y la exposición a posibles sanciones.

En esa lectura, el metal incorpora un atractivo adicional: no representa un pasivo de otro país ni depende de la solvencia de un emisor. CIMA señala que, entre 2022 y 2025, las compras de los bancos centrales promediaron unas 1.000 toneladas anuales, más del doble que durante la década anterior.

Hacia adelante, el deterioro fiscal podría reforzar ese interés. Déficits persistentes, mayores necesidades de endeudamiento, dificultades para controlar la inflación y presiones sobre las autoridades monetarias forman parte de los factores que, según el informe, sostienen la tesis favorable a mediano plazo.

La diferencia de horizontes resulta decisiva: CIMA mantiene cautela inmediata y encuentra argumentos constructivos para un plazo mayor. El documento no presenta un precio objetivo del oro ni plantea que su condición de refugio impida correcciones.

Petróleo: cuánto puede durar la prima de la guerra

En el petróleo, CIMA distingue entre las restricciones que tensionan el mercado durante el conflicto y el nivel de precios que podría prevalecer si se recuperan la producción y las rutas comerciales.

El informe describe dificultades que afectan el transporte, los seguros, la refinación y los inventarios. También advierte que la presión alcanza a los combustibles refinados, por lo que observar únicamente la cotización del Brent puede resultar insuficiente para medir la magnitud de la escasez.

Sin embargo, una eventual finalización del conflicto tampoco garantizaría una normalización inmediata. La recomposición de inventarios y las limitaciones logísticas podrían demorar la recuperación de los flujos.

Bajo un escenario favorable de normalización hacia 2028, CIMA contempla un Brent entre u$s 55 y u$s 65. La recuperación de producción interrumpida se combinaría con mayores volúmenes provenientes de Estados Unidos, Brasil, Guyana, Canadá y la Argentina.

El informe incluso considera que el precio podría perforar transitoriamente los u$s 50 si la OPEP+ decide priorizar su participación de mercado. En sentido contrario, una nueva disrupción geopolítica o un recorte importante del grupo podrían volver a impulsar las cotizaciones.

La consecuencia para la valuación de las petroleras es que los ingresos obtenidos durante una crisis de oferta no deberían extrapolarse automáticamente a los años siguientes. La capacidad de sostener inversiones y generar fondos con un barril más barato adquiere relevancia si la prima geopolítica comienza a reducirse.

Por qué el costo de perforar no establece un piso automático

Uno de los puntos más útiles del análisis es la diferencia entre el precio necesario para desarrollar nuevos pozos y el requerido para mantener activos los que ya producen.

CIMA ubica cerca de u$s 66 por barril de WTI la referencia para perforar nuevos pozos de shale en Estados Unidos y alrededor de u$s 59 para las grandes compañías. Para cubrir los costos de los pozos operativos, en cambio, menciona unos u$s 43.

Esto explica por qué una caída del WTI a u$s 50 no necesariamente provoca un cierre inmediato de pozos. Mientras los ingresos cubran sus costos operativos, la producción puede continuar, aunque resulte menos atractivo comprometer capital en nuevos desarrollos.

El ajuste comienza por la inversión y la perforación. Después, a medida que declinan los pozos existentes y se incorporan menos reemplazos, aparece el impacto sobre los volúmenes.

Por eso, CIMA considera difícil sostener durante varios años un Brent en u$s 50: precios persistentemente bajos terminarían afectando la inversión. El mecanismo que limita la caída opera con rezago y permite que las cotizaciones permanezcan bajo presión antes de que la oferta reaccione.

Una selección que depende del horizonte

La comparación deja tres tesis distintas. En cobre, CIMA identifica una necesidad creciente de infraestructura frente a una oferta que requiere años para expandirse. En oro, observa una disputa entre el rendimiento de los bonos y la demanda de protección monetaria y geopolítica. En petróleo, el escenario depende de cuánto tarde en normalizarse el abastecimiento y de las decisiones de los productores.

Para evaluar esas perspectivas, los próximos datos relevantes serán la concreción de proyectos mineros, la evolución de las tasas reales y las compras de oro de los bancos centrales, junto con la recuperación de las rutas petroleras y la política de la OPEP+.