En medio de datos negativos como el salto del riesgo pais a 600 puntos básicos y la caída de 2,9% en la actividad económica que mostró el último registro oficial del INDEC, el Gobierno se aferra al récord exportador, con más de u$s 67.000 millones en los primeros ocho meses del año.
La cifra, que significa un 21,4% por encima del resultado alcanzado en el mismo período de 2025, la repiten desde el Presidente al Ministro de Economía y fue uno de los ejes de las palabras del Canciller, Pablo Quirno, ante empresarios en IDEA.
En esa línea, para mostrar respaldo a la estabilización de la economía, el canciller sostuvo que la Argentina debe aprovechar la creciente demanda mundial de energía, alimentos y minerales críticos.
Al inaugurar la segunda jornada del Coloquio de IDEA, el titular del Ministerio de relaciones Exteriores y Culto presentó una hoja de ruta donde combinó acuerdos comerciales, infraestructura y geopolítica para convertir a la Argentina en un proveedor estratégico.
Quirno sostuvo que el Gobierno ya avanzó en el ordenamiento macroeconómico y la desregulación y planteó que ahora el desafío pasa por acelerar las inversiones privadas. “Durante años ustedes reclamaron previsibilidad para invertir a largo plazo. El Gobierno asumió esa responsabilidad. Ahora tienen las condiciones”, afirmó, al cerrar un discurso dirigido al empresariado.
Más mercados para atraer inversiones
A diferencia de otras exposiciones centradas en la coyuntura, Quirno dedicó buena parte de su intervención a explicar cómo la política exterior busca transformarse en una herramienta para impulsar inversiones.
Según detalló, la Argentina pasó de tener acuerdos comerciales que alcanzaban apenas el 10% del PBI mundial a una cobertura cercana al 30%, tras los entendimientos con la Unión Europea y la EFTA. El objetivo ahora es elevar esa cobertura al 50% en el mediano plazo y al 80% durante los próximos cuatro años, mediante negociaciones con India, Japón, Emiratos Árabes Unidos y el ingreso al CPTPP, el bloque transpacífico que reúne mercados equivalentes al 15% del producto mundial.
El RIGI como política exterior
Quirno también buscó ampliar el alcance del RIGI. Lo definió como una “herramienta de geopolítica”, destinada a posicionar al país como proveedor estratégico dentro de las cadenas globales de abastecimiento.
Recordó que el régimen ya reúne 25 proyectos por más de u$s 55.000 millones, mientras que el universo total de iniciativas supera los u$s 200.000 millones, y adelantó que la Cancillería analiza actualmente ocho expedientes vinculados a esa cartera para facilitar su inserción en los mercados internacionales.
En ese marco, destacó la alianza con Estados Unidos en materia de minerales críticos, inteligencia artificial y energía, además del lanzamiento del corredor Atlántico y los acuerdos de financiamiento con Exim Bank para obras de infraestructura y el desarrollo de Argentina LNG.
El desafío sigue siendo la inversión
El mensaje oficial convive con un clima de mayor cautela entre el empresariado. Aunque durante el Coloquio predomina el respaldo al rumbo macroeconómico, en los pasillos vuelve a repetirse una preocupación: el aumento del riesgo país que se combina con “ruido político” condiciona decisiones de inversión por fuera de los grandes proyectos alcanzados por el RIGI.
Ejecutivos consultados por El Cronista coinciden en que la incertidumbre política asociada al adelantamiento de la campaña electoral elevó nuevamente el costo del financiamiento y postergó inversiones industriales, comerciales y de servicios, justamente las de menor escala pero mayor impacto sobre la actividad y el empleo.
La lectura compartida es que los proyectos de minería, energía e infraestructura continúan avanzando porque responden a horizontes de inversión de décadas y cuentan con incentivos específicos. En cambio, las inversiones ligadas al mercado interno permanecen a la espera de una baja del riesgo político y financiero.
Ese contraste atraviesa buena parte de los debates del Coloquio. Mientras el Gobierno apuesta a que la apertura de mercados y la estabilidad macroeconómica aceleren una nueva ola de inversiones, empresarios y analistas advierten que el próximo desafío ya no pasa sólo por atraer grandes capitales, sino por generar las condiciones para que la recuperación alcance a la industria, el comercio y el empleo formal, sectores que todavía muestran un desempeño mucho más débil que los proyectos impulsados por el RIGI.

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