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El Gobierno destinará $2 billones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad a depósitos ajustados por inflación (plazo fijo UVA) para fondear créditos para viviendas. Aunque el instrumento permite reducir el descalce de plazos de los bancos, el FGS podría obtener una tasa mayor con otros activos. Qué inversiones deberá reasignar y cuáles son las alternativas.

El anuncio del Gobierno para impulsar los créditos hipotecarios abrió una discusión en el mercado que excede el impacto sobre el acceso a la vivienda: ¿el plazo fijo UVA es la mejor inversión que puede realizar el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) con esos recursos o la decisión responde principalmente a un objetivo de política económica?

El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció que el FGS licitará hasta $2 billones entre los bancos mediante depósitos ajustados por UVA. El programa se instrumentará en colocaciones de $200.000 millones y tendrá dos tramos: uno a un año, con una tasa mínima de UVA más 2,5%, y otro a cinco años, con un rendimiento de UVA más 4,5%.

A cambio, las entidades deberán destinar los fondos a créditos hipotecarios para la adquisición, construcción, ampliación o refacción de la primera vivienda. Esos préstamos tendrán una tasa máxima de UVA más 7,5%, un plazo mínimo de 15 años y un monto de hasta 150.000 UVA.

El plazo fijo UVA aparece como la alternativa que mejor calza con el destino de los recursos porque tanto el depósito constituido por el FGS como los préstamos hipotecarios que otorgarán los bancos se ajustarán por inflación. Sin embargo, no es necesariamente el instrumento que ofrece la mayor rentabilidad disponible para el fondo.

Qué deberá desarmar el FGS

Según datos de EcoGo, la cartera del FGS alcanzaba en junio los $ 123,42 billones. De ese total, $ 95,85 billones estaban colocados en títulos públicos nacionales, $ 17,71 billones en acciones, $4,35 billones en proyectos productivos y de infraestructura y $ 1,94 billones en plazos fijos. Además, mantenía disponibilidades por casi $ 349.000 millones.

La primera licitación, prevista para la próxima semana, será de $200.000 millones. Ese desembolso podría cubrirse con las disponibilidades del FGS. El interrogante aparecerá a medida que avancen las colocaciones y se complete el programa.

El FGS tiene $123 billones, de los cuales $95 billones están en títulos públicos, $ 17 billones en acciones, $4 billones en proyectos productivos y $ 1,9 billones en plazos fijos. Va a tener que desarmar algo para invertir en estos plazos fijos UVA y habrá que ver qué elige”, señaló Christian Buteler, analista de mercados.

Consideró que el proceso será gradual y recordó que el primer tramo representa una porción pequeña de la cartera. “La semana que viene empieza con $ 0,2 billones, que es lo que tiene disponible. Lo que se vaya desarmando quedará a criterio de quien esté a cargo de la cartera. No creo que toque los títulos públicos”, agregó.

El plazo fijo UVA frente a los bonos CER

El punto más discutido por los analistas es el costo de oportunidad para el FGS. Un depósito a cinco años que pague UVA más 4,5% protege el capital contra la inflación y ofrece un rendimiento real positivo. Sin embargo, existen bonos CER de largo plazo que ajustan por el mismo índice y ofrecen tasas superiores.

“Creo que la estrategia del Gobierno no es maximizar la rentabilidad del FGS, sino financiar los créditos hipotecarios bancarios”, explicó Federico Machado, director de Open, a El Cronista.

Según el economista, el fondo “podría obtener una mayor rentabilidad invirtiendo en bonos CER largos, que rinden inflación más 10%. Es decir, tendría el mismo criterio de ajuste, que es la inflación, pero con una tasa mayor”.

La diferencia muestra el costo que asumiría el FGS por cumplir una función de fondeo. Frente a un bono CER que rinda inflación más 10%, el depósito UVA a cinco años ofrecerá, como mínimo, 5,5 puntos porcentuales menos por año. A cambio, el fondo tendrá un instrumento bancario con un destino específico y un plazo más alineado con la política hipotecaria.

También hay diferencias de riesgo. El plazo fijo implica exposición a la entidad financiera adjudicataria, mientras que el bono CER supone riesgo soberano y está sujeto a la volatilidad del mercado. En ambos casos, el capital se ajusta por inflación, pero la liquidez, el rendimiento y el riesgo no son iguales.

Las otras alternativas para financiar hipotecarios

Para Santiago López Alfaro, el FGS no puede prestar directamente los recursos sin generar previamente una estructura financiera de largo plazo. Una posibilidad es constituir los depósitos UVA anunciados; otra, financiar a los bancos mediante instrumentos del mercado de capitales.

No se puede poner al FGS a dar crédito si no constituye un plazo fijo de largo plazo. Otra opción sería que compre bonos largos emitidos por los bancos y que, con esos recursos, las entidades otorguen los créditos”, sostuvo.

Una tercera alternativa sería la securitización. Bajo ese mecanismo, los bancos originarían los préstamos hipotecarios, los agruparían en títulos respaldados por esas hipotecas y luego se los venderían al FGS u otros inversores institucionales.

Los bancos también podrían securitizar los créditos y vendérselos al FGS”, explicó López Alfaro. Ese esquema permitiría liberar el balance de las entidades y reciclar los fondos para generar nuevos préstamos, aunque requiere un mercado secundario más desarrollado y una estructura regulatoria específica.

Machado también señaló que el programa podría obligar a los bancos a reordenar sus propias carteras. Si reciben depósitos del FGS para ampliar el crédito hipotecario, las entidades podrían vender títulos públicos de corto plazo para prestar a mayor plazo.

Esto podría traducirse en mayores tasas para los instrumentos cortos y dificultades para el rollover del Tesoro. La otra posibilidad sería una intervención del Banco Central mediante la compra de esos papeles, lo que implicaría aportar liquidez y financiar indirectamente el esquema con emisión monetaria.