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Junio llegó y, con él, uno de los momentos más esperados del año para millones de trabajadores en relación de dependencia, que es, sin dudas, el cobro del aguinaldo. El Sueldo Anual Complementario (SAC) representa un alivio para las finanzas personales y suele destinarse a ahorro, inversiones, cancelación de deudas o consumo.
Sin embargo, para monotributistas, freelancers, profesionales independientes y emprendedores, junio suele ser un mes más. Al no estar alcanzados por el régimen laboral que contempla el pago del aguinaldo, no reciben ese ingreso adicional que sí perciben los trabajadores registrados.
Afortunadamente, existe una forma de construir un “aguinaldo propio”. A través de inversiones que generan pagos periódicos de intereses o dividendos, es posible crear una fuente de ingresos complementaria que no solo puede replicar el efecto del aguinaldo, sino incluso programar cobros a lo largo de todo el año.
La lógica detrás de esta estrategia es utilizar parte del ahorro para comprar activos que distribuyen rendimientos periódicos. En lugar de mantener pesos o dólares inmovilizados, el inversor puede destinarlos a instrumentos que pagan intereses o dividendos y recibir ingresos sin necesidad de trabajar más horas.
Las principales alternativas para quienes buscan este objetivo son los bonos soberanos, las obligaciones negociables y los CEDEARs que distribuyen dividendos.
Bonos soberanos
Los bonos soberanos son títulos de deuda emitidos por los gobiernos para financiarse. A cambio, pagan intereses a los inversores durante la vida del instrumento y devuelven el capital al vencimiento.

En un contexto en el que la economía argentina muestra señales de estabilización macroeconómica, con desaceleración de la inflación, orden fiscal y acumulación de reservas, estos activos volvieron a captar la atención de quienes buscan rentabilidad en moneda dura.
Uno de los casos destacados es el bono soberano AO27, que ofrece un rendimiento corriente cercano al 5% anual en dólares y tiene vencimiento dentro de aproximadamente un año y medio.
Su principal atractivo para quienes buscan ingresos periódicos es que realiza pagos mensuales de intereses. Esto permite complementar los ingresos habituales con acreditaciones regulares en dólares.
Sin embargo, como ocurre con cualquier activo de deuda soberana, se deben considerar los riesgos asociados a la evolución económica y política del país, así como la sostenibilidad de la deuda pública en el mediano plazo.
Obligaciones negociables
Las Obligaciones Negociables (ON) son bonos emitidos por empresas privadas para financiar sus operaciones y proyectos. Se trata de instrumentos que suelen ser elegidos por inversores de perfil conservador o moderado, ya que ofrecen una combinación de rendimientos previsibles y menor volatilidad que las acciones.

Muchas ON pagan intereses de forma trimestral o semestral. La estrategia consiste en combinar varias ON con calendarios de pago distintos. De esta manera, un inversor puede lograr que todos los meses ingrese dinero a su cuenta.
Entre las alternativas que actualmente observan los analistas se encuentra la ON Clase 42 de YPF (YM42O), que ofrece un rendimiento corriente anual cercano al 6,5% en dólares y vence en marzo de 2029.
Esta herramienta financiera se destaca por brindar varias ventajas:
- Ofrecen una seguridad relativa frente a activos más volátiles.
- Permiten acceder a un flujo de intereses predecible.
- Pueden negociarse en el mercado secundario antes del vencimiento.
- Existen opciones con distintos plazos y monedas.
- Funcionan bajo marcos regulatorios que brindan transparencia sobre condiciones y riesgos.
Dividendos
Otra forma de construir un aguinaldo propio consiste en invertir en compañías que distribuyen dividendos. A través de los CEDEARs, los inversores argentinos pueden acceder a acciones de empresas internacionales y participar de estas distribuciones periódicas de ganancias.

A diferencia de los bonos o las ON, donde los pagos están definidos desde el inicio, los dividendos dependen de la política de cada empresa. Sin embargo, existen compañías que construyeron una sólida reputación por mantener e incluso incrementar estos pagos durante décadas.
Entre ellas aparecen nombres como Coca-Cola, Procter & Gamble, PepsiCo y Johnson & Johnson, consideradas históricamente como referentes dentro de las estrategias de generación de ingresos pasivos.
La construcción de una cartera de dividendos suele ser un proceso gradual. Al principio, los pagos pueden parecer pocos, pero a medida que crece el capital invertido, los ingresos comienzan a ganar relevancia y pueden transformarse en una fuente complementaria de dinero cada vez más grande.

Según el Janus Henderson Global Dividend Index, que analiza a las 1.200 compañías más grandes del mundo por capitalización bursátil, las empresas que más dinero distribuyen entre sus accionistas son:
- Microsoft: más de u$s 25.000 millones.
- JPMorgan: cerca de u$s 17.000 millones.
- Exxon Mobil: aproximadamente u$s 17.000 millones.
- Apple: más de u$s 15.000 millones.
- Chevron: alrededor de u$s 12.000 millones.
Si se observa el dividendo distribuido por acción en junio 2026, sobresalen:
- BlackRock: u$s 5,73 por acción.
- Goldman Sachs: u$s 4,50 por acción.
- Lockheed Martin: u$s 3,45 por acción.
- McDonald’s: u$s 1,86 por acción.
- Chevron: u$s 1,78 por acción.
- IBM: u$s 1,69 por acción.
- PepsiCo: u$s 1,48 por acción.
- Johnson & Johnson: u$s 1,34 por acción.
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