
Cuando un primer ministro británico habita por primera vez a Downing Street, los votantes en general le permiten una luna de miel para que tenga la oportunidad de brillar.
Pero mientras hoy Boris Johnson se pare frente a la puerta Número 10, el ánimo en todo el Reino Unido será diferente. Es difícil pensar en un primer ministro que reciba opiniones tan dispares sobre él mismo.
Para sus admiradores del partido Conservador, Johnson hace tiempo que es una celebridad. Su fama es tal que los medios británicos y los votantes lo llaman "Boris".
Sus seguidores lo ven como la figura que aseguró la victoria de la campaña a favor del Brexit en 2016; y el hombre que les va a garantizar que el Reino Unido abandonará la UE el 31 de octubre con o sin acuerdo.
Pero pocos primeros ministros fueron tan insultados al momento de asumir. Los pro europeos creen que Johnson en la campaña por el Brexit exageró los beneficios económicos de dejar el bloque.
Quienes trabajaron con él sostienen que Johnson -que tiene cuatro hijos con su ex esposa y otro con una amante- sólo se preocupa por él mismo. Hace poco escribió Max Hastings, su ex editor en Daily Telegraph: "No es apto para ocupar un cargo nacional, porque parece que le importara sólo salvar su propia fama y satisfacción".
Allegados de cuando era alcalde de Londres sostienen que logró mucho más de lo que se le reconoce. "Construyó más viviendas sociales que su predecesor, plantó 10.000 árboles, prolongó la línea Jubilee, y defendió a los banqueros en 2009 cuando la mayor parte del mundo los quería linchar", contó Guto Hari, vocero en ese tiempo.
Están quienes aseguran que hay "dos Boris Johnson". Uno es la figura liberal conservadora del período de cuando era alcalde, que se mostraba a favor de la inmigración y de los servicios financieros. El otro es la figura que surgió desde 2016, crudamente populista, un defensor del Brexit duro que describió a las mujeres con burka como "buzones de correo".
Cuál de los dos dominará Downing Street 10 no se puede saber. Tal como aseguró Vernon Bogdanor, historiador político: "Probablemente haya más incertidumbre y nerviosismo por su futuro desempeño que con anteriores premiers británicos desde la guerra. Es realmente una gran incógnita".














