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Argentina consiguió -en los primeros siete meses del año- resultados que durante buena parte de su historia reciente hubieran sido leído como una señal inequívocamente positiva para los mercados. Pero la reacción no fue tan contundente y, en las últimas semanas, hubo más ruido del esperado.
El contraste es notorio. Se acumuló un superávit comercial de u$s 16.080 millones, un 338% superior al del mismo período de 2025 y uno de los registros más elevados desde 2009. A eso se suman el ordenamiento fiscal, la desaceleración de la inflación y una mayor acumulación de reservas.
Sin embargo, el riesgo país llegó a registrar un aumento cercano a los 100 puntos básicos y ahora vuelve a moverse alrededor de los 500 puntos.
La aparente contradicción esconde una discusión más compleja. Damián Di Pace, economista y director de Focus Market; Christian Buteler, analista financiero; y Walter Morales, presidente y estratega de Wise Capital, coinciden en que los buenos números macroeconómicos importan y ya fueron reconocidos por los inversores.
Pero el mercado ahora parece querer saber si esos resultados son sostenibles, si la Argentina puede volver a refinanciar su deuda y qué ocurrirá cuando las elecciones de 2027 comiencen a pesar con mayor fuerza sobre las carteras.
Hay además una distinción fundamental para entender el fenómeno que a veces pasa de largo: los dólares que genera el comercio exterior no son automáticamente dólares disponibles para que el Estado pague sus vencimientos, esos que serán exigentes el próximo año.
Los especialistas identifican qué está impidiendo una nueva caída del riesgo país, pero también qué tendría que ocurrir para que vuelva hacia la zona de 400 puntos.
Más dólares en Argentina, pero el mercado parece mirar otra cosa
“El superávit comercial dice que el país vende más bienes al exterior de los que compra. El riesgo país dice cuánto extra exige el mercado para prestarle dólares al Estado. Uno es flujo de comercio; el otro es precio del riesgo soberano”, explicó Di Pace.
Buteler introdujo una segunda diferencia cuando, luego de afirmar que “obviamente es importante el superávit comercial”, recuerda que “lo que sucede es que esos dólares son privados, no del Gobierno”, señaló.
Un saldo comercial positivo fortalece el frente externo y aumenta la disponibilidad de divisas de la economía, pero no significa que el Tesoro pueda utilizar automáticamente esos dólares para afrontar sus obligaciones.
Para Buteler, además, sería incorrecto afirmar que el mercado ignoró las mejoras económicas. “El superávit comercial, el superávit fiscal, un mayor ordenamiento en lo monetario, son factores que el mercado ya toma en cuenta en esta baja del riesgo país que hemos tenido”, sostuvo.
La pregunta, entonces, no es por qué el riesgo argentino nunca bajó, sino por qué encontró dificultades para atravesar un nuevo escalón.

Suramericana Visión ya advertía a fines de julio que el indicador no había conseguido perforar los 400 puntos básicos pese a las mejoras crediticias de las calificadoras y al cumplimiento de los pagos de deuda. En ese momento, con un riesgo país de 434 puntos, estimaba que el costo de financiamiento externo para la Argentina todavía se acercaba al 9% anual.
La comparación con otras economías de mayor riesgo de la región refuerza esa lectura. Según datos aportados a El Cronista por fuentes del equipo económico del Banco Provincia, Argentina había terminado julio con un riesgo país de 435 puntos básicos, prácticamente en línea con Bolivia (435) y Ecuador (430). Un mes después, el indicador argentino llegó a 520 puntos, mientras el boliviano avanzó hasta 470 y el ecuatoriano retrocedió a 420.
Para las fuentes consultadas, la divergencia indica que el movimiento no puede atribuirse exclusivamente a un deterioro internacional, ya que no se reprodujo con igual dirección ni magnitud en otras economías riesgosas de la región.
Di Pace identifica tres factores detrás de esa prima adicional: incertidumbre política de mediano plazo, dudas sobre liquidez y capacidad de refinanciar los vencimientos y un contexto internacional menos favorable**.
“Hay un matiz adicional: parte del superávit refleja importaciones contenidas y un tipo de cambio real que se apreció. Eso ayuda a las cuentas externas hoy, pero el mercado lee también actividad más floja y menor holgura política si la economía no despega”, agregó.
Qué falta para que Argentina pueda volver a 400 puntos
La capacidad de refinanciar la deuda aparece como uno de los principales puntos en común entre los especialistas.
Buteler señaló que existen países con déficits comerciales y fiscales que, aun así, presentan un riesgo país inferior al argentino. Una diferencia central, sostiene, es que mantienen abierto el acceso a los mercados internacionales.
“Argentina debería salir, aunque obviamente no va a ser con la tasa óptima, la que todos quieren. Pero el hecho de mostrar que tiene acceso a los mercados internacionales ayudaría incluso a mejorar un poco la expectativa”, afirmó.
El analista consideró que hubiera sido conveniente intentar esa salida durante los primeros meses de 2026, con el objetivo de llegar al año electoral con el canal de financiamiento ya probado.
“Yo hubiese estado a favor de salir al mercado por allá por enero de este año, cuando estaba todo listo, para entrar al 2027 con un riesgo país mucho más bajo y con ese acceso a los mercados ya garantizado”, explicó.
Di Pace coincide en que el superávit comercial por sí solo no alcanza.
Para volver hacia los 400 puntos, sostiene, el mercado debe convencerse de que el equilibrio fiscal puede mantenerse, que el esquema económico sobrevivirá al próximo ciclo político y que la deuda denominada en dólares podrá refinanciarse sin depender de circunstancias excepcionales.
“En 400 puntos la sobretasa es 4%: caro, pero habitable; hoy, en 500 y pico, el libro no se llena”
Y agregó una definición que resume la paradoja: “El comercio exterior evita una crisis de dólares; el financiamiento internacional vuelve cuando el programa sobrevive a la política, no a la cosecha”.
El riesgo país que todavía no apareció por completo: las elecciones de 2027
“Lo que no podemos pensar es que ya está descontado el efecto de las elecciones, cuando todavía no estamos viendo una dolarización de los portfolios fuerte”, afirmó. Argentina, recordó, tiene antecedentes de movimientos profundos hacia activos dolarizados en las previas electorales.
Buteler coincide en que el calendario puede introducir presión adicional. “El próximo año es electoral. Es muy probable que gran parte de quien hoy está invertido decida realizar ganancias y esperar el resultado fuera de la Argentina”, señaló.
Hay además una cuestión de riesgo y recompensa. Para el analista, quien compró deuda argentina cuando el riesgo país se encontraba en niveles muchísimo mayores tenía por delante una ganancia potencial muy superior a la que existe ahora.
Con el indicador alrededor de 500 puntos, algunos inversores pueden preferir realizar beneficios antes que atravesar la incertidumbre electoral.
Morales plantea incluso dos escenarios. Considera que lo más favorable sería que el riesgo país consiga primero acercarse a 400/420 puntos y que, con la tensión electoral, eventualmente vuelva hacia 520/550.
Si no logra esa compresión previa, advierte que podría alcanzar los 600 puntos cuando la elección esté más cerca. Se trata de un escenario planteado por el estratega y no de una proyección de consenso.

La paradoja actual, entonces, no implica que el mercado considere irrelevantes el superávit comercial, el equilibrio fiscal o la desaceleración de la inflación, sino que el próximo escalón exige algo diferente: demostrar que esos resultados pueden sostenerse, recuperar la capacidad de refinanciar deuda y atravesar el calendario político sin que los inversores vuelvan masivamente a buscar cobertura.
Los dólares del comercio ayudan a reducir la vulnerabilidad externa. Para que el riesgo país vuelva a 400 puntos, según coinciden los especialistas, ahora falta transformar esa mejora económica en confianza de más largo plazo.
El cuarto dato que mira el mercado: las reservas
Hay otro elemento que puede ayudar a explicar por qué el superávit comercial no consiguió evitar la presión sobre el riesgo país: cuántos de esos dólares terminan efectivamente engrosando las reservas del Banco Central.
Según las fuentes del equipo económico bonaerense, las reservas del BCRA medidas en relación con el PBI se encuentran aproximadamente en la mitad del nivel regional, una situación que deja a la economía argentina más expuesta a episodios de volatilidad.
En los primeros siete meses del año, el Central había comprado divisas a un ritmo promedio cercano a u$s 100 millones diarios.
Durante ese período, remarcan, el riesgo país pasó de alrededor de 560 puntos a la zona de 435. Pero en agosto las compras se desaceleraron hasta aproximadamente u$s 35 millones diarios, en un contexto de menor oferta de dólares del sector agropecuario.
La interpretación de las fuentes es que el BCRA moderó sus compras ante la necesidad de preservar la estabilidad cambiaria de corto plazo. Y eso introdujo otra duda para los inversores, si la Argentina puede generar un fuerte superávit comercial y, al mismo tiempo, acumular reservas a un ritmo considera
Hacia adelante, consideran que el comportamiento del Banco Central será una de las variables centrales para determinar si el riesgo país puede volver a bajar: si la recomposición de reservas no acelera, será más difícil conseguir una compresión sostenida del indicador.
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