Es la 1 de la tarde de una sofocante jornada de agosto y la elección del lugar de almuerzo de Gita Gopinath resultó premonitoria. Nos encontramos en Sumiao Hunan Kitchen, un concurrido restaurante chino a un par de paradas en el T desde su base en Harvard, en medio de un debate online por un artículo que coescribió recientemente. La nota, publicada en The Economist, refutaba la idea dominante de que el yuan subvaluado de Beijing es la fuerza motriz detrás de los desequilibrios de la economía global.
No hace mucho que llegué, 15 minutos antes, cuando entra la ex número dos del FMI, vestida de manera informal con una camisa floral azul oscuro, jeans y sandalias tipo bailarina.
Cuando le pregunto si sigue contenta con haber elegido comida china, se ríe. La elección, insiste, no tiene nada que ver con su evaluación de la segunda economía más grande del mundo. “Me gusta este restaurante: es realmente creativo y auténtico.” Auténtico, resulta, significa mucho picante.
Como primera subdirectora gerente del FMI, y antes como economista jefe, fue responsable de dar forma a la respuesta económica del organismo ante la pandemia de Covid y ayudó a conducir los programas para Ucrania y para ese eterno problema económico que es la Argentina.
Ahora de vuelta en el ámbito académico, queda claro que Gopinath tiene la intención de usar su nueva libertad para salir a defender el orden económico de posguerra, basado en el libre comercio y la integración financiera, que está sufriendo un ataque sin precedentes por parte de la administración Trump.
Antes de pasar a las políticas del presidente estadounidense y a las posibles repercusiones económicas sobre el dominio global del dólar, Gopinath responde a los críticos online de su postura sobre China.
Ella cree que muchos malinterpretaron su artículo, escrito junto con el ex economista jefe del FMI Pierre-Olivier Gourinchas y con Hélène Rey, del Banco de Pagos Internacionales, como si estuviera exculpando a los funcionarios de Beijing.
Su argumento, dice, fue que presionar a esos funcionarios para que fortalezcan la demanda interna haría más por el resto del mundo que concentrarse únicamente en el tipo de cambio. “Francamente, creo que si eso no se corrige, no vas a lograr un gran estímulo de demanda para el resto del mundo a partir de la corrección cambiaria.”
El mozo ya se acercó a nuestra mesa un par de veces, y nos encontró enfrascadas en la charla. En su tercera visita, repasamos rápido el menú antes de que Gopinath elija un par de sus platos favoritos del menú de verano para compartir. Yo agrego una guarnición de pepino picante y arroz integral. Las dos pedimos un mocktail: Gopinath el de Arroz Glutinoso con Mango, y yo el de Flor de Lychee.
Le pregunto por la inusual intervención de EE.UU. y Japón a fines de julio para sostener el yen.
Gopinath dice que “todo” en la forma en que fue diseñada indica que el secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, está “muy preocupado” por las consecuencias de un yen débil para el mercado de bonos del Tesoro estadounidense, de u$s 32 billones.
Japón es el mayor tenedor oficial extranjero de bonos del Tesoro de EE.UU. Si su moneda vuelve a debilitarse, Tokio podría vender sus bonos del Tesoro a cambio de dólares, que luego usaría para comprar yenes y financiar su intervención, lo que podría elevar el costo de financiamiento de Washington.
Gopinath considera que Bessent también invadió el terreno de la Reserva Federal y que arriesga dañar la reputación del dólar como la moneda más importante del mundo.
Señala su pedido, en las últimas semanas, de que el banco central “amplíe” uno de sus mecanismos de contención de crisis, conocido en la pintoresca jerga oficial como Foreign and International Monetary Authorities Repo Facility, como algo que afecta el derecho del banco central estadounidense a fijar la política monetaria libre de presiones políticas.
Si la Fed siguiera el consejo de Bessent, Japón podría obtener dólares sin necesidad de vender de inmediato más de sus tenencias de bonos del Tesoro. Si bien las acciones de Bessent no están teniendo “un efecto negativo muy grande” sobre la moneda estadounidense por ahora, socavar al banco central es “exactamente el tipo de cosa ante la cual hay que ser sensible”.

Le pregunto a Gopinath por el nuevo titular del banco central de EE.UU., Kevin Warsh, nominado por Trump en enero y que asumió el cargo a fines de mayo. Tras un breve período de luna de miel, Warsh quedó bajo fuego de gran parte de Wall Street, que sostiene que no hizo lo suficiente para explicar cómo piensa bajar una inflación estadounidense que lleva más de media década en niveles demasiado altos.
Gopinath conoce bien a Warsh a través del Grupo de los Treinta, un cuerpo de elite integrado por altos funcionarios y financistas, del que Warsh formó parte hasta hace poco, y cree que el titular de la Fed tiene la intención genuina de traer la inflación de vuelta bajo control. Pero comunicó mal cómo piensa hacerlo. “Sus intenciones están ahí”, dice. “La primera conferencia de prensa me pareció correcta, la segunda... no fue su mejor momento.”
La comida llega a la mesa. Tanto el bowl de camarones jumbo con trece especias como la fuente jumbo de raíz de loto picante con comino se ven deliciosos, aunque noto con cierta aprensión la cantidad de ajíes en cada plato. Los pepinos picantes parecen menos intimidantes, así que los pruebo mientras Gopinath va directo a la raíz de loto. “Espero que la temperatura no sea demasiada”, dice.
Reconoce la complejidad de la tarea que enfrenta Warsh al tratar de definir cómo conducir la política monetaria de la economía más grande del mundo. Se muestra menos comprensiva respecto de los intentos del presidente Donald Trump de derribar el orden económico al que dedicó toda su carrera.
Trump volvió a la Casa Blanca en enero de 2025 decidido a desarmar un manual de libre comercio al que responsabiliza por destruir la base manufacturera del país.
Gopinath coincide en que quienes defendían el statu quo tenían puntos ciegos, como no advertir a Alemania sobre su excesiva dependencia de la energía rusa, o hacer demasiado poco para ayudar a los trabajadores que perdieron sus empleos por la globalización. Pero los altos aranceles que dominaron la agenda económica de Trump en su segundo mandato constituyen “proteccionismo puro y duro, en su forma más extrema, y no es solo hacia países con los que uno cree que tiene alguna rivalidad, sino también hacia sus aliados.
“No conozco a ningún economista que diga que este es un buen conjunto de políticas.”
Le pregunto si hay paralelismos entre el desdén de Trump y el del primer ministro indio Narendra Modi hacia el pensamiento económico convencional y las instituciones, como el FMI y Harvard, que lo practican.
Muchos economistas, incluido el vecino de oficina de Gopinath, Amartya Sen, criticaron la decisión sorpresiva del gobierno indio, en noviembre de 2016, de prohibir de la noche a la mañana el 86% del efectivo en circulación, sin previo aviso, como parte de una ofensiva contra la economía informal. Modi le respondió a Sen declarando que el “trabajo duro” era “más poderoso que Harvard”.
Gopinath responde rápido: “Nunca pensé que diría esto, pero creo que las políticas económicas en EE.UU. son más heterodoxas que las de la India. Bastante obviamente.”
Algunos funcionarios del FMI temían que la administración Trump implementara el plan trazado en el manifiesto Proyecto 2025 de la derechista Heritage Foundation y retirara a EE.UU. tanto del FMI como del Banco Mundial, organismo en el que es el mayor accionista.
Los temores de que EE.UU. le bajara el telón al FMI resultaron infundados, aunque el organismo quedó bajo presión de Bessent para recortar sus esfuerzos en materia de financiamiento climático y concentrarse en su misión central: preservar la estabilidad del sistema económico y financiero global.
Gopinath anunció su renuncia en julio de 2025 y dejó el cargo al mes siguiente para asumir como profesora Gregory and Ania Coffey de Economía aquí, en Harvard. Su reemplazante fue Dan Katz, ex jefe de gabinete de Bessent.
Cuando la entrevisté por última vez en el FMI, estábamos rodeadas de voceros de prensa y cada respuesta, cuidadosamente elegida, llegaba después de una larga pausa. Ahora se la ve liberada.
“Le digo en broma a mis ex colegas que ahora puedo usar todo mi vocabulario. Puedo decir directamente ‘guerras comerciales’ en lugar de ‘tensiones comerciales’... Siempre existe la sensación de que uno no quiere gatillar una crisis en un país, por supuesto”, dice, aunque agrega que era “probablemente mucho más cautelosa” de lo necesario.
Pruebo los camarones. Son tan jugosos y sabrosos que, imprudentemente, como un par más. Y hago una mueca. El plato tiene ese tipo de picante que se acumula despacio antes de golpear con fuerza en el fondo de la garganta. Trato de disimularlo, y fracaso estrepitosamente. “¿Estás bien? ¿Te está afectando el picante?”
Ella sugiere pedir otra copa de Flor de Lychee.

La carrera que llevó a Gopinath cerca de la cima del FMI empezó por casualidad.
En la escuela en Mysore, en el estado sudoccidental de Karnataka, Gopinath estaba obsesionada con la ciencia. Pero su padre y algunos primos la convencieron de postularse para el Servicio Administrativo Indio, un cuerpo estatal de elite, y pensaron que estudiar economía en Delhi la ayudaría.
Para cuando Gopinath llegó, en 1989, al muy competitivo Lady Shri Ram College, sin embargo, ya había decidido anotarse en ciencia política como plan B. Cuando dijo que también le gustaría probar suerte en economía, la directora, politóloga de formación, se molestó. “Me puse superenerviosa y dije ‘bueno, bueno, anotame en ciencia política’.”
Una alumna avanzada, encargada de inscribir a la gente en la carrera, intervino. “Si no fuera por ella, yo hubiera hecho ciencia política. Fue totalmente al azar”, cuenta.
La crisis de balanza de pagos de la India a principios de los años 90 trajo al FMI al país y, para Gopinath, le dio vida a la ciencia lúgubre. Tras un máster en la Delhi School of Economics, se fue a la Universidad de Washington y luego a Princeton, donde sus directores de doctorado fueron Gourinchas, el futuro titular de la Fed Ben Bernanke y Kenneth Rogoff.
Reconoce a Rogoff como su principal mentor profesional, y dice que él se adelantó a su época al hacer todo lo posible por alentar a sus alumnas mujeres. “El hecho de que haya bastantes mujeres en finanzas internacionales muestra que Ken tuvo un rol importante en eso”, dice.
Gopinath habló públicamente sobre algunas de sus experiencias, incluida la de ser interrumpida constantemente e incluso que le pidieran cambiar de asiento para dejarle lugar al economista jefe del FMI, cargo que en ese momento ocupaba ella misma. En mayo, publicó en X una imagen del encuentro entre Trump y el presidente chino Xi Jinping, con ambos líderes rodeados de comitivas integradas exclusivamente por hombres, con el epígrafe: “Un cuadro del fin de la meritocracia”.
“Habiendo conocido a tantos funcionarios de alto rango, te puedo asegurar que uno no se va pensando: ‘Wow, qué meritocracia, así consiguieron estos puestos’”, dice.
Aunque su agenda en Harvard está lejos de ser tan ajetreada como en su época en el FMI, Gopinath sigue viajando por el mundo, incluida la India. Este año espera hacer cuatro viajes para ver a sus padres, a su hermana mayor y a otros familiares.
Gopinath es ciudadana estadounidense y ciudadana en el exterior de la India. Le pregunto si EE.UU. todavía le resulta un hogar. Mucho, dice. “Es un gran país, sin duda... te libera de un montón de preocupaciones cotidianas que la gente tiene en muchos países, incluida la India.
“A veces, a las 2 de la mañana, estoy cargando nafta en una estación de servicio y no estoy preocupada. Y eso es tan liberador porque te permite dedicarte a trabajos mucho más interesantes. Definitivamente me siento mucho más segura acá que, por ejemplo, si estuviera en Delhi, donde tendría que tener cuidado de a dónde voy.”
Le pregunto si está disfrutando de la comida o si le resulta demasiado sosa para su gusto. La combinación de los camarones picantes con los platos de verdura más suaves “funciona bien”, dice, y agrega, con una diplomacia que delata sus años en el FMI, que los dos platos más suaves “compensan”.
Gopinath sigue creyendo que las universidades de EE.UU. son los mejores lugares para hacer un doctorado en economía, aunque hoy hay muchas más oportunidades en el sector privado en la India que cuando se fue, en 1994. Sin embargo, dice que el endurecimiento migratorio de Trump la habría hecho dudar antes de venir hoy. “Se habría sentido demasiado riesgoso, demasiado incierto, demasiado impredecible.”
Y agrega: “Ese es un gran error: lo que a EE.UU. se le dio fantástico fue atraer talento de todo el mundo. Eso solía valorarse, celebrarse y reconocerse, y ahora, lamentablemente, vamos en la dirección contraria.”
Aunque Gopinath elogia a la India por las enormes reformas económicas que hizo el país desde que se fue, sigue faltando empleo para los jóvenes.
Muchos, como ella alguna vez, siguen optando por cargos en el sector público, y pasan sus veintipico preparándose para rendir exámenes ante la escasez de empleos privados estables que ofrezcan cobertura de salud. Le preocupa que el avance de la IA agrave los problemas asociados a la compleja burocracia india, en especial en una economía que dependió fuertemente de los servicios de software para generar buenos empleos.
“Si estás en un país donde es difícil arrancar un negocio, eso va a pesar mucho”, dice. “En EE.UU. es superfácil... En la India todavía es complicado... Si no resuelven esa facilidad para hacer negocios, va a ser aún más determinante ahora que antes de la IA.”
Pese a la delantera de EE.UU. en la carrera de la IA, sus responsables de política económica enfrentan el mismo dilema: ¿puede la fuerza laboral adaptarse lo bastante rápido?
Nota que muchos de sus alumnos en Harvard están preocupados, en sintonía con las protestas estudiantiles más amplias por recientes discursos de graduación que ensalzaron a la IA. “A nivel personal, es una gran tecnología para mí, pero tengo experiencia específica en mi campo, puedo combinarla con la nueva tecnología, y eso es muy entretenido. Lo que tenemos que garantizar en las universidades, y también convencer a los estudiantes, es que necesitan adquirir esa experiencia específica: sin eso, la tecnología te reemplaza.”
En el campus, una respuesta posible es volver a los exámenes presenciales y al trabajo hecho en clase para asegurar que los estudiantes tengan esa experiencia específica. “Para eso vas a tener que volver a lo analógico”, dice.
Gopinath cree que la IA y la geopolítica van a definir la economía global en los próximos años. Estamos, dice, atravesando un período que compara con una “gran apuesta”.
Su propia apuesta implicará poner en marcha un nuevo organismo sin fines de lucro, el Global Economics Lab, que funcionará desde Harvard pero se apoyará en una red de economistas, incluidos Gourinchas y Rogoff, distribuidos por todo EE.UU.
El objetivo es garantizar que, incluso en esta era de fragmentación geopolítica, los beneficios de las tecnologías emergentes, como la IA y las monedas digitales, mejoren el nivel de vida en todos lados y no solo para unos pocos.
Con instituciones oficiales como el FMI condicionadas por la incómoda diplomacia que impone la geopolítica, las universidades son, dice, “excelentes lugares para abordar estas preguntas más espinosas”.
Gopinath ya cuenta con algo de capital semilla de la universidad, contrató a un jefe de gabinete y a un equipo de investigación, y está “muy cerca” de lanzar un sitio web. Buscará ampliar la operación con fondos externos en los próximos meses para sumar más economistas y personal de política pública.
“No tenemos ni idea de hacia dónde va esta combinación [de IA y turbulencia geopolítica]”, dice. “La gran apuesta podría salir maravillosa, o podría ponernos en una situación muy difícil.”
Casi dos horas después de empezar el almuerzo, el restaurante ya está vacío. Nos las arreglamos para comer casi todo lo que pedimos, incluidos todos los camarones.
Cuando nos preparamos para irnos, hablamos de Rogoff y de sus años de estudio en Princeton. Le digo que nunca miró para atrás desde entonces. “Eso también soy yo”, responde. “Tiendo a no mirar para atrás.”


















