En esta noticia

Durante buena parte de los primeros meses de gestión, el eje de la política económica estuvo puesto en el equilibrio fiscal, la desaceleración de la inflación y la recomposición de reservas. Ahora, con la baja del riesgo país, pero no sólo por ello, empieza a aparecer otro capítulo: la reconstrucción de las fuentes de financiamiento.

Las medidas publicadas este lunes en el Boletín Oficial muestran que la estrategia ya no involucra solamente al Tesoro Nacional.

Mientras el Gobierno se prepara para acceder a hasta u$s 5000 millones mediante préstamos con bancos internacionales, Neuquén recibió autorización para colocar hasta $ 620.000 millones en letras del Tesoro provincial.

Los movimientos llegan pocos días después de otras señales en la misma dirección: el refinanciamiento respaldado por el Banco Mundial, los canjes de deuda en pesos vinculados al dólar y el crecimiento del financiamiento privado en el mercado local.

La pregunta empieza a cambiar. Si durante el primer tramo del programa económico el foco estuvo en el ajuste, ahora la discusión comienza a girar sobre cómo financiar inversión, infraestructura en el caso de las provincias y contener el tipo de cambio mientras se encaran vencimientos futuros -en el caso de nación- sin volver a depender de la emisión monetaria.

Los u$s 5000 millones que busca el Tesoro

El Decreto 478/2026 habilitó al Ministerio de Economía a avanzar con operaciones de financiamiento por hasta u$s 5000 millones con entidades financieras internacionales.

La particularidad es que esos préstamos contarán con garantías parciales de organismos multilaterales de crédito y podrán estructurarse bajo estándares habituales de los mercados internacionales.

La norma faculta al Tesoro a acordar préstamos sindicados con bancos internacionales, designar agentes financieros y avanzar en la contratación de entidades participantes para las operaciones.

Pero es con las garantías del Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo que Caputo va a emitir esos 5000 millones.

Además, autoriza la inclusión de cláusulas de prórroga de jurisdicción a favor de tribunales estaduales y federales de Nueva York y la renuncia a oponer inmunidad de jurisdicción ante eventuales controversias vinculadas con esos contratos.

Se trata de una cláusula habitual en los mercados internacionales de deuda, aunque políticamente suele generar controversia por la sensibilidad histórica que tiene la Argentina con la legislación extranjera en materia financiera.

En ese sentido, aún se tiene memoria de los dolores de cabeza que la justicia neoyorkina le trajo al país en los casos YPF y holdouts.

El decreto aclara que esa renuncia no alcanza a la inmunidad de ejecución y protege activos considerados estratégicos, como reservas del Banco Central, bienes diplomáticos, activos militares, recursos naturales, regalías e impuestos nacionales.

Más allá de las discusiones políticas, el objetivo explícito de la medida aparece en los propios considerandos: “reducir el costo de financiamiento del Tesoro Nacional”.

Es decir, no se trata todavía de una colocación concreta ni de una toma efectiva de deuda. Lo que hace el Gobierno es construir la estructura legal y financiera necesaria para poder acceder a crédito internacional en condiciones potencialmente más favorables.

Neuquén también sale a buscar financiamiento

La segunda señal llegó desde el mercado doméstico.

A través de la Comunicación “A” 8448, el Banco Central resolvió no formular objeciones para que las entidades financieras puedan adquirir Letras del Tesoro de la provincia de Neuquén por hasta $620.000 millones, en el marco del Programa de Financiamiento 2026 (PF26).

La autorización permite que los bancos participen en la colocación de esos instrumentos, aunque establece una limitación importante: no podrán utilizar depósitos en moneda extranjera para suscribir las letras provinciales.

El dato resulta relevante porque Neuquén no aparece entre las provincias con mayores dificultades financieras. Por el contrario, la provincia viene mostrando una mejora de sus indicadores fiscales y crediticios impulsada por la expansión de Vaca Muerta.

Según datos oficiales, la administración de Rolando Figueroa redujo su stock de deuda en aproximadamente u$s 460 millones desde el inicio de la gestión y cerró 2025 con un pasivo cercano a los u$s 806 millones.

Además, a comienzos de junio, además, la calificadora FIX SCR mejoró la nota crediticia de la provincia al destacar precisamente la reducción de deuda y la continuidad de su plan de inversiones.

¿Puede la deuda dejar de ser sinónimo de emergencia?

La experiencia argentina suele asociar el endeudamiento con situaciones de crisis o problemas fiscales. Sin embargo, las dos medidas publicadas este lunes pueden estar mostrando una lógica diferente.

En el caso nacional, el objetivo declarado es acceder a financiamiento más barato y ampliar las fuentes de crédito disponibles para el Tesoro.

En el caso de Neuquén, el financiamiento aparece vinculado a la administración de liquidez y al sostenimiento de un plan de infraestructura que ronda los u$s 1000 millones.

En ambos casos, la deuda aparece menos como una herramienta de emergencia y más como un instrumento de gestión financiera.

Vencimientos y tipo de cambio

Adicionalmente, otras líneas pueden ser cruzadas y tomadas en cuenta. El gobierno nacional compró miles de millones de dólares para engrosar sus reservas, tal como lo venía pidiendo el FMI. Eso habría servido de ancla para el tipo de cambio que, según señala el gobierno, se podría haber derrumbado si no se intervenía.

Ahora, la salida a tomar deuda de la semana pasada y esta de hoy es leída en sentido inverso. Sectores opositores señalan que el tipo de cambio está bajo tensión y que el gobierno ve en el precio bajo de la divisa un activo que no quiere dejar evolucionar.

Mientras que la semana pasada brindó al mercado instrumentos atados a la posible evolución cambiaria, hoy busca 5000 millones adicionales.

En el horizonte aparece el desafiante 2027, que no sólo será complejo por la cuestión electoral, sino también por el exigente calendario de pagos externos que deberá afrontar argentina si esa deuda con el FMI y con bonistas no es renegociada.