El presidente Javier Milei reapareció en público tras casi diez días recluido en la Quinta de Olivos para defender a rajatabla su modelo económico al cierre de la jornada del Council of the Americas, el evento anual que se desarrolló en el Hotel Alvear Palace y reunió también a gobernadores y ministros del Gobierno para instalar la agenda del segundo semestre previo a la campaña electoral.
El jefe de Estado llegó desde Balcarce 50 acompañado de la secretaria general, Karina Milei, y la diputada Lilia Lemoine minutos antes de las 13, mientras disertaba el canciller Pablo Quirno. Lo primero que hizo fue saludar efusivo a Susan Segal, la CEO del Consejo, quien lo recibió en la entrada del salón VIP.
En el auditorio lo esperaba también el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger -a quien le dedicó un fuerte respaldo en su discurso-, el ministro de Salud, Mario Lugones, el secretario de Comunicación, Fabián Fernández, y los legisladores Santiago Santurio (diputado) y Bartolomé Abdala (presidente provisional del Senado).
Lejos de mostrar una línea discursiva crítica de los ejes a revisar del modelo, el mandatario encaró su discurso de cierre contra la “precariedad y pobreza analítica de gran parte de los economistas argentinos”. “Frente a la ignorancia y la mala intención, la primera respuesta es al mejor estilo de Milton Friedman: primero los datos”, fue la frase que repitió varias veces durante la alocución que duró una hora.

Celebró, en primer lugar, la tasa de inflación mayorista que dio 0,8% para el mes de julio y anticipó que buscará cumplir su promesa de dar otro recital cuando el índice empiece con cero en agosto. “Acabo de mostrar que sí sé cómo bajar la inflación, porque, de hecho, lo estoy haciendo. Pero, además, también dije que sé cómo hacer crecer a una economía”, sostuvo; “yo voy a cumplir con mi mandato”.
En esa línea, Milei rechazó que la Argentina deba conformarse con un “estado estacionario” sin desarrollo y exigió acelerar la convergencia económica: “A mí no me gusta ser un país de mitad de tabla, yo quiero hacer que Argentina sea el país más grande del mundo”, afirmó.
Durante la defensa, llenó de elogios a Sturzenegger, uno de los funcionarios más golpeados en las últimas semanas por los cortocircuitos con los aliados por los proyectos del Congreso. “Cuando vean a una mierda humana criticando a Federico, es porque le está tocando un negocio prebendario a un chorro y a un corrupto”, dijo Milei ante un auditorio que aplaudió al “Coloso” sentado en frente suyo.

Sobre el consumo y el desempleo, Milei defendió: “Es cierto que desaparecen empresas, sí, pero desaparecen empresas de una sola persona y aparecen empresas que contratan de repente diez personas. Primero, que es muy deshonesto: solo mirar las que cierran. Hay que mirar las que cierran y las que abren”, sostuvo.
“¿Nos vamos a seguir dejando psicopatear por los kukas que hundieron el país? Es decir, ¿vamos a seguir avalando relatos mentirosos? No se puede aceptar una estupidez de comparar una encuesta de 1.000 casos sobre el consumo, hecha por un enemigo del Gobierno, contra el consumo privado que está en máximos históricos, salvo que padezcan síndrome de Estocolmo", agregó.
“Hay que ponerse los pantalones largos y los hijos de putas prebendarios tienen que quebrar”, rugió.
A lo largo de los distintos paneles y conversaciones con la prensa, el Gobierno, los jefes provinciales y el sector privado coincidieron en un diagnóstico general: el programa económico consiguió estabilizar la macro, pero ahora la discusión pasa por cómo transformar esa mejora en inversión, empleo, crédito y actividad concreta en las provincias.
Ante este escenario, quien marcó el ritmo de la jornada fue el presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, Mario Grinman, en un fuerte respaldo hacia una reelección de Milei: “Si a este modelo, no exento de sacrificios, lo continuamos, lo consolidamos vamos tener un país espectacular. Tengo claro de qué lado quiero estar. ¿Y ustedes?”, sugirió en el discurso de apertura.
“Hay empresas que la están pasando mal, hay empresas que cerraron, se han perdido puestos de trabajo, pero si ese es el precio que tenemos que pagar los argentinos para transformar nuestro país, para que nuestros nietos puedan vivir en un país normal, creíble, yo creo que vale la pena”, sumó.
Uno de los reclamos más claros llegó desde el Norte. En el panel dedicado a la minería, los gobernadores de Salta, Gustavo Sáenz, y de Jujuy, Carlos Sadir, ratificaron su alineamiento con la Casa Rosada y destacaron el trabajo conjunto para atraer inversiones, especialmente a partir del RIGI. Pero, al mismo tiempo, marcaron un límite: para que el boom minero sea posible, reclamaron infraestructura.
“Vamos a seguir reclamando las obras de infraestructura importantes”, advirtió Sadir, mientras que el salteño enumeró rutas, ramales ferroviarios, gas, electricidad y el corredor bioceánico como prioridades. El planteo no se presentó como una confrontación con Nación, sino como parte de una negociación.
El otro eje de la jornada estuvo puesto en la energía, con los gobernadores de Neuquén, Rolando Figueroa, y de Chubut, Ignacio Torres, quienes coincidieron en destacar el potencial de Vaca Muerta y de los proyectos de gas y petróleo, aunque volvieron a poner sobre la mesa la necesidad de infraestructura para poder ampliar la producción y las exportaciones.
Figueroa hizo foco en la oportunidad que representa Vaca Muerta para el país y en la necesidad de acelerar las inversiones, mientras que Torres remarcó el potencial energético de Chubut y la importancia de generar las condiciones para que el sector privado pueda desarrollar nuevos proyectos.
El mensaje de ambos gobernadores fue, con matices, similar al que habían planteado Sáenz y Sadir en el panel sobre minería: acompañamiento al rumbo económico de Nación, pero con la demanda de que ese proceso se traduzca en obras, inversiones y mayor desarrollo federal.

En paralelo, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, puso sobre la mesa uno de los problemas que más preocupa al sector privado: el costo del crédito. El jefe de Gabinete reconoció que la recuperación todavía no llegó de manera pareja a la economía cotidiana y anticipó que podría haber “alivio” para quienes arrastran deudas.
Según explicó, los bancos y las entidades financieras ya comenzaron a avanzar en reestructuraciones y la mora habría empezado a detenerse. “La reestructuración que está haciendo el sector privado creo que va a llevar a alivio”, sostuvo en una entrevista que le dio a El Cronista.
El ministro buscó, de todos modos, poner las tasas actuales en perspectiva. Recordó que el sistema financiero viene de un escenario marcado por una inflación del 211% y sostuvo que, aunque el costo del dinero todavía está lejos del nivel que pretende el Gobierno, el proceso de normalización ya está en marcha.
“Esperemos que temprano llegue a la micro”, resumió, en una de las frases que mejor sintetizaron la preocupación que atravesó buena parte del encuentro: que la estabilidad deje de ser un fenómeno exclusivamente macroeconómico y empiece a sentirse en empresas, familias y consumidores.
Sturzenegger, en tanto, aprovechó su exposición para reivindicar el corazón reformista del Gobierno y, de paso, despejar cualquier especulación sobre su continuidad dentro del esquema libertario. Se definió como un “plomero” que trabaja sobre las “cloacas” del Estado y aseguró que la administración de Milei no abandonará sus objetivos pese a las dificultades legislativas.
También pronosticó, en línea con todo el Gabinete, una reelección presidencial en 2027 y afirmó que el Gobierno terminará acumulando un crecimiento económico de 13 puntos, al tiempo que destacó que por primera vez el proceso está siendo liderado por las exportaciones. El ministro aludió, eso sí, que algunas reformas no salieron exactamente como pretendía la Casa Rosada.

En particular, lamentó los retoques que sufrió la iniciativa vinculada con la inviolabilidad de la propiedad privada, aunque valoró que el Congreso haya aprobado parte del proyecto. La conclusión política fue la misma que luego reforzaría Milei desde el escenario: para Sturzenegger, el Gobierno debe seguir avanzando sobre las regulaciones y no ceder frente a las resistencias de los sectores afectados.
La apertura del encuentro había corrido por cuenta de Jorge Macri, quien buscó instalar una mirada más institucional y productiva sobre el escenario argentino. El jefe de Gobierno porteño, quien actualmente busca negociar una alianza electoral con La Libertad Avanza rumbo al 2027 para una reelección en la Ciudad, planteó que el futuro está en “esa luz al final del camino” y no en “la oscuridad del populismo”, con una apelación a sostener el rumbo de transformación y a recuperar condiciones para el desarrollo.
Pablo Quirno, a su turno, tuvo uno de sus discursos más confortativos en el plano institucional, al haber asegurado que la Argentina pretende acelerar su apertura comercial incluso si el Mercosur no acompaña al mismo ritmo. “No tenemos tiempo que perder”, fue la definición que eligió para describir la estrategia externa del Gobierno.
La ausencia más comentada fue la del ministro de Economía, Luis Caputo, quien envió a su segundo, José Luis Daza, en su reemplazo. El ministro de Economía no pudo asistir por un cuadro febril que lo mantuvo en reposo, pero siguió el evento y salió a respaldar públicamente el discurso presidencial. “Volveremos a ser potencia”, afirmó, al destacar lo que definió como “la increíble transformación” que atraviesa el país. También cuestionó los intentos de sembrar desconfianza sobre el proceso económico y pidió mantener el rumbo.
En su reemplazo, el viceministro transmitió tranquilidad sobre la inflación y aseguró que el proceso de baja inflacionaria continuará. El dato fue especialmente relevante después de que Milei utilizara el 0,8% de inflación mayorista de julio como una de las principales pruebas de que su programa está funcionando.

Así, entre las advertencias de los gobernadores por la falta de infraestructura, el reclamo empresario por el crédito, la promesa oficial de nuevas reformas y la defensa cerrada de la apertura comercial, el Council of the Americas dejó una fotografía bastante definida de la segunda mitad del año: el Gobierno considera que la batalla por la estabilización está encaminada y ahora quiere convertir ese resultado en crecimiento.
La tensión, sin embargo, aparece justamente en ese segundo paso. Mientras Milei insiste en acelerar y profundizar el modelo, los gobernadores piden rutas, trenes y energía; las empresas reclaman financiamiento y los propios funcionarios reconocen que la recuperación todavía no llegó de manera uniforme a la economía real.
Milei no llegó al Alvear para revisar el modelo ni para ensayar una autocrítica frente a las dudas sobre consumo, empleo o actividad. Llegó para redoblar la apuesta. Y, con la campaña electoral ya en el horizonte, dejó claro que pretende que la discusión de los próximos meses no sea sobre si cambiar el rumbo, sino sobre cuánto más rápido puede avanzar.
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