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Flávio Bolsonaro dio la sorpresa en las elecciones de este domingo y superó a Lula da Silva en la primera vuelta. Sin embargo, el candidato del Partido Liberal (PL) no alcanzó el 50% de los votos válidos necesarios para evitar el balotaje. Por eso, volverá a medirse con el actual presidente el 25 de octubre.
Con el 99,88% del censo escrutado, según el Tribunal Superior Electoral (TSE), Bolsonaro obtuvo el 47,06% de los votos y Lula el 45,13%. El senador rozó la victoria en primera vuelta en las primeras horas del conteo, pero perdió impulso cuando se incorporaron los votos del noreste, principal bastión político de la izquierda brasileña.
Los otros diez aspirantes quedaron fuera de la contienda. El psiquiatra y escritor Augusto Cury sumó el 2,90% y el agitador ultra Renan Santos, el 2,26%. El exgobernador conservador de Goiás Ronaldo Caiado cosechó el 2,20% y el liberal Romeu Zema, de Minas Gerais, apenas el 0,28%.
Flávio, de 45 años, sumó más de 56 millones de votos, unos dos millones y medio más que Lula y cerca de dos millones más que su padre, Jair Bolsonaro, en la primera vuelta de 2022. Lula, en cambio, quedó por debajo de aquella elección, cuando alcanzó el 48,4% y 57,2 millones de votos.
Lula admitió que esperaba cerrar la elección sin segunda vuelta. “Confieso que estaba convencido de que iba a ganar en la primera vuelta”, afirmó en un acto en un hotel de San Pablo, y calificó el resultado de “inesperado”. Y advirtió: “En el balotaje mostraremos la verdadera foto de Brasil”.

Flávio, por su parte, celebró el desempeño. “Estoy muy contento con el resultado; casi 56 millones de brasileños me dieron este voto de confianza”, declaró junto a su esposa, Fernanda Bolsonaro, y a Daniella Marques, coordinadora de su campaña. “Es una señal de que Brasil quiere un cambio”, sostuvo.
El resultado encaja en una ola de triunfos de la derecha y la centroderecha en América Latina. En 2025 triunfaron José Antonio Kast en Chile, Daniel Noboa en Ecuador, Rodrigo Paz en Bolivia y Nasry Asfura en Honduras. En 2026 se impusieron Abelardo de la Espriella en Colombia, Keiko Fujimori en Perú y Laura Fernández en Costa Rica.
Flávio, heredero político de su padre, asumió la candidatura del PL tras la condena del expresidente a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado contra Lula en enero de 2023. El senador propone recortes en la administración central, mano dura y ampliar la explotación de petróleo y gas.

En ese mapa, Javier Milei mantuvo una relación cercana con Bolsonaro y fuertes tensiones con el gobierno de Lula. Ahora Flávio intentará sumar a Brasil a la ola de cambios, mientras Lula, de 80 años, busca un cuarto mandato no consecutivo.
Dos propuestas radicalmente opuestas
Los dos candidatos llegan al balotaje con visiones de país radicalmente opuestas. Lula propone mantener el marco fiscal vigente desde 2017 y combinar el control del gasto con inversión pública. Además, quiere ampliar el Nuevo PAC, un plan de infraestructura, y que los sectores de mayores ingresos paguen proporcionalmente más impuestos.
Lula también pone la reducción de la pobreza y la desigualdad en el centro de su propuesta. Su gobierno mantendría el Bolsa Familia, que asiste a 20 millones de familias vulnerables, y defendería el programa habitacional Minha Casa, Minha Vida. Además, plantea reducir la jornada y terminar con la escala 6x1 sin recorte salarial.
Flávio, en cambio, plantea un “tijeretazo” que elimine al menos una decena de ministerios, un ajuste del gasto público y una agenda de privatizaciones. Además, busca reemplazar el marco fiscal vigente y bajar impuestos, en un modelo que se parece a las medidas de Milei, Noboa y De la Espriella.
La seguridad pública marca uno de los mayores contrastes. Lula propone fortalecer el Sistema Único de Seguridad Pública y destinar R$ 10.000 millones (u$s 1900 millones) en financiamiento reembolsable para que los estados mejoren equipamiento e infraestructura. También impulsa un Ministerio de Seguridad Pública y el uso de tecnología para rastrear armas, dinero y redes criminales.
El actual presidente sostiene que el combate al crimen organizado debe apoyarse en inteligencia y prevención social, y no solo en el castigo. Su plataforma incluye la urbanización de barrios populares, la recuperación de espacios públicos y políticas dirigidas a los jóvenes.

Flávio propone declarar narcoterroristas al Primeiro Comando da Capital, al Comando Vermelho y a las milicias, bloquear sus activos y reforzar el control de las fronteras. Promete cinco cárceles federales de máxima seguridad, inspiradas en el modelo de El Salvador, y 500.000 nuevas plazas penitenciarias en cuatro años.
Su programa contempla penas más duras y restricciones a la progresión de condenas, además de una reducción de la edad de responsabilidad penal. También incorpora un sistema nacional de reconocimiento facial y más de un millón de cámaras en espacios públicos, puertos y aeropuertos.
En educación, Lula prioriza la alfabetización, la enseñanza técnica y universitaria y las políticas de inclusión. En salud, propone reforzar la atención primaria, ampliar la vacunación y extender los servicios de Farmácia Popular. Flávio apuesta por escuelas cívico-militares, vales educativos, métodos tradicionales de alfabetización y más telesalud.
Los que se abstuvieron, en el radar de Lula y Bolsonaro
Casi 31 millones de brasileños, un poco más del 20% del padrón, no votaron en esta primera vuelta. Ese enorme bloque se convierte en el principal objetivo de ambos candidatos. Según el recuento parcial del TSE, la abstención rondó el 21,08% y la participación el 78,92%, sobre un padrón de más de 158,7 millones.
El dato llama la atención porque el voto es obligatorio para los brasileños de entre 18 y 69 años. Los electores obligados que no concurren deben justificar su ausencia ante la Justicia Electoral para evitar sanciones. El sufragio es optativo para quienes tienen 16 y 17 años y para los mayores de 70.
Los votos en blanco y nulos completan el mapa del descontento: sumaron 869.509 sufragios en blanco (1,73%) y 1.326.542 nulos (2,64%) en las secciones ya totalizadas. Ninguno de esos votos entra en el cálculo de los votos válidos, así que no inciden en el porcentaje necesario para ganar.
La abstención no es una novedad. En 2022, Lula ya pidió buscar votos entre quienes optan por no ir a las urnas y calificó la alta abstención histórica de problema serio. Cuatro años después, el presidente vuelve a necesitar a esos electores para sostener su aspiración a un cuarto mandato.














