

Con el mes de abril finalmente concluido, el Gobierno espera que haya una desaceleración en términos inflacionarios que le permita poner el foco en cambios estructurales. Para tamaña empresa, la administración Milei sabe que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) que dará a conocer el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) el día 14 de mayo puede operar como golpe de efecto positivo puertas adentro, pero también hacia afuera.
El descenso del IPC, que en marzo fue del 3,4% —el número más alto desde marzo del año anterior, cuando la inflación fue del 3,7%— pareciera ser un norte viable y no una utopía. Así lo anticipó la economista y directora de la consultora C&T María Castiglioni durante una entrevista con El Observador, donde estimó una medición para el cuarto mes del año en torno al 2,4%.
En primera instancia, la especialista relativizó el último dato de inflación para explicar la tendencia actual: “Marzo siempre es un mes complicado por el rubro Educación, que lideró el incremento. También tuviste el impacto del incremento de combustibles, que aumentó más del 20% en el mes y tuvo sus consecuencias en abril”.
Sin embargo, Castiglioni destacó que la dinámica de fondo está cambiando. “Otros rubros, como Alimentos y Bebidas, que ya venían desacelerando en marzo, siguieron esa tendencia durante abril. Esto se vio claramente en uno de los ítems más importantes, que es la carne”, analizó. Para la economista, este proceso es fruto de una política fiscal “súperortodoxa” y de un ordenamiento del balance del Banco Central que permitió evitar una hiperinflación que parecía inminente a fines de 2023.
Salarios y consumo: la deuda pendiente que ve Castiglioni
A pesar de la baja de la inflación, el bolsillo de la clase media sigue bajo presión. Castiglioni abrió el paraguas con respecto al tema salarial, reconociendo la pérdida de poder adquisitivo frente a la escalada de precios de los meses previos. “Hubo algunos rubros del sector registrado que tuvieron reaperturas de paritarias y acordaron incrementos con algunas sumas fijas adicionales”, señaló, aunque advirtió que la recuperación real dependerá de la actividad económica.
“Estamos inmersos en una crisis desde hace mucho tiempo y por eso se nota la ansiedad por esperar”, puntualizó la especialista. Para que el poder de compra vuelva a niveles previos, aseguró que es necesario que el Gobierno logre una “economía más vigorosa”. Según su visión, el salario real está atado a la productividad y, mientras la economía siga estancada en el “serrucho” que arrastra desde 2011, la mejora será lenta.
Para Castiglioni, la clave del éxito del programa económico reside en pasar de la estabilización al crecimiento sostenido. “La Argentina tiene todas las condiciones para lograr un camino de crecimiento. Lo que tenés que hacer es estabilizar la economía, porque en un país con cambios constantes en las reglas de juego es imposible que logre inversiones significativas”, afirmó.
En ese sentido, destacó que el mundo hoy demanda lo que Argentina puede proveer: energía (Vaca Muerta), minerales críticos (litio, oro y plata), el agro y la economía del conocimiento. Finalmente, subrayó un cambio estructural inédito: la posibilidad de un superávit comercial sostenido. A diferencia de otros procesos históricos donde la apertura económica disparaba las importaciones y generaba déficit, el modelo actual apunta a un fuerte ingreso de divisas vía exportaciones energéticas y mineras. “Este proceso de ventajas comparativas nos da un marco de estabilidad, aunque también el desafío de gestionar, a futuro, un peso más fuerte”, concluyó.















