

La economía argentina enfrenta un momento bisagra en los primeros meses de 2026. Después de un año marcado por logros notables en materia de desinflación pero también por señales de alerta en el frente cambiario, el gobierno de Javier Milei se encuentra ante un doble desafío que definirá la viabilidad de su programa económico: consolidar la baja de la inflación y, simultáneamente, acumular las reservas necesarias para garantizar el pago de deuda.
El economista Miguel Kiguel analizó la situación actual y trazó el panorama de cara lo que vendrá.
En diálogo con Ahora Play, el especialista explicó que “la inflación en la Argentina desde que asumió Milei nos dio sorpresas, la primera de ellas cuando bajó de niveles del 25% al 2 y pico por ciento, y eso fue bastante único”.
El director de Econviews destacó que quienes estudian el fenómeno inflacionario durante años suelen hablar de la inercia inflacionaria, que tiende a mantenerse en el tiempo por distintas razones. “Es difícil sincronizar una desinflación tan rápido, pero la verdad que acá el programa fue muy exitoso y va a dar mucho margen para estudiar”, reconoció.
Sin embargo, esa extraordinaria caída inicial encontró un piso. Según Kiguel, una vez que la inflación llegó a un límite inferior, “la desinflación empieza a andar más rápido o se revierte un poquito como estamos viendo ahora”. El economista fue enfático al aclarar que esto no significa el fin del proceso desinflacionario, sino una dificultad característica de todo programa de estabilización.

El tipo de cambio: de ancla a fuente de incertidumbre
Uno de los factores clave que permitió la rápida desinflación inicial fue el anclaje del tipo de cambio oficial. Esta variable se mantuvo relativamente estable y sirvió para formar expectativas de los agentes económicos. Pero ese éxito tuvo un costo: la falta de acumulación de reservas.
Cuando el gobierno decidió modificar la estrategia y pasar a un esquema de bandas cambiarias, el contexto político jugó en contra. La incertidumbre por las legislativas después de la contundente derrota oficialista en la provincia de Buenos Aires generó volatilidad. El tipo de cambio reaccionó, y con ello perdió su función de ancla.
“Lo que estamos viendo ahora, con un rezago, son los efectos de la depreciación, con un nuevo ajuste de precios”, explicó Kiguel, quien además señaló que persisten dudas sobre si el tipo de cambio podrá volver a funcionar como ancla o si hará falta una nueva estrategia de estabilización.

Fuente: Presidencia
Sobre las perspectivas inmediatas, Kiguel elige la prudencia: “Mi impresión es que se va a mantener arriba del 2% los próximos meses pero el proceso de desinflación sigue”.
Sobre las declaraciones del presidente Milei, quien anticipó que la inflación comenzará con cero en agosto, Kiguel entiende la lógica política: “El Gobierno siempre tiene que generar expectativas positivas, tiene la obligación de hacerle creer a la gente que la inflación va a bajar. El error es mencionar fechas”.
Para el cierre de 2026, Kiguel proyecta una inflación anual entre 22% y 24%, apuntando a que “la aceleración que estamos viendo debería revertirse en algún momento” y subrayando que los efectos de las medidas que viene tomando el gobierno no son inmediatos ni lineales.
En cuanto al tipo de cambio, el economista se mostró relativamente optimista. “Tampoco vemos razones para que el dólar se escape demasiado, yo no sé si el techo actual de la banda es el número correcto, pero estoy seguro que no es 15% arriba”, afirmó. En su visión, no hace falta otro salto cambiario fuerte y la situación “se puede ir manejando despacio”.
El doble desafío de 2026
Consultado sobre las prioridades para los próximos meses, Kiguel fue claro: “Yo creo que hoy hay dos prioridades: una es que baje el riesgo país, y para eso hacen falta reservas, porque hoy Argentina tiene deuda en dólares, muchos vencimientos que afrontar, y si bien los privados tenemos muchos dólares, el Central no los tiene”.
En esa línea, el economista advirtió sobre el riesgo reputacional de estar buscando financiamiento días antes de cada vencimiento: “No podemos estar tres días antes viendo de dónde viene la plata. Sabemos que van a pagar, pero no sabemos de dónde van a venir los dólares. Y ese no es un mecanismo que un país que trata de dar previsibilidad tiene que tener”.
El segundo desafío, indicó, es lograr que la recuperación económica, aunque incipiente y con estancamiento en la segunda parte de 2025, sea más pareja. “Que no sea solo energía, agro y minería, sino que llegue al consumo masivo. Y ahí la verdad es que viene muy flojo”, advirtió Kiguel.














