Elecciones

Vaivenes: entre el match point de Nicolini y unas PASO de mentirita

El dedo del peronista-jefe ya es un clásico, pero la vergonzante actuación opositora se ha quedado a mitad de camino.

Es un espejismo. Parece que los políticos miran ensimismados las primarias de los Estados Unidos y hasta envidian su desarrollo, pero a la hora de organizarlas aquí de verdad se resisten porque en general prefieren la rosca al debate y los amigos a los mejores. Como tantas otras muchas cosas en la Argentina, la política también en esto juega "de mentirita" y se ocupa de hacer parecer "como si" pero, en verdad, sigue con las viejas costumbres de comité: el dedo del peronista-jefe ya es un clásico, mientras la vergonzante actuación opositora se ha quedado a mitad de camino.

En los distritos donde se organizaron las PASO, los dirigentes no se han preocupado ni por su prohibitivo costo (todo es prohibitivo en esta situación) ni por la riqueza de los debates, sino que se rasgan las vestiduras por la eventual imagen que podrían dar las discusiones o porque los medios hablen de "internas" o de "bolsa de gatos". En el fondo, la casta organizada alrededor de la política teme algún protagonismo de los ciudadanos. Aunque la desesperanzada sociedad pueda presumir que las peleas que se han instalado entre políticos son para ficcionar las llamadas "elecciones libres" que se vendrán en un par de meses, comicios funcionales a los deseos de supervivencia de la clase política y que poco contemplan sus necesidades más perentorias como más salud y mejor economía, la gente deberá hacer el esfuerzo de ir a votar para no hacérsela tan fácil.

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Pese a la tristeza del momento, a los muertos, a los pobres y a que volvió el trueque como en 2001 y ahora para comer, la gente no se manifiesta de momento por el "que se vayan todos" de aquellos tiempos y parece saber (o intuye) qué cosa se juega este año en materia electoral. Puntualmente, el Gobierno ha fracasado en casi toda la línea, explicando siempre lo inexplicable o culpando a los demás, pero la oposición poco ha batallado para proponer planes coherentes, salvo las consabidas diatribas de ocasión. La sensación es que todos, sin excepción, estuvieron más que preocupados por conseguir un buen lugar en las listas, ya que nadie se quiere quedar afuera de la corporación. La sociedad, en el fondo, quizás sueña con un recambio generacional, tal como explotó en Chile, algo que los dueños de pelota en la Argentina no se muestran dispuestos a conceder aún.

Lo cierto es que en este tiempo de elecciones el pasado está aquí y que los dos rincones de la nueva pelea entre argentinos ya parecen definidos, aunque con una variante política de carácter global, una nueva pérdida de tiempo que vuelve a hacer retroceder a la Argentina. Ya no hay divisiones entre patriotas y realistas, ni hay unitarios vs federales, ni siquiera mitristas contra autonomistas o radicales enfrentados a los conservadores. Tampoco la discusión de hoy se centra en el peronismo naciente pujando con la Unión Democrática ni mucho menos entre el partido militar y la democracia. Hoy, la grieta vernácula se ha globalizado y ha llevado al país al oscuro túnel del tiempo de la Guerra Fría, a la pelea entre colectivistas y capitalistas que pareció haberse saldado cuando el Muro de Berlín se derrumbó porque los de adentro lo empujaron para este lado. Esta disputa que, Nicolás Putin mediante, el mundo no ha superado del todo, aquí se presenta como de virulencia inaudita después de 30 años y a partir del setentismo tardío de unos cuantos.

Todas esas expresiones binarias de la historia argentina son de momentos que, con los años, terminaron edificando culturalmente la endeble estructura del "vamos viendo" o el más ajustado "lo'atamo con alambre" made in Argentina en el que abreva la mayor parte de la clase política. Es el mismo y endeble esqueleto que desde hace casi un siglo no ha podido, no ha sabido o no ha querido salir del cortoplacismo de ideas que se ha tornado endémico en el país y que el gobierno actual estimula con su pasión por el relato, dentro de un menú que sólo parece apuntar al reparto de pobreza: asfixia impositiva al sector privado y, por ende, desprecio por la inversión, preferencia por el consumo, emisión descontrolada, inflación por el ascensor, salarios por la escalera, atrasos artificiales de tarifas y tipo de cambio, comercio exterior condicionado y regulaciones de todo tipo, a partir de un Estado que marcha a la buena de Dios. El número del riesgo-país y el precio del "blue" son la contracara de este listado.

La manifestación más evidente de la poca disposición a planificar y a ejecutar sin telarañas mentales es la conocida reticencia del ministro Martín Guzmán a presentar un plan económico ya no "sustentable", sino al menos coherente. En el último tiempo, es notoria también la falta de diseño de un plan de salud armónico para luchar de verdad contra el terrible capítulo argentino de la pandemia que ya ha acumulado más de 100 mil fallecidos. Es justamente la ideología de esa pelea del siglo XX, transportada a la Argentina del siglo XXI, la que emerge del metejón argentino por la vacuna rusa Sputnik V y es lo que subyace en el vergonzoso mail que suscribió a principios de mes la asesora presidencial Cecilia Nicolini.

En un escrito que trascendió quien sabe por qué, tema que deja abiertas muchas aristas de corte conspirativo centradas en la maraña del poder o en la necesidad de sacarse la culpa de encima, otra de las constantes del Gobierno, la funcionaria desnuda un preocupante sesgo de sujeción hacia el modelo ruso regente, más allá de los costados de amabilidad casi diplomática que se le quiera buscar o de los varios reproches que Nicolini expresó, dardos que sonaron más a excusas que a sincero enojo o a amenazas por los incumplimientos varios que se reseñan en la comunicación. El presidente Alberto Fernández la acaba de bancar cuando le echó la culpa a la prensa por "editorializar" sobre la mejicaneada rusa, el mismo tema por el que su asesora reclamó.

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Ocurre que Nicolini lo hizo de un modo demasiado meloso y casi pidiendo disculpas, quizás todavía ensimismada con el glamour histórico de Moscú. Si alguien de cualquier otro gobierno se hubiese atrevido a mostrar en una declaración o en un escrito tal grado de galanura hacia el gobierno de los Estados Unidos, por ejemplo, o hacia cualquier organismo de crédito internacional de los que la Argentina es deudor (y no acreedor como es el caso de las vacunas rusas), seguramente le hubieran endilgado a la funcionaria desde el mimo arco ideológico que hoy ocupa el anatema de "lamebotas", Fidel dixit.

El párrafo más triste de la misiva es el que le hace confesar a Nicolini, casi con ingenuidad, que "respondimos siempre haciendo todo lo posible para que Sputnik V sea un gran éxito, pero nos estás dejando muy pocas opciones para seguir luchando por ustedes y por este proyecto". Traducido, esto quiere decir que a la asesora y al Gobierno todo, comenzando por el Presidente, le importa más el "proyecto" de "ustedes" que la necesidad de inocular a las personas para que zafen lo más rápidamente posible de las instancias más graves del Covid-19. Ante una confesión similar, a cualquier otro político de seguro lo hubiesen llamado "vendepatria".

Más allá de los números que la asesora de Fernández desgrana en esa nota para blanquear el faltante de vacunas (reclama por el total de las 30 millones contratadas desde hace siete meses y "estamos muy atrasados", dice) o de las quejas por los varios incumplimientos ("todavía estamos esperando" o "seguimos sin recibir nada", agrega), la preocupación mayor del Gobierno está centrada en al menos las 6 millones de dosis del segundo componente para inocular a las 6 millones de personas que han quedado a la buena de Dios desde hace ya más de 90 días. Sin embargo, no se puede escindir este número de las elecciones, ya que en términos electorales ese faltante resulta muy peligroso en votos. Otra vez las elecciones. "Algo hay que mostrarle a esa gente", genuinamente preocupada por la incertidumbre y el desamparo, puede haber dicho quien le pidió a Nicolini que haga ese mail, alguien que nunca pensó que el enamoramiento de la funcionaria iba a desnudar tanto las intenciones del Gobierno.

Como si fuese un "felpudo", diría el peronismo, la asesora ruega para que Rusia envíe al menos una "cantidad mínima" de la segunda dosis de las vacunas no sea cosa, argumenta, que el presidente Alberto Fernández se quede sin anuncio que hacer el 9 de julio, tal como sucedió finalmente. Hay todo un costado del texto que busca enternecer a la contraparte, aunque la dama desnuda en otro párrafo que los rusos juegan sucio: "alguien de su equipo de salud le está pidiendo a (Laboratorios) Richmond que le pida al ministerio de Salud que facture y reciba el pago completo de las dosis producidas aquí", señala con bastante cuidado.

La acusación conlleva que Rusia presiona para "cambiar nuestro contrato", ya que "podría ser un gran problema político y de opinión pública para todos nosotros si cambiamos una carta de nuestro contrato original", se excusa. "Siempre estamos ansiosos por encontrar soluciones, pero nunca fuimos informados oficialmente por usted, con quien tenemos el contrato, para estudiar esta opción", se queja Nicolini al número 2 del Fondo Ruso de Inversión Directa, después de correrlo con el cuco de un acercamiento con laboratorios estadounidenses y dejando en evidencia por qué se los descartó y en beneficio de quién. Match point y tiro en el pie para el Gobierno.

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También señala el mail que el líquido a granel que se filtra y envasa en la Argentina no ha pagado impuestos y que eso son "millones de dólares" (bueno hubiese sido cobrarlos) "entendiendo que son dosis que nos serán entregadas". Richmond anunció hace un mes que ha enviado sus envases con el primer componente al Instituto Gamaleya para que hagan el control de calidad respectivo, pero parece que los rusos se han tomado todo el tiempo del mundo para verificarlo. Ahora, se anuncia con bombos y platillos que llegarán más litros a granel del componente activo para la segunda dosis, aunque todo esto se da de patadas con las declaraciones del vocero del Kremlin, quien hace unos días dijo que los "ritmos de vacunación se incrementan cada vez más" en su país y que ésa "es la prioridad" para su gobierno.

Esta nueva doctrina Adams/Monroe, trasvasada al particular estilo del presidente ruso, hace pensar que sus prioridades han dejado afuera a la Argentina, al menos de momento. Hoy, el lema de Putin es "Rusia para los rusos", lo que deja en franco ridículo aquel descolgado abrazo de turistas felices entre Nicolini y la ministra de Salud, Carla Vizzotti, en la Plaza Roja y con la hermosa catedral de San Basilio de fondo.

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Comentarios

  • CA

    Claudia Analía

    25/07/21

    Las PASO fueron creadas por el Sr. ÉXTASHIS solo para saber qué se votaba en la opo...

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