Analisis

Un 2021 versión Western: lo malo, lo bueno y lo feo

Algunas cosas se van delineando con suma claridad para lo que dejará este año. Las agrupo siguiendo la famosa película de Clint Eastwood "El bueno, el malo y el feo".

Lo bueno

Resulta bastante poco probable, que al menos hasta noviembre pueda desatarse una crisis económica-financiera como las vividas cada tanto. El Gobierno decidió no maxi-devaluar, hacer un ajuste fiscal light (básicamente dejando que la mejora de actividad por la ausencia de cuarentenas haga mejorar la recaudación y dejar de lado el ATP), reforzar controles de tarifas y precios cuidados, y se supone que instará a la moderación a gremios amigos. De modo que la inflación podrá ser un poco mayor al 40% (43% es nuestro pronóstico), tal vez se estire al 50%, pero nada que no conozcamos.

Las brechas cambiarias podrían subir bastante en algún momento, pero también aquí el gobierno ha encontrado la forma de que las cosas no escalen a "modo pánico". Lo ha logrado a través de 3 vías:

A) Sacrificio de reservas; estimamos unos u$s 200 millones por mes desde noviembre, y que ha usado y aún no repuesto, unos u$s 1000 millones de encajes de los depósitos en dólares (indebidamente, aunque públicamente lo nieguen).

B) Aumento de deuda pública al 17% anual, por cierto una tasa escandalosa, aunque acá no tenemos datos de cuanta deuda pasó al mercado, dado que la ANSeS (también indebidamente), se niega a informar la evolución de bonos en su cartera.

C) Amedrentamiento a operadores y empresas demandante de dólares CCL (con bastante éxito ya que las empresas son temerosas de las represalias del Estado).

Así entonces, la economía en "modo electoral" tiene buenas chances de lograr sus objetivos (que no haya una nueva crisis). Lógicamente, el Gobierno martillará hasta el cansancio respecto a la "gran recuperación" de la economía con el dato del segundo trimestre del 2021.

 El dato, que probablemente ronde el 15% interanual, se conocerá hacia agosto, justo antes de las elecciones. Semejante tasa de crecimiento no es otra cosa que la diferencia entre una economía paralizada por la cuarentena de abril y mayo del 2020, y la expectativa de qué, aunque los contagios sean mucho mayores a los del año pasado, ya no hay lugar para un mayor cierre de actividades.

En este contexto el Gobierno confía, en lograr "algo" con el FMI (una Carta de intención, metas light para 2021, o que los correctivos de incumplimientos en 2021 se hagan en 2022), sin llegar al default con el FMI por los u$s 3600 millones que vencen entre setiembre y diciembre. Si por ejemplo, en 2021 se fijaran metas de compras de reservas del BCRA, de u$s 12000 millones, y resultara que el BCRA sólo lograra comprar u$s 3000 millones, bueno, en 2022 habrá que "hacer algo" (maxi devaluación para bajar o directamente eliminar las brechas cambiarias). Pero ya las elecciones habrían pasado.

Lo malo

Argentina enfrenta una muy grave caída de la inversión productiva. Con datos al tercer trimestre de 2020, la Inversión Bruta Fija a precios constantes, lleva acumulada en 2020 (promedio de tres trimestres de 2020 versus promedio tres trimestres de 2019) una caída del 22,3% (mientras en Chile fue del 13,2% y en Brasil del 5,5%). Si vemos datos de Importación de Bienes de Capital (excluidos teléfonos, computadores y vehículos de transporte), la caída interanual (acumulada a noviembre de 2020) fue del 20,4%. 

Y no hay visos vaya a mejorar mucho este año, más allá de un moderado rebote cíclico. La relación Inversión/PBI proyectamos termine en 2021 en torno al 15,5%, apenas más alto que en 2020 (estimamos 15%), el valor más bajo desde 2003.

El deterioro del empleo, por otra parte, ha sido muy marcado. Pareciera de "sentido común", que la prioridad debiera ponerse en cómo alentar al máximo la inversión privada, para que el "emprendedurismo" fluya, y el empleo empiece a aumentar. Pero no. 

El Gobierno una y otra vez, se encarga de poner palos en la rueda (leyes anti-empleo, amenazas de estatizaciones, amenazas de prohibición de exportaciones, fuertes controles de precios en algunos casos, etc.), y aunque con marchas y contramarchas, va transmitiendo la impresión de que la frase "combatiendo al capital", es más que un "desliz" folclórico de vieja data.

 Y dado que el "foco" de las ideologías estatizantes hoy están en La Cámpora, cada vez que sale un funcionario "normal", y es reemplazado por un militante camporista o del entorno K (y encima la más de las veces sin antecedente técnicos acordes al puesto), es otra señal negativa, otro "espantapájaros" contra la inversión productiva.

Lo feo

Resulta difícil de entender, como los gobernadores de las provincias más productivas, las que tienen un sector privado vigoroso, y relativamente mucho menos empleo público que las provincias más pobres, viendo todas las políticas anti-productivas que va tomando el Gobierno (sean de tono "estatizantes" al estilo "chavista", y/o enfocadas a consolidar el llamado "capitalismo de amigos" al estilo Putin), no reaccionen.

 Provincias como Córdoba y Santa Fe (también Tucumán, Entre Ríos, Mendoza, los intendentes de la parte agropecuaria de la provincia de Buenos Aires y de ciudades grandes como Bahía Blanca y Mar del Plata), deberían estar a la vanguardia en el intento de imponer políticas diferentes, y deberían reclamarle a Alberto Fernández, que cumpla aquello de "recostarse en una alianza con los gobernadores", en lugar de terminar recostándose casi siempre en las faldas de Cristina. Pero brillan por su ausencia. Y sin ellos la causa por una Argentina realmente productiva e inclusiva, y por la vigencia de un capitalismo sano, luce casi perdida.

De modo que, resumiendo, el 2021 asoma como un año sin una nueva crisis económica-financiera (por lo menos hasta noviembre), pero sin ninguna mejora significativa en los graves problemas de inversión, productividad y empleo que sufre el país. Y con la actitud indolente (por falta de convicciones, negligencia, interés de corto plazo para recibir fondeo nacional, etc.), de la dirigencia de las provincias más productivas del país, dirigencia que no puede estar ausente, si queremos algún día sacar al país del camino de decadencia en el que nos hemos ido metiendo más y más.

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