Si para el Gobierno el dato de inflación de julio mereció una explicación que lo acomode a la expectativa de un número descendente, los otros dos anuncios del día se enlazaron instantáneamente con el clima que necesita el oficialismo de cara a los desafíos políticos que tiene por delante.
El ministro Luis Caputo y las autoridades del Banco Central comunicaron ayer la decisión de flexibilizar las condiciones para recibir créditos en dólares, una opción que por ahora quedará limitada para las empresas.

La segunda novedad (que el titular de Economía había anticipado el miércoles, pero en tono enigmático) fue la decisión de YPF de poner todo el paquete de su proyecto Argentina LNG dentro del RIGI. El monto anunciado, de u$s 51.000 millones, involucra toda la infraestructura de transporte ya encaminada, las plantas de procesamiento y fraccionamiento y las dos unidades flotantes de licuefacción.
La empresa precisó que la inversión incluye la explotación de los yacimientos que aportarán el gas necesario para abastecer los volúmenes de exportación de GNL comprometidos. Los números que escucharemos repetir, además de que aportará u$s 10.000 millones anuales a la balanza comercial, son que habilitará unos 20.000 puestos anuales y que u$s 15.000 millones irán a proveedores nacionales.
Los créditos en dólares salieron después de varios meses de debate interno. El equipo económico aceptó finalmente un esquema más limitado por razones prudenciales: los bancos no podrán prestar más de 15% de sus depósitos en moneda extranjera.
Para muchas empresas que no venden en dólares se convertirá en una opción más accesible y de menor tasa. Aunque para que esta fórmula alimente el ciclo productivo también hará falta que crezca la demanda. Y ahí es donde la pelota vuelve al punto de partida: para que esta historia cierre la baja de la inflación tiene que llegar, aunque sea lenta. La política también se mueve con resultados económicos.
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