OPINIÓN

Juan Domingo Biden, Keynes y el progreargento estúpido

El plan para financiar obra pública con suba de impuestos generó una catarata de reacciones. Pero sus supuestos beneficios se basan en falacias

1. El discurso de Biden y el progreargento estúpido

El reciente discurso de Joe Biden impulsando un ambicioso plan de obras públicas financiado con suba de impuestos a "los ricos", haciendo aún más progresivo al sistema impositivo, aumentando el salario mínimo de modo tal que supere la línea de pobreza y la promoción de una mayor sindicalización de los trabajadores generó una catarata de reacciones, pero sin lugar a dudas, ninguna tan estúpida como la de la progresía argenta.

Lo primero que habría que aclarar es que Estados Unidos de Norte América hace ya largo tiempo que ha dejado de ser el faro de la Libertad (ver "Estados Unidos contra Estados Unidos" de Alberto Benegas Lynch (hijo)). En segundo lugar, vale la pena señalar que el Partido Demócrata, si bien lleva el mote de "liberal", en los EEUU, no tiene el mismo sentido que en español, donde el partido en cuestión está alineado con la social-democracia más que con las ideas de la Libertad. Finalmente, a los que han seguido activamente del debate, no les debería sorprender en lo más mínimo lo que ha declarado Joe Biden.

En definitiva, resulta bastante estúpido el modo en que la progresía argenta increpó a los liberales por lo declarado por Joe Biden. En primer lugar, porque desde el punto de vista ideológico no es parte del mismo espectro. En segundo lugar, y aún mucho más importante, el argumento de la progresía argenta constituye una falacia: falacia de la autoridad; esto es, para las personas acostumbradas a pensar, las acciones de un gobierno no se definen como buenas o malas según quien las ejecute, sino que se las evalúa acorde a criterios morales y técnicos. Esto es, para argumentar con falacias con las argumentaciones de la izquierda creo que basta y sobra (cuya única utilidad es servir como marco ilustrativo negativo).

2. Keynes, Roosevelt y la Gran Depresión (Contracción)

Una de las grandes mentiras que suelen circular por el debate local y, aún más grave, forma parte de las enseñanzas universitarias (en especial en Universidades públicas) es la idea de que los Estados Unidos logró salir de la Gran Depresión gracias a las medidas impulsadas por Franklin Delano Roosevelt en el New Deal, donde dicho plan estaba, según se señala, inspirado en la obra de John Maynard Keynes "Teoría general del empleo, el interés y el dinero".

Billonarios del mundo incomodados por esa cosa de sociedad

En primer lugar el argumento es falso por que la Gran Depresión culminó en el año 1933 (ver "La Historia Monetaria de los Estados Unidos de Friedman-Schwartz, cap. 7), mientras que la "Teoría General" se publicó en 1936. Ante la inconsistencia de fechas, se suele señalar que si bien el libro corresponde a una fecha posterior a la finalización de la crisis, Keynes era una personalidad muy influyente a ambos lados del Atlántico y sus ideas estaban siendo puestas en práctica antes de publicarlas. Sin embargo, ello es falso por dos cuestiones: (i) existen registros de este tipo de ideas a inicios del Siglo XX en la Universidad de Chicago, las cuales fueron desestimadas por disparatadas y (ii) las argumentaciones de Keynes por aquellos años se basaban en su "Tratado sobre el Dinero" (cuyo primer tomo es sobre teoría, mientras que el segundo se aborda la cuestión aplicada), el cual había arrancado a escribir en 1925 y publicó en 1930. Es más, el marco analítico de dicha obra está en línea a la tradición wickselliana (un modelo de equilibrio general intertemporal con dinero cuya mejor versión es la que surge de conjunción de las obras de Mises y Hayek) y nada tiene que ver con la estructura analítica de la "Teoría General".

A su vez, vale la pena señalar que Keynes comenzó a delinear los primeros pasos de lo que sería la "Teoría General" durante el año 1932 cuando arrancó a trabajar con Joan Robinson, Richard Kahn (autor intelectual del multiplicador del empleo en el año 1931), Piero Sraffa, Nicolas Kaldor y Roy Harrod, grupo al que propio Maynard llamó "Circus". Por ende, para cuando el mundo había salido de la Gran Depresión, no era mucho lo que podría haber aportado un proyecto de libro/modelo.

Finalmente, luego del arduo debate entre keynesianos y monetaristas, la profesión concluyó que, en base a los trabajos de Friedman-Schwartz, Benjamin S. Bernanke y los recientemente papeles de Christina Romer, de la Gran Depresión no se salió por la política fiscal (donde los aumentos del gasto público estaban acompañados por subas de impuestos) sino que se salió por el accionar de la política monetaria (la misma responsable de causar la crisis, tanto por la expansión de la década del '20 como por los errores de la FED durante la crisis). 

En definitiva, no hay crédito para Keynes y el keynesianismo por la salida de la Gran Depresión, todo el crédito se lo llevó la política monetaria a la que tildaban de absolutamente inefectiva fruto de la trampa de la liquidez.

3. Keynesianismo Modelo Ford T y la Obra Pública

Pese al estropicio en que terminó el debate entre keynesianos y monetaristas y que a la postre sepultó a los hijos de John Maynard con los trabajos de Friedman, Phelps y Robert Lucas Jr., en Argentina, del mismo modo que ocurre con el socialismo real, la historia que se enseña y cuenta es totalmente opuesta a lo que ha pasado.

Es más, ni siquiera los llama a la reflexión que hoy ya no existen keynesianos, sino que lo que hoy existen son los neokeynesianos, aquellos keynesianos que incorporaron los microfundamentos y que de largo arriban a los resultados monetaristas, por lo que si bien apalancados sobre algún "fallo de mercado" (a lo que no vale la pena aclarar que no comparto) hay margen para la intervención, a su vez, ello no implica que hay lugar para cualquier disparate.

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Hecha la salvedad, en un mundo keynesiano donde los precios y salarios son fijos (y ¡esto no es Keynes!), la inversión es insensible a la tasa de interés y el consumo está dado por una fracción constante del ingreso, ello permite señalar que el PIB vendría determinado por el producto entre el multiplicador keynesiano y el gasto autónomo. En ese mundo, los aumentos del gasto autónomo (por ej. el gasto público) harían que el ingreso aumente y con ello el empleo. Es más, dentro de la lógica Keynes (¡esto sí es Keynes!), los precios sólo podrían aumentar si suben los salarios y/o el margen de ganancias de los empresarios. Por último, la tasa de interés, en caso de no actuar el Banco Central, subirá conforme aumente la demanda de dinero en línea al mayor producto, aunque dadas las funciones de consumo e inversión antes especificadas no tendría impacto alguno sobre actividad y empleo.

Por lo tanto, dado el modelo en cuestión, el Plan de Obras Públicas de Biden y que se financiará con mayores impuestos a los ricos (haciendo al sistema impositivo más progresivo) generará un aumento del producto y del empleo. Es más, la elevación del salario mínimo, al supuestamente ayudar a los segmentos más vulnerables (cuya propensión marginal a consumir es uno) dará mayores bríos a la expansión.

4. La Falacia de la Ventana Rota

Sinceramente, si esto de hacer expandir la economía es tan fácil, no veo motivo para que exista una carrera de economía de tantos años si esto se arregla con unas pocas cuentas básicas. Es más, ¿qué sentido tiene hacer una maestría, un doctorado y hasta un post-doctorado si al final un niño de diez años podría hacer dichas cuentas sin el mayor esfuerzo? ¿Acaso hay gato encerrado? ¡No! No hay gato encerrado, en rigor el keynesianismo es una estafa intelectual.

En primer lugar, lo que uno debe entender es que la mera colección de ecuaciones que se constituyen en un sistema que presenta solución (cuya matriz es no singular, esto es, admite inversa) ello no necesariamente constituye un verdadero sistema de equilibrio general o que si no está dentro de la tradición tiene algún sentido.

En este sentido, la idea del multiplicador constituye un abuso de la matemática pergeñada por personas que sabían de matemáticas pero no tenían bases sólidas en economía. La idea de presentar la función de consumo como función del ingreso (en el caso de Keynes una fracción constante del ingreso) es una extrapolación inválida de un ejercicio de equilibrio parcial a uno de equilibrio general. Concretamente, cuando se pasa al equilibrio general las funciones de exceso de demanda sólo dependen de los precios relativos, y el ingreso queda capturado por la venta de factores productivos y las participaciones en los beneficios de las empresas. ¿Cómo le pasó esto a Keynes? Simple. Keynes sólo tomó un único curso de economía en su vida y fue con Alfred Marshall, el rey del equilibrio parcial. De ahí el origen del horror.

En segundo lugar si bien uno podría derivar de modo estático el multiplicador, en la vida real carece totalmente de sentido. Supongamos que una economía tiene un PIB de $ 100, el cual se compone de $ 80 de consumo y $ 20 de inversión. Así, se puede suponer que el consumo es el 80% del ingreso, la propensión marginal a consumir es 0,8 y el multiplicador es 5 (= 1/(1-0.8)). Esto es, el multiplicador (5) por la inversión ($ 20) nos determina el ingreso ($ 100). Sin embargo, pasar de la foto a la película es un exceso. Creer que si duplicamos la inversión ello duplicará al PIB es por lo menos ingenuo y en rigor implica violar la restricción de presupuesto (el ingreso viene dado por los factores inmersos en el proceso productivo), por lo que cuando todo termine, lo que pasará es que, en el mejor de los casos, el ingreso siga siendo $ 100 y que haya una brutal redistribución del ingreso que haga caer el consumo a $ 60.

Nótese que el keynesianismo se asemeja con la falacia de la ventana rota. En dicha fábula un niño tira un piedrazo contra una vidriera de un local. Naturalmente, ello obliga al dueño de local a tener que comprar una nueva y eso, según los keynesianos generará una expansión de la actividad y el empleo a partir de los efectos positivos sobre la industria del vidrio y sus eslabonamientos productivos. Es más, esto llevó a los keynesianos a pontificar desde obras faraónicos hasta catástrofes naturales e incluso hasta la misma guerra. Sin embargo, una mirada más profunda muestra que ello no tiene el más mínimo sentido. La realidad es que ese gasto que el dueño del local deba hacer en el vidrio se traducirá en un menor consumo y/o en un menor ahorro (por ende inversión), lo cual detraerá el nivel de actividad y empleo en otros sectores de la economía. En el fondo, no sólo que nada se ha ganado sino que a su vez se ha destruido capital y por ende la sociedad será más pobre.

5. El Atroz Plan de Juan Domingo Biden

El progreargento suspira al escuchar a Biden proponer aumentar la obra pública como un modo de impulsar el nivel de actividad y el empleo. Y si a ello se le suma financiar las obras con subas de impuestos que vuelvan al sistema mucho más progresivo sienten que han arribado al paraíso populista, falacia de la autoridad mediante, con el aval de la primer potencial mundial.

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Sin embargo, todo es fruto de un pésimo análisis económico. Tal como señala Henry Hazlitt en "La economía en una lección", la diferencia entre el mal economista y el buen economista radica en que el primero sólo se concentra en los efectos sólo sobre un mercado específico en el corto plazo, mientras que el segundo, no sólo contempla los efectos en todos los mercados sino también en su impacto sobre el futuro. Puesto en otros términos, es la diferencia de un análisis de equilibrio parcial de corto plazo y una perspectiva de equilibrio general intertemporal.

En este sentido, el plan de obras públicas generador de empleos debe ser financiado con impuestos, los cuales pueden ser de tres tipos:

  • (i) impuestos presentes explícitos;
  • (ii) emisión de dinero, esto es señoreaje / impuesto inflacionario;
  • y (iii) aumento de la deuda.

Por un lado, nótese que los aumentos de impuestos presentes explícitos reducen el ingreso disponible, lo cual conduce a una reducción del consumo en los que han sido alcanzados por la medida, por lo que termina castigando el ingreso y el empleo en los sectores donde se planeaba gastar ese dinero.

Por otra parte, financiar el mayor gasto con emisión de dinero conlleva a una pérdida de valor del mismo, ya sea por generar inflación ante un producto y una demanda del mismo dado, o porque ante un ingreso en expansión con demanda de dinero creciente, evitar la deflación quita recursos al sector privado que se repartiría entre todos los tenedores de dinero. En este sentido, no sólo que se estarían cobrando mayores impuestos sino que además se estaría castigando con más fuerza a los sectores más vulnerables de la sociedad (impuesto regresivo si los hay).

Y por último, el financiamiento vía deuda tiene dos problemas. Por un lado, la cuestión técnica de la equivalencia ricardiana, donde la mayor deuda implica mayores impuestos en el futuro, lo cual penaliza el gasto presente vía el menor ingreso permanente y con ello el nivel de actividad y empleo. Y, por otro lado, lo más importante, es que la deuda es inmoral, ya que implica que la fiesta de las personas de hoy sea pagada por individuos que no votan o, peor aún, ni siquiera han nacido.

Por lo tanto, desde el punto de vista estrictamente económico y técnico, el aumento de la obra pública sólo implica mayores impuestos, y donde los efectos expansivos en términos de actividad y empleo que se generan en un sector son compensado por los efectos negativos en actividad y empleo en el resto de la economía. Sin embargo, aún en el plano de técnico de la economía, ello asume que el Estado gastando es por lo menos tan eficiente como el sector privado (algo imposible para aquel que gasta el dinero de otros en otros) y que además no existe corrupción. Supuestos que lucen alejados para el caso argento y que a la luz de la historia uno debería preguntarse si tanto festejo esconde intereses ocultos y/o ignorancia.

Sin embargo, el tema no termina ahí, ya que las implicancias desde el punto de vista moral son infinitamente peores.

En primer lugar porque los impuestos no se pagan de modo voluntario, por lo cual, utilizar el aparato represivo del Estado para quitar recursos a un determinado grupo constituye un robo (¿se puso a pensar qué pasa si a Usted se le ocurriera hacer lo mismo que el Estado?).

En segundo lugar, es arrogante creer que, aún soslayando el robo que ha tenido lugar, el gasto a cargo de un político traerá beneficios netos positivos para la sociedad, donde aún cuando fuera posible medir el impacto en la utilidad (bienestar) en cada uno de los agentes y así calcular el efecto total, es muy autoritario determinar por la fuerza quien debe ganar y quien debe perder. 

Finalmente, la idea del financiamiento con impuestos progresivo de las obras en cuestión recrudece la inmoralidad de la medida y es muy negativa desde un punto de vista intertemporal. Por un lado, implica un trato desigual frente a la ley, lo cual muestra a las claras lo inmoral del mecanismo de financiamiento. Por otro lado, dado que en el capitalismo de libre empresa un individuo sólo puede enriquecerse sirviendo al prójimo con bienes de mejor calidad a un mejor precio, lo cual implica que es un benefactor social, castigarlo con impuestos, más allá de lo inmoral de la medida, no sólo reduce sus incentivos a contribuir por una sociedad mejor, sino que además reduce el nivel de ahorro, cae la inversión, se acumula menos capital, la productividad de los trabajadores es menor y por ende, los salarios reales caen y con ello el nivel de vida de la población se deteriora.

Por último, como si todo esto fuera poco, la idea de subir el salario mínimo tal que el mismo se ubique por encima del nivel de pobreza, si bien suena muy "lindo", ello constituye un verdadero disparate que la teoría económica y la evidencia empírica han desterrado hace ya largo tiempo. El punto es que una empresa, en el intento de maximizar sus beneficios demanda factores de producción acorde con el valor del producto marginal de los mismos. Por ende, cuando el salario se fija arbitrariamente por encima de dicho nivel, las empresas no tienen incentivos a contratar trabajadores y aparece el desempleo. Lo más paradójico es que ello terminará empujando a la calle a aquellos trabajadores menos calificados que estaban dispuestos a trabajar por un salario menor al que se ha fijado. Esto es, la política en cuestión no perjudica a los trabajadores calificados, sino a los más vulnerables, a los que no sólo deja sin empleo, sino que además los transforma en rehenes de las oportunistas ayudas sociales que a los políticos populistas empobrecedores tanto les gusta aplicar.

Por lo tanto, el debate en Argentina sobre el plan de Juan Domingo Biden nos deja bien en claro la precariedad analítica en materia de teoría económica y de evidencia empírica del progreargento como así también los repugnantes valores morales sobre los que se festeja un conjunto de medidas "económicas" sostenidos desde la envidia, el odio, el resentimiento, el robo y el trato desigual ante la ley. En tanto y en cuanto sigamos abrazados y festejando políticas inmorales, el futuro nos deparará sólo decadencia.

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Comentarios

  • CC

    Claudio Cristaldo

    14/05/21

    No me sorprende por quién escribe la nota, mas preocupado por su notoriedad a costo de su credibilidad, me desorienta que un diario que consulto con algo de respeto se pliegue a estos comentarios tan poco serios, si el objetivo es solo sumar clicks a cualquier costo, los respeto, están en su derecho, Chau queridos...

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  • CVE

    Carlitos Villarreal Esquivel

    13/05/21

    Hola javier! Fructífera nota! Pero te pregunto, cuáles serían los efectos que pesarían sobre la economía Argentina, por estas medidas en Estados Unidos? Mayor precio del dolar? Mayor riesgo pais? Aumento del precio de los comodities? Gracias Javier

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  • JGV

    JAVIER GUSTAVO VEGA

    12/05/21

    Con este tipo de columnistas columnistas, este diario se está convirtiendo en un pasquín... !!!

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  • MT

    Magdalena Turinetto

    12/05/21

    El 15 de agosto de 1971, Richard Nixon anunciaba el fin de la convertibilidad entre el dólar y el oro. Acá empezó el problema , y fue un Republicano justamente el que tomo esta medida, que recaiga toda la responsabilidad en Biden a menos de 4 meses de su asunción me parece un poco mucho.
    Muchas veces decís que la economía actúa con rezago, quien es el responsable de los datos de inflación publicados hoy?

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    • MT

      Magdalena Turinetto

      12/05/21

      Perdon la politica monetaria actua con rezago.

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  • RS

    Ruben sfe

    12/05/21

    Me gustó mucho la columna o como sea q le digan, aunque reconozco q algunas cosas no las entendí bien como por ej lo d la matriz singular q no admite inversa y como se relaciona con la explicación y otras cosas d matemática analítica. Pero lo q tiene d buena tu explicación es q por un lado usa el razonamiento matemático pero también el del sentido común como lo d la ventana y también algo intermedio como el ej del multiplicador 5. Espero q sigas así y q t vaya bien en el congreso y no t vendas. Me quedo con la frese el keynesianismo es una estafa intelectual.

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