OPINIÓN

Billonarios del mundo incomodados por esa cosa de sociedad

Las grandes corporaciones que poco y nada pagan de impuestos -reflejando una visión individualista extrema que se desentiende del empobrecimiento de la sociedad en la que se enriquecen-, serán alcanzadas por las subas impositivas propuestas por el presidente Biden

El hombre de negocios solo es tolerable mientras se pueda sostener que sus ganancias guardan alguna relación con que, aproximadamente y en cierto sentido, sus actividades han contribuido a la sociedad

John Maynard Keynes

El presidente de Estados Unidos Joe Biden comunicó el aumento de impuestos a las grandes corporaciones y a los individuos que ganan un millón de dólares como mínimo para financiar su anunciado mega plan económico de infraestructura social, empleo y gasto social.

Aunque Biden llamó la atención por proponer un plan de gran envergadura, no es una voz aislada. Ya desde un año atrás un medio tradicional como Financial Times viene argumentando en la necesidad de cambios radicales en la gestión económica por parte de gobiernos capitalistas, apuntando en la necesidad de invertir en servicios públicos y en proteger los mercados laborales.

El Fondo Monetario Internacional también acaba de expresar la misma visión. Bajo el título "Dar a todos una oportunidad" en el Blog Diálogo a fondo del FMI, tres de sus analistas, David Amaglobeli, Vitor Gaspar y Paolo Mauro, si bien resaltaron que el tremendo impacto de la pandemia sobre la economía "está agudizando el círculo vicioso de la desigualdad", destacaron, por otro lado, "la desigualdad es una condición preexistente que ha empeorado el impacto de la COVID-19".

Es más: afirman que "las disparidades en el acceso a servicios básicos han contribuido a que los resultados sanitarios sean desiguales" porque "los grupos más vulnerables son los que se han visto afectados con mayor dureza por la pandemia". Estos serían para ellos trabajadores con menores cualificaciones y más jóvenes, grupos étnicos desfavorecidos, trabajadores informales, y, "sobre todo en países más pobres".

Por eso, concluyen que "la crisis de la COVID-19 ha demostrado la importancia vital de contar con una buena red de protección social que pueda activarse con rapidez para proporcionar ayuda de emergencia a las familias con problemas". Eso exige que sean necesarias políticas predistributivas y redistributivas. "Con las primeras, los gobiernos aseguran el acceso a servicios públicos básicos y a empleos de calidad, lo que hace posible reducir la desigualdad de ingresos antes de la redistribución del gobierno mediante impuestos y transferencias".

Presidente de los EEUU, Joe Biden

Pero también señalan que debe aumentar la progresividad fiscal, incrementando impuestos sobre la renta personal e ingresos del capital y también inmobiliarios.

El veneno particular del impuesto

No sólo eso. Se desprende que la preocupación sobre el futuro de las principales economías capitalistas debe ser grande para el organismo porque inclusive proponen la aplicación del 'tabú' de los tributos, el impuesto a la herencia.

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En 1936, al concluir la Teoría General, Keynes afirmó que "el crecimiento de la riqueza, lejos de depender de la abstinencia de los ricos, como se supone comúnmente, se vea obstaculizado por ella. Por tanto, se elimina una de las principales justificaciones sociales de la gran desigualdad de riqueza... Esto afecta particularmente nuestra actitud hacia los derechos de sucesión: porque hay ciertas justificaciones para la desigualdad de ingresos que no se aplican igualmente a la desigualdad de herencias".

La concentración de riqueza en el capitalismo se justifica en base a que retribuye el esfuerzo de cada individuo. Pero, como señala Keynes, eso no tiene sentido con la herencia. En noviembre de 2017, The Economist trató el asunto presentando el dilema de "cómo equilibrar el deseo de las personas de legar activos con la injusticia de la herencia", apuntando que ese impuesto "atrae un veneno particular" y "es considerado habitualmente como el menos justo por los británicos y estadounidenses".

Joe Biden, al inocularse la vacuna contra el coronavirus (Archivo)

Para la publicación, la cuestión contrapone "dos principios liberales vitales uno contra el otro. Uno es que los gobiernos deben dejar que la gente disponga de su riqueza como mejor le parezca. La otra es que una élite permanente y hereditaria hace que una sociedad sea insalubre e injusta. ¿Cómo elegir entre ellos?". Para The Economist "un sistema tributario justo y eficiente buscaría incluir impuestos a la herencia, no eliminarlos".

No obstante, lo que destaca es que existe una tendencia a su eliminación. Desde la revolución neoliberal de Ronald Reagan en los 80, estos impuestos vienen siendo rebajados. Donald Trump intentó directamente eliminarlos. La profesora de derecho de la Universidad de Nueva York, Lily Batchelder, el 24 de junio pasado, denunció en el New York Times que en los próximos años Estados Unidos tendrá una transferencia por herencia de u$s 84 billones, lo que significa 81 por ciento de toda la riqueza de los hogares del país.

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A pesar de eso, no sólo en Estados Unidos, sino en varios países capitalistas el impuesto a la herencia viene cayendo. Entre los países de la OCDE Japón es el que aplica la mayor tasa (55%), seguido por Corea del Sur (50%), y Francia (45%). Estados Unidos y el Reino Unido aplican (40%), España (34%) e Irlanda (33%), y con 30% Bélgica y Alemania. Como varios no aplican nada (Australia, Austria, Canadá, Suecia, etc.) o menos del 10% (Suecia, Italia Polonia), en promedio la tasa es 15%, según un estudio Tax Foundation.

En la práctica, sin embargo, los pagos, como resaltan tanto The Economist como Batchelder, son muy inferiores, por las diversas formas de mecanismos de evasión y elusión. En ese sentido, el impuesto a la herencia no difiere de los demás impuestos en que por esas vías los ricos evitan pagar impuestos. Criticado por su 'impuestazo' a los ricos, Biden afirmó recientemente: "Hay 51 o 52 corporaciones de Fortune 500 que no han pagado un solo centavo en impuestos durante tres años". Esto adquiere más relevancia en combinación con el alerta de la actual Secretaria del Tesoro de Estados Unidos Janet Yellen que 150 millones de personas podrían estar en la pobreza si el gobierno no hace nada para evitarlo.

Secretaria del Tesoro, Janet Yellen

En la misma línea que el FMI, Susana Ruiz, líder del grupo International Tax Policy, el impacto de la pandemia sólo puede generar el actual grave resultado porque las terribles condiciones de desigualdad que ya existían. De hecho informa que la riqueza de los multimillonarios aumentó a nivel mundial en "la asombrosa cifra de 3,9 billones de dólares entre marzo y diciembre de 2020".

¡Ufa!, la sociedad

La negación al pago de impuesto por la cumbre de la pirámide social en el actual capitalismo occidental es impactante. Aunque la desigualdad es alarmante entre países ricos y pobres, en las últimas décadas de capitalismo neoliberal ha pasado a ser también dentro de los países más desarrollados, empezando por Estados Unidos.

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Tras el anuncio de Biden, Chuck Grassley, senador de Iowa y líder Republicano en la Comisión de Finanzas, sostuvo que el efecto del aumento de impuestos a los ricos es que "reducirá la inversión y causará desempleo", para después alabar los recortes de impuestos de 2017. Sólo que ese resultado económico no vino para la sociedad, y los que defienden esa visión argumentan que se debió a los problemas que genera el déficit fiscal... causado por la baja de impuestos. Así, demandan que se recorten gastos sociales y se flexibilizan las relaciones laborales.

Diversos estudios relatan que los impuestos no cobrados han huido a diversos paraísos fiscales. Por eso Yellen propuso que se acuerde un impuesto mínimo global a los ricos y grandes corporaciones. La situación es tan absurda que las empresas crean domicilio en países en que les cobran menos impuestos, para no pagarlos en donde generan sus lucros. Estos suelen ser pequeños países con poca población que pueden igualmente beneficiarse con poca recaudación. Así, por ejemplo, en la Unión Europa se instalan en Irlanda, Suiza o Luxemburgo, aunque sus ganancias las generen en los países de economías más dinámicas y más poblados.

La contraposición entre los ultra-ricos y la sociedad presenta números alarmantes. La parlamentaria laborista Zarah Sultana en Twitter afirmó que el Reino Unido cuenta con 147 grandes millonarios y 8.400.000 personas viviendo gracias a planes de alimentos para pobres. En su artículo en Project Syndicate, Robert Skidelsky informa que 14 millones y medio de británicos (22% de la población) vive debajo de la línea de pobreza. El 12 de marzo, el Washington Post informó que la riqueza de los "9 titanes Top" de Estados Unidos- como Elon Musk, Jeff Bezos y Mark Zuckerberg- aumentó en más de u$s 360.000 millones durante la pandemia, mientras el desempleo disparó a 14,7%, el más alto desde la Gran Depresión de 1930-afectando a 20 millones y medio de estadounidenses.

Mientras cualquier objeción al neoliberalismo es tomada como un ataque 'comunista' al capitalismo, esas medidas van generando un capitalismo que expulsa cada vez más gente que, en general, no ha manifestado otra cosa que el deseo que vivir en el capitalismo... mejor.

Grassley concluyó afirmando "Si no está roto, no lo arregles". ¿Qué tiene que pasar para que considere Grassley que está roto? O quizás esa visión tiene como mantra la afirmación de Margaret Thatcher de que "sólo existen los individuos, y no esa cosa de sociedad".

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