OPINIÓN

Entre la magia y la poesía para contener la inflación

En un artículo de 1987, Rudiger Dornbusch proponía una sencilla taxonomía de los programas de estabilización de la inflación. La clasificación pone de relieve dos dimensiones de la política: si el programa incluye o no una restricción fiscal (austeridad) y si el programa cuenta con una política de ingresos (que puede incluir la fijación o el congelamiento de alguna o de todas estas variables: los salarios, los precios y el tipo de cambio).

La ortodoxia

El programa estándar (como los que proponía el FMI para frenar la inflación de los años '70 y '80) hace foco en la austeridad fiscal, pero no hace de la política de precios e ingresos un instrumento clave. En aquellos años, el FMI podía estar a favor de la contención salarial o de arrancar el programa con un tipo de cambio real alto (peso depreciado) pero el control de los precios no era un elemento de la lista de condiciones (de hecho, era impensado que pudiera aceptarlo). En cuanto a la política monetaria, la recomendación usual de un programa ortodoxo es que acompañe la restricción fiscal, aunque algunos economistas (empezando por el mismo Dornbusch) recomendaban que la mejor combinación era la de restricción fiscal con cierta laxitud monetaria ("Tight fiscal policy and easy money") de forma tal que la desaceleración de la actividad económica resultase lo más leve posible. Sin embargo, este tipo de recomendaciones -donde la política monetaria debe resultar más "acomodaticia"- en general se asocia a los programas de corte heterodoxo que veremos a continuación.

La heterodoxia

La alternativa son los programas heterodoxos que combinan una o varias políticas de ingresos con la austeridad fiscal. Se trata de la mayoría de los programas que se encararon en los años '80 en inflaciones crónicas (inflación alta y relativamente estable durante muchos años) de países como Argentina, Brasil e Israel. Ha habido mucha discusión de cuán ortodoxos (o cuán poco heterodoxos) han sido estos programas. Uno de los resultados o hechos estilizados que tiende a aparecer cuando se comparan estos diferentes programas es que el componente de austeridad fiscal primero (desde el arranque del programa) y el de restricción monetaria después (al levantar los controles y congelamientos) han estado presentes en los exitosos y no así en los que finalmente fracasaron.

Ahora detengámonos por un momento. Hasta aquí, podríamos decir que hablamos de programas. Pero existen otras dos alternativas, peligrosas y poco recomendables, pero no por ello menos utilizadas. Al menos en la Argentina.

La magia

Puede haber una fase en la que los magos tienen una oportunidad, sin controles y sin austeridad; pero por lo general se trata de una fase típica (sobre todo cuando los gobiernos no pueden o no quieren implementar medidas amargas) antes de que "el paciente" se agrave y deba recurrir a algún tratamiento de urgencia.

La poesía

La alternativa más común es intentar la estabilización recurriendo a los controles y otras políticas de precios e ingresos, sin prestar atención a la corrección fiscal. Con muchos miles de años de experimentos fallidos, desde el emperador Diocleciano hasta los intentos de los '70, hoy el populismo vuelve a la carga con un nuevo congelamiento. Tristemente a sabiendas que inevitablemente tienen un final traumático cuando producen desabastecimiento y escaseces que dan a lugar a mercados negros y tensiones políticas y sociales.

Volviendo a la taxonomía de Dornbusch, existe otra dimensión a la hora de clasificar los programas de estabilización de la inflación. Se trate de programas ortodoxos o heterodoxos, los mismos pueden implicar el gradualismo o el tratamiento de shock. Un ejemplo de programa heterodoxo gradualista sería la estabilización brasileña de la década del '60. Un ejemplo de programa ortodoxo gradualista podría ser el caso de Chile (es interesante aclarar que el ex Ministro de Economía chileno Hernan Büchi sostenía que el único componente de shock de su programa consistió en el anuncio de todas las políticas que se implementarían, pero que un programa integral como el que llevaron a la práctica es siempre de implementación gradual). La convertibilidad argentina de los '90 podría ser vista como un programa heterodoxo de shock, aunque una parte importante del mismo (la desregulación económica) fue llevada a la práctica luego de la estabilización inicial. Dornbusch sostenía que le resultaba muy difícil recordar un ejemplo de shock ortodoxo, quizá por la falta de supervivientes que pudieran contar el episodio.

Ahora bien, la Argentina necesita mucho más que un programa de estabilización macro. Hace falta un programa integral que dé señales contundentes de cambio de régimen. Los intentos de cambio de régimen en Argentina casi siempre se centraron en cuestiones monetarias o cambiarias (la Tablita, el Austral, la Convertibilidad), pero ninguno sobrevivió a las inconsistencias de la política fiscal y a los problemas estructurales que impiden el crecimiento de la productividad del sector privado. Tomando las enseñanzas de la historia, resultará fundamental definir cuál será el eje de ese cambio de régimen.

Una alternativa podría ser una nueva institucionalidad fiscal, con reglas macro-fiscales claras sobre el gasto público y la deuda. La otra es volver a intentar con algún arreglo cambiario y monetario, dado que no se puede soslayar el rol central que tiene la cuestión cambiaria y monetaria en un país bimonetario y de inflación endémica como el nuestro. Otra opción consiste en hacer eje en las políticas de reforma estructural, por cuanto no se puede descuidar la falta de competitividad/productividad de la economía argentina, que si bien es en parte consecuencia de la inestabilidad macroeconómica, es también la consecuencia de una economía caracterizada por mercados altamente regulados, con escasa competencia y, en la mayoría de los casos, cerrados al comercio internacional. 

Por último, el eje podría girar en torno a la idea de que el programa tiene como característica central su integralidad, donde cada componente es igual de importante para alcanzar la estabilidad macro y el crecimiento sustentable. Cuanto más integral el programa de reformas, no sólo menos central se vuelve el anuncio de un instrumento que por si sólo asegure la estabilización inflacionaria sino que también más creíble (más probable) se vuelve tal estabilización.

Pero claro, no parece que el Gobierno tenga ni la voluntad ni la capacidad de llevar adelante un proyecto de ese tipo. Tampoco parece que el resultado electoral pueda modificar esa situación, o que el camino de un gran acuerdo político tenga como objetivo un cambio de régimen como el que esbozamos en lugar de un objetivo mucho más amarrete como lo es el de comprar algo de tiempo y gobernabilidad. Así las cosas, el tiempo de los magos y de los poetas seguirá camino hacia su anunciado y traumático final.

Tags relacionados

Comentarios

  • CAA

    Carlos Asinari Asinari

    22/10/21

    Brillante Secco .. menciona la necesidad de (nada menos) un cambio de régimen. Cambio que remueva las estructuras (tributarias, laborales, etc) a la par que promueva cierta austeridad fiscal. Alude reiteradamente a las inexistentes condiciones de competitividad internacional, a la bajísima productividad de todas las actividades. No es tarea para "magos y poetas.

    1
    0
    Responder