Javier Milei hizo su primera aparición desde las elecciones en Brasil. No hizo mención a Lula. Ni siquiera, a Flávio Bolsonaro. Pese a que Migraciones ya había confirmado su paso por la Argentina, ni aunque Santiago Caputo se ufanó del éxito del operativo. O que Simón Levy, mexicano que preside el American Council, celebró que Bolsonaro “está vivo gracias al presidente Milei”.

Si, en el actual mandato de Lula, la tensión escaló al punto del retiro del embajador brasileño en Buenos Aires, todo presagia que será difícil, muy difícil, recomponer relaciones, al menos, a corto plazo.

Flávio Bolsonaro llegó a Miami luego de escapar de Brasil a través de Argentina.
Flávio Bolsonaro llegó a Miami luego de escapar de Brasil a través de Argentina.Reuters

Menos, después de que, recién aterrizado en Miami, Bolsonaro se autoproclamó “verdadero presidente electo de Brasil” y le agradeció a Milei “por su coraje, sentido de justicia y legalidad”.

Milei proyectaba finalizar su mandato -y un buen tramo del segundo- con un gobierno mucho más afín en Brasil. Hizo campaña para eso. Pintar a toda América latina de azul era parte de su agenda como fenómeno barrial. La victoria de Lula planteó un escenario de incertidumbre que se potencia mucho más ahora.

Durante el gobierno de Milei, creció -y mucho- el comercio de la Argentina con los Estados Unidos. Pero Brasil aún es su mayor socio comercial. Y comparten el Mercosur, pese a que el Libertario no es un entusiasta del bloque.

Pero, en los próximos años, el Mercosur debe tomar decisiones -puertas afuera y redefinición de reglas internas- que requieren mucho diálogo y visión conjunta entre los dos países. Hay industrias -como la automotriz- que dependen de eso. Y que temen que un problema político escale a diplomático y, a su vez, genere uno económico. Y serio.