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'Economía de guerra': qué se espera tras el acuerdo con el FMI

La agitación bélica en la frontera ruso-ucraniana sacude los números del mercado y altera las proyecciones de una Argentina que se apresta a vivir tiempos de una economía signada por la guerra.

La referencia no solo radica en que la cotización de los commodities vuela en la medida en que aumenta la tensión entre Rusia y los Estados Unidos junto a sus aliados europeos de la OTAN, a tal punto que el petróleo sipera los 100 dólares el barril y la soja supera los u$s 630 la tonelada, mientras los precios del trigo y el maíz se disparan. De este lado del mundo, las batallas domésticas tienen más peso este verano que lo que ocurre en el frío invierno del Viejo Continente.

La definición del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional por la deuda de u$s 44.000 millones supone una carga muy superior al efecto que pueda tener sobre la actividad el aumento internacional de las materias primas en un país que, precisamente, depende de ellas para definir su suerte económica. 

Ya sea porque el incremento del precio del crudo pueda llegar a derivar en una nueva suba del valor de los combustibles que se traslade a toda la cadena logística, resultado indeseado para un país que arrastra una inflación superior al 50% en los últimos doce meses. O porque a la hora de contar los ingresos por exportaciones, la suba de los commodities logre compensar los menores rindes de la cosecha que proyecta la crisis hídrica.

Y es que tanto en la visión del Gobierno como en la del sector privado, sellar la negociación con el FMI evitará un mal mayor para una economía que, según informó el Indec, estuvo cerca de recuperar el año pasado todo lo perdido el anterior -subió 10,3% desde una base 10% menor a la del cierre de 2019- y deja un arrastre de entre el 3% y 4% para 2022. Es más, para los agentes del mercado ese acuerdo supondría una mejora sustancial de los títulos públicos argentinos.

Sin embargo, empresarios y economistas son más cautos a la hora de proyectar el futuro. Observan que no habrá grandes cambios de fondo y prevén una etapa de supervivencia, en la que la trinchera mostrará condiciones similares a las actuales, con inflación alta, dificultades para bajar la emisión, tasa real negativa, conflictividad en las calles y escaso atractivo para la inversión.

La protesta nacional que organizan movimientos sociales y dirigentes cercanos al kirchnerismo para los próximos días contra el acuerdo, sumada a la intención de restablecer el impuesto a la riqueza por 10 años de parte de legisladores de ese mismo sector, contribuyen a la desconfianza sobre lo que vendrá.

Mientras el sector privado esté más pendiente de ver si le tocarán los derechos de propiedad que en planificar un crecimiento que impulse al empleo, será difícil para la Argentina pensar más allá de una "economía de guerra".

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