El sueño de un impuesto a las grandes fortunas por 10 años

La idea salió a la luz el 14 de febrero, durante la reunión del PJ bonaerense en La Plata. La expuso el senador bonaerense y secretario general del gremio de los canillitas, Omar Plaini: extender el aporte solidario de las grandes fortunas que se ideó durante lo peor de la pandemia para, esta vez, atarlo al repago de la deuda con el Fondo Monetario Internacional.

Lo escuchaban los casi 50 consejeros del partido y también su presidente, Máximo Kirchner. Era el día en el que el hijo de la Vicepresidenta reaparecía en su actividad política pública luego de que dos semanas antes renunciara a la jefatura del bloque oficialista en la Cámara de Diputados, justamente en abierta disidencia al principio de entendimiento al que la Casa Rosada había llegado un par de días antes con el organismo. La foto llegó a los portales justamente por esa novedad.

¿En qué consiste la idea? Plaini dice que hace "cálculo de canillita" y afirma que si el año pasado el Estado pudo recaudar $ 247 mil millones por el mal llamado impuesto a la riqueza, eso equivaldría -tomando el dólar oficial de $ 90,72 que fue el tipo de cambio de cuando empezó a regir esa norma- a unos u$s 2700 millones al año.

El planteo sería aplicar esa misma fórmula por los diez años que durase el programa de facilidades extendidas que está en discusión de manera tal de embolsar unos u$s 27 mil millones en total, un monto que -subraya Plaini- representaría el 62,5% del total de los u$s 44.500 millones que se están refinanciando.

"El tema es poner sobre la mesa el debate sobre quién tiene que hacer el esfuerzo para pagarle al Fondo", explica Plaini. Kirchner Jr., autor junto al diputado Carlos Heller del proyecto original de aporte de las grandes fortunas, escuchó atentamente pero por ahora no ha pedido más información en forma personalizada.

La versión que se aprobó en su momento hacía hincapié en la emergencia, tenía finalidades de aplicación específicas, como la compra de las vacunas o el plan Progresar, todo justificado en la pandemia. Salió del Congreso con el mensaje de que se trataba de un "esfuerzo por única vez" que le pedían a unos 12 mil argentinos con patrimonios por arriba de los $ 200 millones. "Sobre esa base se podría replicar pero destinado al pago al Fondo", dice el gremialista.

Propios y extraños

Plaini asegura que se trata de una idea que viene trabajando con sus equipos técnicos y que no es un globo de ensayo que esté soltando el Instituto Patria. La suspicacia surge en tiempos en que se filtran también los detalles técnicos del memorando justo cuando en las próximas horas llegará al Parlamento con la expectativa de que sea tratado antes del 22 de marzo, cuando cae un vencimiento que ya no hay con qué pagar.

De todos modos, la iniciativa todavía no tiene forma de proyecto de ley, y en el oficialismo hay, como para todos los temas, dos miradas. Claramente se trata de una propuesta muy en sintonía con la línea que Cristina Fernández había bajado poco después del principio de acuerdo, sobre establecer una discusión sobre "quién paga la deuda".

De hecho, el propio Plaini también esbozó la idea de que habría que hacer cambios legislativos para que se pudiera dar con el patrimonio no declarado en el exterior de las 100 personas que más se dolarizaron entre 2015 y 2019, de manera tal de aplicar alguna alícuota especial que también muestre un esfuerzo más equitativo de la sociedad en tiempos de ajuste.

Son intentos de bajar a tierra aquél mensaje de la vicepresidenta del 10 de diciembre cuando le dijo en la plaza al Presidente "comprométase a buscar cada dólar en el exterior como un puente de negociación con el FMI". No hubo nada de eso en los anuncios hasta ahora del Ministerio de Economía, salvo -a la pasada- la generalidad del fortalecimiento tributario.

En cuanto vuelva a formalizarse la Comisión Bicameral de Seguimiento de la Deuda Externa -tranqui los tiempos que manejan los legisladores- las principales espadas del cristinismo ya tienen el pen drive que les mandó el Banco Central con esa centena de nombres y apellidos y mientras tanto discuten por qué caminos podrían avanzar. Ayer mismo, el diputado Itai Hagman publicó en su cuenta de Instagram un video destacando la importancia de "investigar la fuga de capitales", para "establecer responsabilidades" y generar una "reparación democrática".

Plaini se muestra con los números a flor de piel y remarca que "algo hay que hacer" porque el 1% de quienes compraron dólares durante el macrismo sumaron u$s 8000 millones, "el 18% de la deuda", explica, y relación el endeudamiento de la administración anterior con la formación de activos externos o fuga de capitales.

En la Casa Rosada, en tanto, cuando escuchan estas ideas aparece una cara más parecida al meme del Alberto despeinado con la leyenda "qué pasó ahora, la puta madre". Hay algunos que juegan al realismo extremo y aducen que ahora no están los votos para aprobar nada, "y encima con la oposición unificada detrás del dogma de no aumentar impuestos". Otros ponen reparos técnicos, con ideas como que "lo que hace falta es generar dólares, no recaudar más pesos" o apuntan que el cálculo de eventual recaudación "va a dar menos" porque se va a ir achicando la base de recaudación "viendo las radicaciones en Uruguay".

Nada ordinarias

En cualquier caso, unos y otros coinciden en que cualquier vía creativa frente al acuerdo con el Fondo tomará vigor luego de que se apruebe, si es que se aprueba finalmente, el paquete de memorando y carta de intención en el Congreso, donde el martes el jefe de Estado abrirá formalmente las sesiones ordinarias. Será un día para ver todo haciendo picture in picture.

Hasta ahora en silencio sobre toda la negociación, Cristina flanqueará al Presidente cuando -se supone- subraye la importancia del entendimiento alcanzado por su gestión. En la bancada oficialista, el disidente Máximo estará presente como diputado raso tras su salida a pura crítica de "negociaron para tujes" Y en la bancada opositora, los de la crítica fácil esta vez tampoco es que pueden decir mucho porque el balurdo del endeudamiento como respuesta a todo que terminó en el FMI lo arrancaron ellos.

Como sea, la apuesta a que la pongan los los ricos y los fugadores para cumplir con las exigencias al FMI aparece como una jugada fuerte, pero delicada.

Puede ser caballito de batalla todo terreno para contener al núcleo duro del kirchnerismo que no encuentra la forma de tragarse los sapos de subir tarifas, aumentar tasas de interés o revisar regímenes jubilatorios, por más que le expliquen que hubiera que haber hecho igual algo de eso aún sin el FMI. Pero hurgar sobre los que compraron dólares también deja a tiro de pregunta espejo a la propia Cristina, que pasó sus pesos a verdes en una caja de seguridad en pleno gobierno de Cambiemos.

Lo loco es que, a los ojos del Fondo, poco de esto hoy es relevante. En modo goles-son-amores, los técnicos no tienen problema en avalar que aparezcan nuevos impuestos, si la contracara es que le muestren que baja el déficit, que suben las reservas.

Algunos lo atribuyen a la "consolidación inclusiva", el nuevo paradigma que presentó el jefe del Departamento del Hemisferio Occidental, Ilan Goldfajn, el viernes en un seminario del Consejo de las Americas, un concepto para explicar que se persiguen los objetivos de siempre pero "atendiendo las demandas de la sociedad que ha salido a las calles". Pero otros, en tanto, entienden que no habrá mayores reparos porque en Washington esperan que en no mucho tiempo, cuando se terminen los desembolsos, habrá que negociar de nuevo. Con este gobierno, o con otro, pero seguro con otras exigencias.

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