Bogani

Tiene 78 años y reinventó su negocio gracias a la gran estrella de la tv en pandemia

Hace 50 años que Gino Bogani viste a la alta sociedad y las celebridades de la Argentina. En plena pandemia, aceptó el desafío de crear los looks semanales de Juana Viale para conducir los programas de su abuela Mirtha Legrand.

Gino Bogani lleva más de 50 años dedicado a la moda como arte. Su nombre es sinónimo de alta costura argentina, un reconocimiento único en la escena local, que no suele ser agradecida con su glorias del pasado. Claro que, en el caso de Bogani, su legado está tan vigente como hace 5 décadas.

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Desde los '60, viste a mujeres de la alta sociedad y también a las artistas más emblemáticas de cada época. Así, sus vestidos se lucieron en la actriz Graciela Borges, la cantante Tini Stoessel, la conductora Lizy Tagliani y la top model Valeria Mazza. 

En 2020, fue convocado por Juana Viale para ser el diseñador exclusivo de los looks con que condujo los dos programas de televisión semanales que su abuela, Mirtha Legrand, dejó vacantes debido a la pandemia.

Me recibe en el primer piso del petit hotel que habita desde 1977, donde la estatua de una virgen mira de frente a rollos de telas que dan paso al salón de prueba. Allí posa el primer vestido de novia que diseñó este modisto italiano en 1969, cuando aún dudaba de su vocación. 

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Recuperó ese tesoro durante la cuarentena, un reencuentro que lo conmovió al punto de convocarlo a repasar su trabajo... Y valorarlo. Su pasión por el cine y el teatro están, desde siempre, plasmados en sus creaciones: algunas simples, otras extravagantes, todas logradas con las famosas mezcla de texturas colores que son el campo de expresión de Bogani. Y su sello.

Alma Bogani, su madre, fue su mannequin de cabina, musa inspiradora de largas pruebas y transmisora conceptual de lo más importante: un vestido luce cuando una mujer está cómoda en él. Su hijo aprendió bien la lección: los diseños que propone son, ante todo, ponibles (www.ginobogani.com.ar)

¿Cuál fue el impacto de la pandemia en la industria de la moda?

Mientras haya mujeres, va a haber vestidos porque existe la coquetería. Más, menos, no importa: siempre va a haber algo para embellecerlas. La moda se adapta según el período y la época en que se vive. El primer gran cambio fue el atentado a las Torres Gemelas porque después, en los aeropuertos, había que desvestirse, sacarse los zapatos, y eso fue llevando a que uno tiene que estar cómodo. El mundo evoluciona y la moda es muy susceptible a todos los cambios: políticos, culturales, económicos y artísticos. ¡¿Cómo no va a ser sensible a lo que está pasando hoy?!

¿Este momento se parece a alguna otras crisis que haya atravesado este negocio?

A los '60, cuando el prêt-à-porter empezó con opciones para todos los bolsillos y parecía que la alta costura iba a declinar, porque el mundo tenía otras necesidades. 

La mujer se transformó en empresaria, lideró corporaciones, se volvió una protagonista dinámica que quería verse bien pero, fundamentalmente, estar cómoda. Ese fue el acierto de Armani con su american style europeizado: pantalón, chaqueta, colores prácticos. Supo ver esa demanda de confort y le dio estilo. Tuvo una visión que otros siguieron. La alta costura sigue funcionando porque es la que da ideas: absorbe la calle para sofisticar el look. Por eso, el gran negocio de las grandes marcas hoy es vender accesorios, prácticamente.  

Necesito la materia prima: el género y el cuerpo. Tengo que tocar. Puedo hacer el boceto, pero siempre necesito probar sobre el cuerpo

 ¿Cuál es el legado de Gino Bogani?

Mi trabajo es muy sacrificado. A veces se cree que se trata de telas, gasas y flores. Pero esa es una imagen. Y, para lograrla, hay que trabajar mucho. Sé que, de alguna manera, fui pionero. Antes no me daba cuenta, pero ahora soy consciente del aporte de mi carrera. En el momento de la colección éramos 35 a 38 personas en el taller, más quienes se ocupaban de los sombreros. Pensá que hacíamos 180 a 200 vestidos por desfile. A mí me encantaba hacer los prototipos. Aunque nunca estoy conforme, sé que he hecho algo importante en la presentación, en la variedad, en el estilo. De eso me siento muy orgulloso: con mis reparos, porque siempre prefiero hacerlo mejor

¿Cómo fue el reencuentro, en cuarentena, con su primer vestido de novia? 

Cuando me preguntaron si me acordaba de mi primer vestido de novia respondí que sí, por supuesto. Era un diseño hecho totalmente a mano por mí, en 1969, bordado y con cristales incrustados. Lo comencé a rastrear hasta que lo localicé. La pandemia me sirvió para ver lo que no había visto durante décadas: revalorizar mi trabajo. Encontrarme con mi primer vestido de novia me hizo pensar en otras cosas.

¿Alguna cuenta pendiente?

Lamento que no haya un testimonio escrito de mi trabajo. Siempre se publicaron artículos y opiniones sobre mis colecciones, pero nadie puntualizó en lo que yo quería decir. Nunca se mencionó mi mensaje a través de determinados vestidos. Me elogiaban, sí: todo era bárbaro, brutal... Pero tampoco uno es tan fatuo para creerse todo porque si no sería patético. ¡Me sentiría un bodrio! En el momento no te das cuenta, pero con el paso de los años pensás: "¿Cómo no lo vieron? Tantas periodistas, tanta prensa y que pase sin pena ni gloria". La clienta es distinta: agarra en el aire lo que quiero decir.

¿Se sintió reivindicado al ser elegido por Juana Viale para vestirla mientras condujo el ciclo televisivo de Mirtha Legrand?

Juana es absolutamente maravillosa. La conozco desde la panza, pero el encuentro profesional es distinto del social. La vestí durante 5 meses. Fue arduo trabajar en estas condiciones de pandemia, solo con dos personas... Preparaba un par de diseños por semana y siempre la sorprendí. 

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