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La idea apareció al observar una situación que se repetía a diario en las calles argentinas.
Repartidores que trabajaban jornadas completas para aplicaciones de delivery, generaban ingresos semanales y aun así seguían alquilando motos porque nadie les daba crédito para comprar una propia.
Los hermanos Juan Manuel y Tomás Manfroni abordaron ese problema desde otro ángulo. En lugar de enfocarse en el historial financiero de los trabajadores, pusieron el foco en su capacidad de generar ingresos. Así nació Gurpi, una startup que financia hasta el 85% de motos 0 km para conductores de aplicaciones.
En apenas tres años, ya supera los u$s 5 millones de facturación anual, entregó más de 3000 vehículos, mantiene una mora de apenas el 4% en un segmento donde el 90% no accede al crédito tradicional, y ahora prepara su desembarco en Uruguay con la proyección de alcanzar u$s 8,4 millones en ingresos durante 2026.
El origen de Gurpi
“Charlábamos con repartidores y nos encontrábamos con situaciones que se repetían. Gente que ganaba bien, pero alquilaba la moto porque nadie le financiaba una propia. Otros directamente trabajaban en bicicleta porque no podían acceder a un préstamo”, sostuvo Juan Manuel Manfroni, CEO de Gurpi.
A principios de 2023 sintieron la necesidad de hacer algo para solucionar este problema. Efectivamente, era un segmento con capacidad de generar ingresos de manera constante, pero se encontraba excluido del sistema financiero tradicional.
La ironía era que ellos mismos sufrían el mismo problema que luego resolverían para sus clientes. “Fuimos a los bancos a buscar financiamiento y nos dijeron que no calificábamos. Nos pedían balances que obviamente una startup recién creada no tenía”.

Según un informe elaborado por la Central de Deudores (Cendeu) del Banco Central, la mora crediticia acumula 19 meses consecutivos de crecimiento y casi 7 millones de personas dejaron de ser consideradas sujetos de crédito. En concreto, acceder a financiamiento se volvió un desafío para millones de argentinos que hoy tienen las puertas cerradas en bancos, billeteras virtuales, fintech y cadenas comerciales.
El día que financiaron motos con sus propias tarjetas
La primera versión de Gurpi nació de manera casi artesanal. Tomás, economista con experiencia en inclusión financiera y expansión internacional de fintechs, y Juan Manuel, abogado con un MBA y antecedentes emprendedores, colocaron apenas u$s 5000 de capital propio.
El resto salió de una maniobra mucho más creativa.
Solicitaron tarjetas de crédito personales en distintos bancos para así comprar motos financiadas usando los planes de cuotas disponibles.
“Íbamos a los concesionarios, tarjeteábamos las motos y cuando una tarjeta llegaba al límite la guardábamos en un cajón. Después seguíamos con la siguiente”, recuerdan entre risas.
Las primeras ventas tampoco tuvieron demasiada sofisticación tecnológica. Los propios fundadores cuentan que recorrían puntos de encuentro de repartidores para ofrecer el servicio cara a cara.

Gurpi diseñó un esquema de financiación completamente distinto al de un crédito tradicional.
Los clientes ingresan con un anticipo mínimo de $ 190.000 y financian el resto durante 12 meses mediante pagos semanales que arrancan en torno a los $ 70.000 e incluyen seguro comercial.
La cuota se debita el mismo día en que el trabajador cobra en la plataforma. Es decir, si trabaja con PedidosYa, paga cuando cobra PedidosYa. Si cobra de Rappi los martes, ese día vence su cuota.
“Los sistemas financieros tradicionales no están preparados para créditos con amortización semanal, semanas de gracia o esquemas flexibles para trabajadores de plataformas”, explica Tomás Manfroni.
Mientras gran parte de la industria financiera enfrenta altos niveles de morosidad, Gurpi reporta apenas un 4% de atraso superior a los 90 días.
Y hay un dato todavía más llamativo. Los pagos no se descuentan automáticamente de las plataformas, sino que los clientes transfieren voluntariamente cada cuota.
Por otra parte, si una moto se rompe y el trabajador no puede seguir generando ingresos, Gurpi lo deriva a talleres asociados y financia la reparación. En caso de enfermedad, puede acceder a semanas de gracia contempladas en el contrato. Si tiene problemas administrativos o legales que le impiden trabajar, recibe un acompañamiento continuo.
Pase lo que pase, “el objetivo es mantener operativa la herramienta de trabajo”, destacan.
El negocio de motos de Gurpi
La primera marca con la que trabajó Gurpi fue Keller, reconocida por sus vehículos económicos, funcionales y de baja cilindrada, ideales para el uso urbano y laboral diario.
Con el correr de los meses, lograron convertirse en concesionarios oficiales de fabricantes como Motomel, Benelli, TVS y Kymco.
Actualmente comercializan motos de 110cc y 150cc, los modelos preferidos por los repartidores por su equilibrio entre costo y consumo. La compañía coloca más de 200 motos al mes y ya superó las 3000 unidades financiadas desde su nacimiento.
El crecimiento fue tan rápido que en poco más de tres años abrió operaciones en AMBA, Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucumán y Mar del Plata.
Buenos Aires representa cerca del 65% del negocio, aunque Córdoba y Rosario aparecen como algunos de los mercados con mejor desempeño relativo.
La próxima apuesta
Después de crecer más de un 400% en sus primeros años, Gurpi ya piensa en escalar su modelo por fuera de las fronteras argentinas. La primera parada será Montevideo, Uruguay.
La empresa prepara una ronda de inversión de entre u$s 2 millones y u$s 4 millones para acelerar su expansión internacional.
“La exclusión financiera no tiene fronteras. Lo que vemos acá también sucede en Uruguay, Paraguay y gran parte de Latinoamérica”, aseguran.

Por Ayelén Trujillo
Redactora de El Cronista
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