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Con tan solo 24 años y mientras cursa la carrera de Ingeniería Agrícola, Iker Sánchez ha decidido emprender un proyecto profesional sin marcharse de su localidad natal.

El joven ha abierto junto a su familia el bar La Parroquia, un nuevo establecimiento en Belinchón, un pueblo de la provincia de Cuenca de unos 450 habitantes, pensado para dinamizar la actividad y crear un punto de encuentro vecinal.

La iniciativa maduró durante años, ante la falta de alternativas en el municipio y la búsqueda de empleo de varios miembros de la familia.

Últimamente notábamos que faltaba un poco esa cultura de bar en el pueblo, y justo coincidió una época en la que tanto yo como mi hermano buscábamos trabajo y dijimos: pues vamos hacia adelante”, explica.

Vista panorámica de Cuenca (Fuente: Shutterstock)
Vista panorámica de Cuenca (Fuente: Shutterstock)

Un proyecto levantado desde cero y en familia

La puesta en marcha fue un reto, sobre todo por la falta previa de experiencia en hostelería. Por eso Iker destaca el respaldo de los suyos en cada etapa. “Al principio estás un poco perdido y no sabes cómo hacerlo, pero, al fin y al cabo, al quedarse todo en familia, nos apoyamos unos a otros y lo sacamos adelante”, cuenta. En el proyecto le acompaña especialmente su hermano Jaime, de 19 años.

De hecho, todo se hizo a contrarreloj. Los hermanos firmaron el contrato del local a principios de julio y, tras 15 días de trabajo a destajo para limpiarlo y reformarlo, el bar abrió sus puertas el 18 de julio, a tiempo para aprovechar el verano, la época en la que el pueblo más crece en población.

La recomendación del joven para emprender en pueblos. (Fuente: Freepik)
La recomendación del joven para emprender en pueblos. (Fuente: Freepik)

La gran acogida de los vecinos

El local, ubicado en la plaza del pueblo, ha tenido una acogida notable desde el primer día. Iker celebra la respuesta de la comunidad: los vecinos “se han volcado” y han acudido de forma continua para compartir mañanas, tardes y noches en el establecimiento.

Para él, lo más gratificante es precisamente esa respuesta. “Un cliente me dijo que desde hacía diez años no veía tanto movimiento”, recuerda. Asegura que en Belinchón “se estaba perdiendo la cultura de los bares” y que, desde que abrieron, “la gente se está reenganchando”. El bar ha atraído incluso a vecinos de municipios cercanos y a viajeros que paran al pasar por la autovía. También han organizado fiestas y “tardeos” con música para los más jóvenes, que hasta ahora tenían que salir del pueblo para disfrutar de algo así.

La apuesta por el futuro en el medio rural

Frente a la emigración juvenil hacia las grandes ciudades, Iker defiende con firmeza que existen oportunidades reales en los pequeños municipios. “Es sacrificado, requiere una inversión, un sacrificio, pero yo pienso que sí, que se puede, y que más personas deberían hacerlo”, remarca.

Su reflexión de fondo es una reivindicación del mundo rural. “Al fin y al cabo, los pueblos son lo que ha dado vida siempre a este país, y pienso que en el futuro también van a volver a hacerlo”, sostiene. El joven, que lleva siete años estudiando fuera, entre Cuenca y Albacete, siempre ha vivido con el deseo de volver los fines de semana a Belinchón, donde quiere seguir echando raíces. Con este bar, dice, tiene la tranquilidad de contar con “una forma más” de ganarse la vida en el pueblo del que no está dispuesto a marcharse.