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Brasil votó este domingo y, mientras avanza el escrutinio de la primera vuelta, hay una discusión que pesa tanto como el nombre del próximo presidente: con qué Congreso va a gobernar.

Más de 158 millones de electores estaban habilitados para elegir entre Luiz Inácio Lula da Silva, que busca un cuarto mandato, y Flávio Bolsonaro, senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Pero las urnas también definen quiénes ocuparán las bancas del Poder Legislativo, y de eso dependerá la gobernabilidad a partir de 2027.

Elecciones en Brasil: qué se renueva además de la Presidencia

En la Cámara de Diputados están en juego las 513 bancas, es decir, la totalidad del cuerpo. En el Senado se renuevan 54 de los 81 escaños, equivalentes a dos tercios de la cámara alta: cada estado y el Distrito Federal eligen dos senadores, con mandatos de ocho años.

Para aprobar leyes, el umbral de mayoría es de 257 diputados en la Cámara baja y de 41 senadores en la alta. El presidente que resulte electo asumirá el 5 de enero de 2027, y si ningún candidato supera el 50% de los votos válidos, el balotaje será el 25 de octubre de 2026.

Una cámara fragmentada y sin mayoría clara

Las proyecciones del Departamento Intersindical de Asesoría Parlamentaria (DIAP), difundidas este domingo, apuntan a una Cámara con mucha continuidad: un récord de 438 diputados busca la reelección y se estima una renovación de entre el 39% y el 43%, por debajo del promedio histórico del 49% registrado desde 1990.

Según esa estimación, el reparto de fuerzas quedaría así:

  • El Partido Liberal (PL) de Bolsonaro bajaría de 98 a unos 91 diputados, con un rango posible de entre 78 y 103, y dejaría de ser la primera minoría.
  • La federación que integran el PT de Lula, el Partido Comunista de Brasil y el Partido Verde subiría a unos 87, cinco más que hoy, con un rango de entre 74 y 100.
  • La alianza entre el Partido Progresista (PP) y Unión Brasil pasaría de 98 a unos 107, con un rango de entre 93 y 121, y se convertiría en la nueva primera minoría.
  • El PSD llegaría a unos 52 diputados y Republicanos a unos 48.

Con ese panorama, tanto el oficialismo como la oposición quedarían con cerca de 90 bancas cada uno, menos de la quinta parte del total. Gane quien gane, tendrá que negociar cada votación.

El Senado: el filtro del poder

La cámara alta no solo vota leyes. Entre sus funciones están ratificar a los directores del Banco Central, aprobar embajadores, confirmar a los jueces del Supremo Tribunal Federal (STF) que propone el Ejecutivo y tramitar juicios políticos.

El antecedente más reciente muestra cuánto puede costar no tener los números. El 29 de abril de 2026, el Senado rechazó por 42 votos contra 34 a Jorge Messias, el candidato de Lula al Supremo. Era la primera vez que la cámara rechazaba a un nominado a ese tribunal desde 1894.

Para esta elección, un informe del CELAG que cita mediciones de AtlasIntel y Quaest señala que, de las 17 bancas que hoy tiene el bloque oficialista (PT, PSB y PDT), 12 están en disputa. Ese mismo trabajo indica que la oposición tiene chances reales de superar las 41 bancas que dan la mayoría absoluta.

En la previa electoral también se señaló que la bancada conservadora busca una masa crítica en el Senado para negociar concesiones, entre ellas una amnistía o un indulto para Jair Bolsonaro, que cumple una condena de 27 años por liderar un intento de golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022.

El centrão, el árbitro de la gobernabilidad

En el medio de esa polarización aparece el centrão: un conjunto heterogéneo de partidos, entre ellos PP, Unión Brasil, PSD, MDB y Republicanos, que suele ofrecer su apoyo a cambio de participación en las decisiones y de cargos en el Gobierno. Según las proyecciones, ese bloque de centroderecha tendría un peso determinante en la formación de mayorías, independientemente de quién gane la Presidencia.

A eso se suma el poder de los intereses transversales que votan en bloque por encima de las camisetas partidarias. Se los conoce como las “tres B”: la bancada del buey (el sector agropecuario), la de la bala (seguridad y armamentistas) y la de la Biblia (grupos religiosos y evangélicos).

El resultado de este domingo marcará el punto de partida, pero la gobernabilidad se terminará de definir en las negociaciones posteriores. Si hay balotaje el 25 de octubre de 2026, los candidatos empezarán a tejer alianzas con los partidos del centro antes de la segunda vuelta. Y a partir de enero de 2027, quien se siente en el Palacio del Planalto deberá demostrar que puede construir mayorías en un Congreso donde ninguna fuerza llega sola.