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La inteligencia artificial (IA) dejó de ser una promesa de eficiencia para convertirse en un factor de decisión comercial. Cada vez más, clientes y empleados esperan que las empresas hagan un uso amplio de esta tecnología.

Así lo confirma una encuesta global de Thomson Reuters a 1.800 profesionales de los sectores legal, fiscal, auditoría, contabilidad, compliance y comercio en 62 países. El estudio advierte que la brecha entre lo que los clientes esperan y lo que las firmas entregan ya no es una discusión estratégica, sino un riesgo financiero inmediato: el 32% de los clientes corporativos reconsiderará sus relaciones con proveedores en los próximos 12 meses, un movimiento que en EE.UU. pone en juego hasta u$s 143.000 millones en ingresos.

El caso argentino

Para Adrián Fognini, Head de Mercados Internacionales de Thomson Reuters, la exposición local ya es concreta. “El riesgo en Argentina ya no es potencial: empieza a verse en la brecha entre lo que los estudios hacen y lo que los clientes perciben. Hoy, el 39% de los profesionales argentinos dice que es esencial demostrar mejoras de productividad con IA, sin embargo, solo uno de cada diez cree que ese valor está siendo visible para sus clientes”, explicó.

“Y la presión ya llegó. En Argentina, la mitad de las organizaciones, tanto firmas como empresas, reporta exigencias concretas para avanzar más rápido, y hasta un 39% de las firmas anticipa impacto en sus relaciones comerciales en los próximos dos años si no hay avances. Por eso el punto no es sólo adoptar IA, es convertirla en valor tangible para el cliente. Ahí es donde hoy se está definiendo la competitividad”, agregó Fognini.

Los clientes de las empresas esperan más calidad y eficiencia de sus proveedores por el uso de IA, según Thomson Reuters.
Los clientes de las empresas esperan más calidad y eficiencia de sus proveedores por el uso de IA, según Thomson Reuters.Fuente: ShutterstockShutterstock

Clientes más exigentes, estándares más altos

El informe global muestra que el 78% de los clientes corporativos considera esenciales o muy importantes las mejoras de calidad impulsadas por IA, pero solo el 6% cree que sus proveedores las están ofreciendo.

“La presión ya no está en un atributo específico. Es más estructural: está en la capacidad de las organizaciones de traducir el uso de IA en resultados consistentes dentro de sus flujos de trabajo”, explicó Fognini.

Según el ejecutivo, en un mercado como el argentino, fuertemente impulsado por las Pymes y con restricciones económicas, esa exigencia no desaparece: cambia de forma. “Las empresas adoptan IA cuando les permite resolver problemas concretos y ganar eficiencia en el día a día. Pero escalar ese uso es más difícil. El 34% de las firmas argentinas cree que puede perder clientes en los próximos dos años si no demuestra valor con IA, y un 5% afirma que ya los está perdiendo”, señaló.

Fognini remarcó además que, en profesiones altamente reguladas, la velocidad por sí sola no alcanza. “Ahí es donde se está elevando el estándar: no en la herramienta que se usa, sino en la calidad y la confiabilidad del resultado que el cliente recibe”, afirmó.

IA no autorizada en la oficina, un riesgo que crece

El informe también expone un fenómeno de “shadow AI”: herramientas no aprobadas por las organizaciones. A nivel global la cifra es del 34%, en América Latina trepa al 46% y en Argentina alcanza el 49%, la más alta de la región.

“La IA no autorizada no es un desvío marginal, sino una señal de que el trabajo está cambiando más rápido que la capacidad de muchas organizaciones para acompañarlo”, sostuvo Fognini. En Argentina, precisó, el 74% de los profesionales ya utiliza IA frecuentemente. Y agregó: “Cuando la IA no está incorporada en la forma en que se hace el trabajo, los profesionales terminan recurriendo a herramientas fuera del entorno controlado para poder resolver en la práctica. En un contexto como el argentino, con restricciones presupuestarias, este fenómeno tiende a acelerarse”.

“No es solo una cuestión de cumplimiento o de seguridad: también afecta la calidad del trabajo y, sobre todo, la confianza que la organización proyecta hacia sus clientes. Cuando ese uso queda fuera de control, el problema deja de ser interno y pasa a convertirse en un riesgo de reputación”, advirtió el ejecutivo de Thomson Reuters.

La falta de integración de IA puede motivar a los empleados a buscar nuevos horizontes, advierte el estudio de Thomson Reuters.
La falta de integración de IA puede motivar a los empleados a buscar nuevos horizontes, advierte el estudio de Thomson Reuters.Fuente: ShutterstockShutterstock

Talento en juego

La brecha entre expectativa y entrega también empuja decisiones laborales. Según Fognini, el acceso a IA ya dejó de ser un beneficio y empieza a definir decisiones de carrera. “Más de uno de cada cuatro profesionales argentinos considera cambiar de organización en los próximos 12 meses si esa brecha continúa. Casi uno de cada cuatro no aceptaría un rol sin IA, y un tercio la considera un factor clave al evaluar una propuesta”, detalló.

“Son señales tempranas, pero muy relevantes, porque se concentran en perfiles operativos y de carrera media: los más difíciles de reemplazar. En un mercado donde los recursos son más limitados, no todas las empresas pueden invertir al mismo ritmo, pero el estándar del profesional sí está subiendo”, agregó.

El camino a seguir

Consultado sobre qué deberían hacer los profesionales frente a este escenario, Fognini fue categórico: “El profesional más valorado no será el que más utiliza IA, sino el que mejor aplica el juicio sobre lo que produce. El talento humano seguirá siendo el diferencial clave. La IA es un poderoso multiplicador, pero el criterio, la relación con el cliente y la responsabilidad siguen siendo humanos”.

“La IA asume la base del trabajo, investigación, organización, redacción inicial, y libera al profesional para lo que realmente marca la diferencia: el juicio, la relación con el cliente y la toma de decisiones complejas. Los que van a sobresalir son los que ya están desarrollando esa capacidad hoy, porque la brecha entre quienes invierten en dominar la IA y quienes no lo hacen va a ser cada vez más difícil de cerrar”, cerró.